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Comenzamos esta actualización extraordinaria de La Biblioteca Imaginaria, la última de este mes de julio que ya nos deja, con la entrevista que la escritora Carmen Santos fue tan amable de concedernos vía email recientemente.
Carmen, valenciana de nacimiento que pasó parte de su infancia en Alemania, nos presenta en “Días de menta y canela”, la obra que más tarde veréis reseñada y sobre la que principalmente hemos querido hablar con ella, una interesante historia llena de nostalgia, pasión e intriga.
Pero no quiero seguir adelantando acontecimientos, será mejor que leáis la entrevista y más tarde la reseña, amigos:
¿Cuándo comenzaste a escribir?
Escribo desde que tengo uso de razón. De pequeña escribía cuentos en alemán (eso fue cuando viví en Alemania), a partir de la adolescencia llevé un diario y recuerdo que siempre estaba con la nariz hundida en un libro o redactando cuentecillos con los que pretendía crear algo parecido a las historias impresas con las que disfrutaba.
Sin embargo, no fue hasta bastante después de haber dejado mi trabajo en una multinacional cuando empecé a escribir en serio, es decir, dedicándole a la escritura muchas horas, corrigiendo mis textos con severidad y poniéndome metas.
He leído en tu biografía que dejaste un trabajo de oficina para dedicarte de pleno a la Literatura, ¿te fue difícil tomar esa decisión?
Sí y no. Por una parte fue fácil, porque no me gustaba nada el trabajo que hacía y estaba ansiosa por dar un rumbo diferente a mi vida. Lo que me apetecía era dedicarme a algo relacionado con los idiomas y la literatura. Por la otra, me costó tomar esa decisión porque abandonar un trabajo seguro siempre supone un riesgo. Y eso que cuando lo hice yo, no estaban las cosas tan mal como ahora. Pero me planteé que estaba a punto de cumplir treinta años y si no daba el salto en ese momento, no lo haría nunca. Lo hablé con mi marido y al final decidimos entre los dos que merecía la pena intentarlo.

¿Cómo surgió la idea de escribir “Días de canela y menta”?
Yo viví en Alemania con mis padres, que emigraron allí a principios de los años sesenta, y la idea de escribir sobre aquello la llevaba dentro desde siempre. Hacia mitad de la treintena ya empecé a redactar un “proyecto” de novela que empezaba con una niña que viajaba con su madre a Alemania para reunirse con el padre, que ya llevaba algunos meses trabajando allí. Pero cuando andaba por la página setenta (de ordenador), me di cuenta de que me faltaban oficio y todo tipo de recursos técnicos para sacar a flote una historia que me importaba mucho, y decidí dejarla a un lado y empezar a adquirir experiencia con otras cosas. Escribí muchos relatos y tres novelas antes de animarme a retomar el tema.
Por lo que he leído también sobre tu biografía, creo ver un gran paralelismo entre el pasado de Clara Rosell y el tuyo. ¿Hasta qué punto es autobiográfica esta novela?
Precisamente cuando retomé esta novela, lo primero que decidí fue desechar el enfoque autobiográfico, del tipo libro de memorias, porque pensé que quedaría demasiado personal y no interesaría a nadie. Por eso mezclé los recuerdos de Clara con la intriga que arranca la novela y con la pasión que nace entre Héctor y ella, aderezándolo todo con golpes de humor.
Es cierto que para redactar la parte de los recuerdos de Alemania me basé en algunas vivencias propias y también recurrí a historias que oí contar a los adultos de niña. Pero todo eso no lo metí en la novela tal cual, sino añadiéndole mucha imaginación y cambiando esas anécdotas a mi antojo, porque lo que más detesto es contar mi propia vida en una novela. Aun así, creo que a los autores siempre se nos cuelan en los libros rasgos nuestros que acaban formando parte de algún personaje, pero procuro evitarlo en la medida de lo posible.
¿Te sientes identificada con el personaje de Clara, más allá de las coincidencias biográficas?
En algunas cosas sí, como por ejemplo en las dificultades que tiene Clara para conciliar la vida laboral y la familiar (algo por lo que pasamos todas o casi todas las madres hoy en día), o sus reflexiones relacionadas con la madurez. Pero también me identifico con rasgos de Héctor o incluso de otros personajes.

¿Y el caso de Héctor Laborda? ¿Es verídico?
No. En esta novela, aparte de las anécdotas de mi propia vida que incluí pasándolas por la imaginación (no diré cuales son; es mejor mantener el misterio), lo demás es todo inventado. No suelo escribir sobre personas reales ni hechos verídicos, porque de hacerlo, tendría la sensación de estar robando vidas ajenas. Además, es mucho más bonito inventarse personajes y hacerles pasar por todo tipo de situaciones.
¿Crees que Clara volverá a ser feliz, a pesar de su difícil decisión?
La verdad es que es difícil responder a esta pregunta sin chafar la novela a los que aún no la hayan leído, pero espero que sí vuelva a ser feliz, vaya…
Añadiré que antes de escribir este final, me lo estuve pensando muchísimo tiempo, porque el corazón me pedía dar una oportunidad a los personajes. Pero después de haberle dado muchas vueltas al tema, decidí que dadas las circunstancias personales de Clara, lo más lógico era que su historia con Héctor terminara como termina, aunque me dio mucha pena hacerles eso.
Hay mucha gente en España que se queja de la inmigración, gente que no recuerda que muchos españoles tuvieron que salir fuera también para obrarse un porvenir. ¿Qué les dirías a esas personas?
Sólo recordarles que no han pasado tantos años desde que nuestros padres o abuelos tuvieron que abandonar España para poder salir adelante. España siempre fue un país del que la gente emigraba, ya fuera a la Europa rica o a América del Sur, para poder comer de caliente y creo que eso no deberíamos olvidarlo nunca. Además, dadas las circunstancias actuales, es muy posible que los españoles nos veamos obligados a emigrar de nuevo.

¿Te gustaría que tu novela se llevara al cine?
Me encantaría. Soy muy cinéfila y ver este libro convertido en película sería una gozada. Por cierto, muchos lectores me han dicho que es una novela muy cinematográfica.
¿Qué esperas que encuentren los lectores en las páginas de esta obra?
Me gustaría sobre todo que disfruten con su lectura, que se conmuevan con lo que les pasa a los personajes, que se rían (o sonrían) ante las ocurrencias de Clara… y que se hagan una idea de cómo fue la vida de los que emigramos con nuestros padres a los países ricos de Europa en los años sesenta.
¿Tienes ya nuevos proyectos literarios?
Ahora estoy metida de lleno en la escritura de una nueva novela, que llevo muy avanzada y con la que me lo estoy pasando de maravilla. No puedo adelantar nada todavía, sólo que será muy diferente de todo lo que he escrito hasta ahora.
Muchas gracias, Carmen, por tu tiempo, tus respuestas y tus fotos personales (en la segunda podéis ver a la Carmen en su infancia alemana). Te deseamos toda la suerte del mundo tanto con esta obra de la que hoy hemos hablado, Días de menta y canela, como con todas las que vengan.
Y a vosotros, amigos y seguidores, como siempre, gracias por estar ahí.
Cristina Monteoliva
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Título: Días de menta y canela
Autora: Carmen Santos
Editorial: Plaza & Janés / Debolsillo
Págs: 221
Precio: 17, 50 € / 8,95 € la edición de bolsillo
Llega el verano y con él las pateras a las costas andaluzas y canarias. Cientos de africanos cargan sus ilusiones a la espalda y emprenden viajes inciertos a una Europa quizá no tan idílica. Lo vemos impasibles en las noticias. Porque a veces parece que se nos olvida que hubo un tiempo no tan lejano en el que también muchos españoles tuvieron que salir para ganarse la vida en otras partes de Europa. Algunos volvieron tras años de ahorros, otros decidieron quedarse en Francia, Alemania, Suiza o Bélgica. ¿Porqué volver? ¿Y porqué quedarse? Tal vez si te adentras en “Días de menta y canela”, la novela de Carmen Santos de la que hoy te hablaré, llegues a entenderlo.
Clara Rosell tiene un marido abogado, dos hijos pequeños y un nuevo trabajo en un periódico que la trae de cabeza. Aunque todo el mundo quiere que vuelva a casa para cuidar de los niños, esta mujer madura un tanto desanimada quiere llegar a ser periodista con todas sus fuerzas. La oportunidad de demostrar su valía viene en su busca durante las Navidades, cuando Clara descubre en un diario alemán la misteriosa muerte en Düsselforf de Héctor Laborda, un emigrante español que nunca volvió a su país. Para llegar hasta el final del enigma, Clara deberá viajar a la ciudad alemana en compañía del hijo de Héctor Laborda. Pero, ¿está nuestra aspirante a periodista preparada para lo que le espera en este viaje?
Una simple palabra, un gesto, un hecho ajeno a nosotros: cualquier cosa puede llegar, en un momento dado, a despertar recuerdos en los que ya apenas pensábamos. Así, para Clara Rosell, esta mujer profundamente sumergida en su propia crisis de los cuarenta, el descubrimiento de la noticia de la solitaria muerte de Héctor Laborda no sólo la llevará a emprender una aventura que dejará profunda huella en su persona, sino también a abrir un cajón de su memoria, el mismo en el que se hallan sus recuerdos de infancia en Alemania. Y es que al igual que este Héctor Laborda apático que no tuvo contacto siquiera con su hijo, los padres de Clara tuvieron que dejarlo todo y viajar a Alemania en busca de un futuro mejor. Tan sólo después de años de sacrificios y anécdotas que esta mujer madura ahora recuerdo, pudieron todos volver a Valencia, cuando Clara ya era adolescente.
Tres son las líneas argumentales, por tanto, que nos presenta la Clara narradora: la de sus recuerdos, tan nostálgicos como entrañables; la de la investigación periodística, cargada de intriga; y, finalmente, y no por ello menos importante, la pasional, junto con Héctor Laborda hijo.
La protagonista absoluta, como ya supondréis, es Clara Rossel, una mujer de edad media con un gran sentido del humor, a pesar de la desesperanza que la llena en los últimos tiempos. Casada con Emilio, ex novio de su difícil hermana Anita, y madre un tanto tardía (parece que su entorno no quiere dejar de recordárselo) de dos criaturas que no se están quietas ni un momento, Clara ve una válvula de escape a su vida justamente cuando se le presenta la oportunidad de viajar a Alemania junto a Héctor Laborda hijo, un hombre del que no podrá otra cosa que enamorarse perdidamente.
Días de menta y canela, por tanto, es una novela que atrapa desde el principio por varios motivos. Primeramente, por la frescura de su narradora, una mujer que a pesar de su desasosiego parece tomárselo todo con gran sentido del humor; después, por sus personajes, tan reales, tan perfectamente perfilados; y en tercer lugar, por lo interesante de sus distintas tramas entrelazadas, y por lo mucho que podrán hacernos sentir a nosotros mismos (o recordar). En definitiva, amigos, como los trenes que viajaban a Alemania en los sesenta para llevar a los trabajadores, esta es una novela que no deberías perder. ¿Te atreves a adentrarte en sus páginas?
Olvidamos demasiado pronto. Enterramos en la memoria hechos que deberíamos tener muy presente. También a nivel colectivo. Por eso, vemos impasibles las pateras llegar a las costas sin pensar que nuestros tíos, padres o abuelos también tuvieron que salir de España en busca de un futuro mejor no hace tantos años. Recordemos y aprendamos, a la vez que saboreamos una novela tan emocionante como Días de canela y menta. Estoy segura de que no te arrepentirás de esta elección.
Cristina Monteoliva

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Título: Piel de fantasma
Autor: Rafael Marín
Editorial: Grupo AJEC
Págs: 240
Precio: 15,50 €
Que Rafa Marín es uno de los dioses del Olimpo de la literatura de género en nuestro país es algo que a nadie se le pasa. Es por eso que estamos de enhorabuena, porque de nuevo le tenemos aquí y en esta ocasión con una antología de cuentos donde el terror toma forma, principalmente con relatos de fantasmas. Aunque hay de todo, eh, zombis o personajes de Homero vengativos, por poner dos ejemplos, también pasarán por nuestras retinas.
Estoy seguro de que a nadie se le ha pasado por alto esa espléndida portada que le han hecho en AJEC y que al menos a mí me recuerda un poco al niño de la película de “La Maldición”. Hay gente que me ha comentado que la portada le provoca malestar, en estos casos, el ilustrador ha conseguido plasmar lo que quería: felicidades.
Los relatos que componen esta antología ya han sido editados con anterioridad, pero que a día de hoy, muchos de ellos son, cuanto menos, difíciles de encontrar. Entre tanta maravilla podemos disfrutar de relatos ganadores de certámenes de mucho prestigio, como son:
Bibliópolis, Ragnarok en las playas de Itaca, Una canica en la palmera, La piel que te hice en el aire, La sed de las panteras, El último suspiro, Son de piedra, Llena eres de Gracia, Volver a Sitges, A veces corren, Sombras de Candilejas, y That´s all right, mamá.
Debo decir que Marín es todo un experto en terror, pero iría más allá, lo es más en el “Terror emocional o de las emociones”. Esta antología, cargada de espectros, con cuentos, a veces, relacionados unos con otros (Ayyyy, mi Cai, qué buen nexo de unión entre relatos, escoger la tierra que uno ama), me ha hecho sentir escalofríos en algunas ocasiones, pero también melancolía. Sé que es algo que puede parecer contradictorio, pero les insto a leer la antología. Les aseguro que no quedarán inmunes a este sentimiento, y si el relato de “La piel que te hice en el aire” o el del “Badodo” os dejan fríos juro que me dedico a otra cosa, pero no a reseñar.
¿Por qué Marín es tan bueno? Porque sabe que asustar hoy en día con un fantasma en la literatura es cosa de risa, y eso no es lo que él pretende. Él te asusta utilizando un fantasma, no con un fantasma, o con un zombi. Si a este le añadimos que la prosa de Rafa es preciosista, detallista, mimada…, pues señores, una gozada que alguien que escribe tan bien se dedique a este género tan denostado hoy en día.
No me queda más que recomendar esta antología a los que gustan de la buena literatura, saliéndonos de etiquetas, de géneros y prejuicios.
Disfrútenla.
Juande Garduño

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Título: El cuerpo de la casa
Autor: Orson Scott Card
Traducción: Rafael Marín
Editorial: Alamut
Págs: 272
Precio: 18,95 €
¿Pueden llegar a tener alma los objetos? ¿Serán capaces de adquirir los utensilios que usamos parte de nuestra esencia vital? ¿Y qué me decís de las casas? ¿Tendrán las mansiones, los viejos caserones o los pequeños apartamentos algo de las personas que en ellas vivieron? Indudablemente, ninguna obra te hace pensar en estos temas tanto y tan en profundidad como “El cuerpo de la casa”, la novela de Orson Scott Card de la que hoy te hablaré.
Tras la trágica pérdida de su hija, el constructor Don Lark se dedica a comprar casas en ruinas, restaurarlas y volverlas a vender. En esta ocasión, se ha fijado en la vieja mansión Bellamy, un caserón con mucha historia que lleva demasiado tiempo abandonado. Aunque Don es un tipo solitario, alguien de pocos amigos, pronto comienza a trabar amistad con las ancianas Miss Judea y Miss Evelyn, la agente inmobiliaria Cindy Clayborne, e incluso con esa ocupa que tiene por inquilina, Sylvie Delany. Todo podría ir bien, por tanto, con el arreglo de la casa, si acaso ésta no escondiera tantos secretos. ¿Será capaz Don de lidiar con ella hasta el final y venderla después?
Hay gente que tras perderlo todo tiene que encontrar la manera de seguir adelante con una vida sin esperanzas y pesadillas que no dejan de sucederse en su cabeza. Así es como nos presenta el narrador omnisciente de esta novela a su protagonista, Don Lark, un buen hombre que tras perder todo su dinero intentando recuperar la custodia de su única hija, y luego ver como ésta muere por la imprudencia de su madre, comienza a restaurar casas para luego venderlas a buen precio. Comprar, restaurar, vender y volver a empezar: así de sencillo es siempre; aunque no esta vez. Y es que la mansión Bellamy tiene algo especial, también las personas que la rodean. Tal vez sea hora de cambiar por fin los planes, de salir del infierno o de meterse de lleno en él.
Acompañan a Don en esta emocionante aventura (aunque el ritmo sea lento al principio, precisamente para hacernos entrar de lleno en el ambiente, todos los que conocemos la literatura de Orson Scott Card podríamos intuir que la acción llegaría poco a poco para atraparnos completamente entre sus páginas) las ya mencionadas Cindy Clayborne, una agente inmobiliaria puede que tan solitaria como Don (y puede que con más problemas que él mismo); las siempre entrañables Miss Judea y Miss Evelyn, las ancianas generosas que viven al otro lado de la calle cocinando sin parar para una tercera que no se deja ver, Miss Gladys; y Sylvie Delaney, la exasperante universitaria que decidió dejar toda su vida un buen día para vivir como una ocupa vagabunda entre las paredes de una casa con tanta historia como misterio.
El cuerpo de la casa, en definitiva, es una historia de fenómenos un tanto paranormales protagonizada por personajes con problemas muy reales perfectamente perfilados por el autor de esta obra. La mansión Bellamy guarda infinidad de historias entre sus muros, algunas alegres, otras trágicas. De igual manera, Don Lark, Cindy, Sylvie, etc, tienen un pasado lleno de situaciones desagradables, de miedos que podrían afectarnos a todos alguna vez, y que ellos (como tampoco nosotros si estuviéramos en su lugar) no pueden dejar atrás por más que lo intentan. O tal vez sí. La clave, sin duda, la hallarás si te decides a leer esta novela que satisfará tanto a los amantes del género como a aquellos que deciden que el verano es una buena época para acercarse al mismo, pues cuando el terror tradicional se mezcla con el psicológico, en una trama tan bien trazada, el buen rato está asegurado.
Nos cuesta deshacernos de algunos objetos, le cogemos cariño a los sitios por los que pasamos casi hasta el punto de no poder dejarlos. Tal vez los objetos y los lugares adquieran nuestra personalidad, tal vez en realidad tengan una personalidad propia. Y si lo que quieres es pensar en este tema y en otros muchos, nada mejor que sumergirte entre las páginas de El cuerpo de la casa. Pero, ¡cuidado!: puedes quedar atrapado en sus páginas para siempre…
Cristina Monteoliva

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Título: Tres tortugas / Tres cerditos
Varios autores
Ilustraciones: Ana Martín Larrañaga
Editorial: Beascoa
Págs: 8
Precio: 9,95 € / volumen
Estamos en verano. Es tiempo de llevar a los peques a la piscina o a la playa. Serán varias horas de baños y risas, un rato que puede dar mucho de sí. Tal vez hayas pensado llevarte también algún libro que leerle a tu peque mientras estáis fuera. Pero, ¿y si se moja? Se estropeará, claro, y será un fastidio. ¿No sería genial que hubiera libros precisamente para jugar en el agua? ¡Pues ya los hay! Hoy te presentamos dos buenos ejemplos titulados Tres tortugas y Tres cerditos.
Tres son las pequeñas tortugas, tan alegres y revoltosas. Gracias a ellas podrás enseñarle a tu peque los antónimos (sucio / limpio; despierto/ dormido; etc).
Los tres cerditos, por su parte, están muy sucios y deben bañarse. Gracias a ellos tu peque verá lo bien que hay que frotarse para quedar totalmente limpio.
Los libros para leer dentro y fuera del agua, en definitiva, son una buena opción tanto veraniega (para la playa o la piscina) como para el invierno (cuando los largos baños suponen una agradable diversión). Tu peque, además de aprender cosas útiles y divertidas, podrá jugar mojando los libros y las figuras de goma que traen de regalo estos simpáticos ejemplares.
Un juguete, algo educativo a la vez. Una gran opción para los más pequeños de la casa y los adultos que juegan con ellos. Diviértete junto a las Tres tortugas o los Tres cerditos y tu hij@, primit@ sobrin@ o herman@, o quizá decídete por ambos volúmenes.
Cristina Monteoliva
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Comenzamos una semana más en La Biblioteca Imaginaria con una nueva entrevista. En esta ocasión, hemos hablado en diferido con Daniel Hernández Chambers, autor prolífico español al que probablemente conoceréis ya por sus obras de literatura encajadas dentro de la sección juvenil (aunque, como él mismo dice, y tal y como he comprobado yo misma tras leer “El enigma Rosenthal”, novela gótica de la que os hablaré más tarde, su literatura puede ser saboreada perfectamente por cualquier tipo de público).
No os entretengo más, amigos. Os dejo ya con las palabras de Daniel:
¿Qué es para ti la Literatura?
Un modo de vida, una aventura, un placer…
¿Cuándo comenzaste a escribir?
Muy muy joven. Tendría alrededor de 8 años, estaba entusiasmado con El Señor de los Anillos y me puse a escribir un relato plagado de hobbits, orcos, elfos… Pero a escribir más o menos en serio empecé durante la universidad.
¿Es más complicado escribir literatura juvenil que literatura para adultos?
Sinceramente, creo que no. Sí es cierto que tiene sus peculiaridades, por el público al que supuestamente va dirigida, pero siempre digo que lo de “literatura juvenil” a mi modo de ver es muchas veces una etiqueta “trampa”. Hay obras de literatura juvenil que podrían ser leídas perfectamente por lectores “adultos” pero muchas veces esos lectores no les prestan atención precisamente por la etiqueta. En el caso de mis novelas, pienso que pueden ser perfectamente leídas y disfrutadas por lectores de muy diversas edades.
Al escribir procuro no pensar en los posibles lectores; intento escribir el tipo de historias que me gusta leer. Si consigo que me gusten a mí, es fácil que les gusten a otros.

¿Crees que los escritores de literatura juvenil españoles lo tienen más difícil que los extranjeros en España?
Parece que cada vez hay más editoriales dispuestas a apostar por autores españoles, aunque sí es cierto que sigue habiendo un buen número que tiene su catálogo lleno casi exclusivamente de nombres extranjeros. Hay que comprender que al fin y al cabo una editorial es un negocio, invierte su dinero y quiere obtener un beneficio, es lógico y comprensible. Apostar por autores extranjeros que ya han vendido bastante bien en su país de origen es más fácil que hacerlo por autores españoles que nadie está seguro de cómo van a funcionar.
Pero creo que la literatura juvenil española tiene actualmente una salud envidiable. Y no debemos olvidar que lo importante es el libro, no el autor ni su nacionalidad.
Has quedado finalista dos veces en el Premio Gran Angular. ¿Volverás a intentarlo con este premio?
Por supuesto, aunque este año no creo que pueda. Creo que es uno de los premios más importantes en el ámbito de la literatura juvenil.
¿Cómo surgió la idea de escribir “El enigma Rosenthal”?
No hace mucho en una visita a un instituto me preguntaron cómo y de dónde me venían las ideas para las historias que escribo, y les puse el ejemplo de esta novela: la idea central de El enigma Rosenthal se me ocurrió una tarde de 2006 paseando a mi hijo Martin (el que le da su nombre a uno de los protagonistas de la novela) por la playa. Es decir, las ideas me vienen en el momento menos pensado y sin que haya relación alguna entre ellas y el lugar donde estoy o lo que estoy haciendo en ese momento. ¿Qué relación hay entre una tarde de principios de verano, un tipo empujando un carrito de bebé, y una historia gótica llena de oscuridad y misterio? Muchas veces un simple detalle, o un comentario aislado, una frase de un libro o de una película, pueden tener el efecto de despertar la imaginación y provocar todo un torrente de ideas que acaban por convertirse en una novela.

¿Por qué situaste la acción en Alemania y no en España, por ejemplo?
La novela está dividida en tres partes y la segunda de ellas, que tiene lugar en la tristemente célebre Noche de los Cristales Rotos, es trascendental, así que no había opción de situarla en un lugar distinto a Alemania. La historia de El enigma Rosenthal estuvo desde el origen situada en Alemania.
¿Cuál es tu personaje favorito en esta novela? ¿Te sientes identificado con alguno de ellos?
El de Katia, sin duda. A todos les tengo mucho cariño; a Martin, el chico que pierde a su hermano y no sabe cómo reaccionar; a Thomas, que va tirando de un ovillo sin tener la más remota idea de lo que hay en el otro extremo; a Nicholas, el personaje que no llega a ser un personaje, sino sólo un recuerdo; al profesor Breitner, que tiene el valor de reconocerse un cobarde… pero Katia, con toda la tragedia que tiene a sus espaldas, creo que es el personaje más atractivo.
¿Escribirías una segunda parte para esta novela?
Algo hay pensado, pero todavía no está decidido y desde luego no será pronto. Ahora mismo tengo muchas historias pendientes.

¿Qué esperas que encuentren tus lectores en esta novela?
Sinceramente creo que es una novela muy entretenida, llena de misterio y de intriga, con diferentes historias que van confluyendo en un mismo lugar.
¿Qué nuevos proyectos literarios tienes ahora?
Supongo que no pasará nada por decírtelo: acabo de “vender” por primera vez una novela antes de haberla terminado de escribir. Estoy ahora mismo metido de lleno en ella. Saldrá en 2011, aunque todavía no hay una fecha más concreta que esa.
En cuanto la haya concluido, tengo otras dos obras esperándome. Ya tengo tomadas muchas notas e incluso tengo partes ya redactadas, así que sólo estoy esperando tener tiempo para dedicarme a ellas por completo. Una es una obra de fantasía y la otra es una historia más realista, pero también con ciertos toques fantásticos.
Aparte de eso, tengo otras dos novelas que saldrán a la venta en los próximos meses, una con Versátil Ediciones (que ya me ha publicado también La ciudad de la bruma) y la otra con Baile del Sol Ediciones.
Muchas gracias, Daniel, por tu tiempo, tus palabras y tus fotos personales. Esperamos ver muy pronto en las librerías tus nuevos proyectos literarios, y que todos te den muchas alegrías.
A vosotros, amigos lectores, como siempre, gracias por estar ahí una semana más.
Cristina Monteoliva
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Título: El enigma Rosenthal
Autor: Daniel Hernández Chambers
Editorial: Algar
Págs: 208
Precio: 9,50 €
Todos hacemos pequeños o grandes favores alguna vez a nuestros familiares, amigos o vecinos. Sentimos el impulso de ayudar en la cola del supermercado, en el bus o por la calle a personas que lo necesitan. O puede que tú, que me lees ahora, participes en alguna asociación benéfica. Sin embargo, tal y como está el mundo hoy en día, ¿no cuesta creer en los grandes actos de altruismo? Es decir, ¿no sospechamos todos cuando oímos de alguna asociación benéfica misteriosa que ni siquiera se sabe como se financia? Tal vez entiendas mejor de lo que hablo tras la lectura de “El enigma Rosenthal”, la novela de Daniel Hernández Chambers que hoy quiero comentaros.
Michael no volverá a recuperarse de las graves heridas sufridas en el accidente. Esto es lo que el médico le comunica a Ingrid y Martin, su madre y hermano respectivamente. El hospital no puede hacerse cargo de él, pero sí una institución benéfica situada en Ingolstadt, al sur de Alemania, justo en la mansión de la condesa Von Rosenthal. A la mansión no sólo llegarán Ingrid, Martin y el malogrado Michael, sino también Thomas Kehl, quien busca respuestas a la intrigante desaparición de su abuelo en la Primera Guerra Mundial. Pero, ¿qué secretos esconde la mansión? ¿Encontrará Thomas la solución al enigma de su abuelo? ¿Estarán Michael y su familia seguro entre los muros de piedra del caserón?
Toda mansión situada en medio de un denso bosque, en un lugar apartado de la civilización, y habitada por personas un tanto herméticas, tiene que tener un enigma. Al menos, eso es lo que a mí me gusta pensar. El asunto se pone más interesante sí, tal y como nos cuenta el inteligente narrador en tercera persona de esta emocionante historia, la casa es utilizada hoy en día como hospital para pacientes desahuciados, personas que necesitan un lugar en el que descansar mientras esperan una muerte tan próxima como segura.
Aunque conoceréis a un buen número de personajes a lo largo y ancho de esta obra, la mayoría bastante interesantes (como Ingrid, la madre de los chicos o Klaus Breitner, el hombre que pondrá sobre la pista segura a Thomas, por poner un par de ejemplos) pronto os daréis cuenta de que son sólo tres los más relevantes.
Por un lado tenemos a Martín, un adolescente confundido que ve como su vida da un terrible vuelco el día que su hermano sufre un accidente que le deja en estado vegetal sin esperanzas de despertar. ¿Podrá llevar alguna vez una vida normal o tendrá que estar extrañamente unido a su hermano hasta que éste muera?
En segundo lugar, tenemos a Thomas, empeñado en encontrar la verdad sobre la desaparición de su abuelo en la Primera Guerra Mundial, sin importarle las consecuencias de sus actos. Porque, ¿cómo es posible que un batallón entero fuera engullido por la nada sin dejar ningún rastro? Cualquiera en su lugar creo que haría prácticamente lo mismo por desvelar la incógnita.
En tercer lugar, y no por ello menos importante, tenemos la figura de Katia, la que dice ser la sobrina de la propietaria de la mansión Rosenthal. Se trata éste de un personaje atrayente, de una mujer cautivadora donde las haya. Y no es de extrañar, porque Katia guarda en realidad un buen número de secretos. ¿Y cuáles son sus verdaderas intenciones? ¿Es una persona de fiar? ¿Acaso no tienes ganas ya de conocerla?
El enigma Rosenthal, por tanto, y como bien dice su título, es una obra enigmática que te atrapará desde la primera página hasta la última. Una trama muy bien trazada, argumentos convincentes (y no quiero adelantar más) y unos personajes atractivos de perfil psicológico bien trazado, intriga, pasión y nostalgia: estos son algunos de los ingredientes que hallaras si te decides a leer una novela que sin duda deja con ganas de más a los que ya la hemos leído. ¿Te atreverás tú a desvelar el enigma?
Las personas movidas por el altruismo, aquellas que dedican su vida a proporcionar bienestar a los demás sin pensar en el propio, existen, claro que sí. Pero yo que tú desconfiaría si las cosas no están del todo claras con respecto a la actividad “beneficiosa” para los demás. En todo caso, no dejes de adentrarte en las páginas de “El enigma Rosenthal”, un lugar donde el buen rato, la intriga y la emoción están garantizados sin dobles intenciones... ¿O no es así?
Cristina Monteoliva
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Círculo llega a Casa del Libro
(Noticia recibida desde Galaxia Guttember / Círculo de Lectores):
Lunes, 19 de julio del 2010. -- Como parte de la alianza firmada entre Círculo de Lectores y Planeta, las librerías de Casa del Libro comienzan a albergar los Espacios Círculo, una iniciativa con la que el club amplía sus canales tradicionales de comunicación y atención hacia los socios y todas las personas interesadas en su amplio catálogo, que incluye los títulos editados bajo el sello Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores. En ellos, se podrán hojear los ejemplares en un ambiente cómodo y agradable y adquirirlos en el momento sin esperar a recibirlos en sus casas, siempre con el asesoramiento del personal especializado de Círculo.
Los primeros Espacios Círculo se encuentran en las librerías de Hermosilla, 21 y Fuencarral, 119 (Madrid); Centro Comercial Tres Aguas (Alcorcón), la de Zaragoza (San Miguel, 4) y, desde hoy, en la nueva Casa del Libro de Barcelona, situada en La Rambla, 88. A éstas se sumará, el próximo día 19, la de Valladolid (Claudio Moyano, 4). Estas aperturas de los Espacios Círculo en las librerías de Casa del Libro continuarán realizándose en los próximos meses.
Fundada en 1923, Casa del Libro es hoy la cadena de librerías líder en el sector. En 1992 se integró en el Grupo Planeta, y desde entonces la cadena ha desarrollado un ambicioso plan de expansión: en la actualidad, cuenta con 25 librerías en las principales capitales españolas y se esperan nuevas aperturas en el futuro.
PERFOPOESÍA
Desde PERFOPOESÍA, Festival Internacional de Poesía de Sevilla, estamos interesados y comprometidos con la difusión de todo tipo de libros, revistas y plaquettes de poesía. Sabemos que editar poesía es sólo cosa de héroes o de descerebrados, y distribuirla es más complicado aún.
Durante los últimos 4 días del Festival de Perfopoesía, es decir, del 14 al 17 de octubre de 2010, instalaremos una Jaima-Librería de 4 X 4 m2 en plena Alameda de Hércules, donde se mostrarán todo tipo de publicaciones poéticas.
Si eres editor/a, o si has sacado libros de arte, o de autor/a y estás interesado/a en exponer tus publicaciones dentro del marco de PERFOPOESÍA, envíanos un email a: perfopoesia.direccion@yahoo.es
y te enviaremos las bases para poder participar en esta iniciativa.
http://festivalperfopoesiasevilla.blogspot.com/
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Título: La frontera sur
Autor: José Luiz Muñoz
Editorial: Almuzara, 2010
Págs: 373
Precio: 19,95 €
José Luis Muñoz es perro viejo escribiendo novelas. Ganador de algunos de los premios más prestigiosos de narrativa de este país – el Tigre Juan, el Azorín, la Sonrisa Vertical, Café Gijón, Camilo José Cela, etc …- ha publicado veintisiete libros entre novelas y libros de relatos, maestro del género negro en donde sobresale su personaje, el inspector Pachón, se mueve con facilidad en otros géneros: romántico, erótico, histórico, etc. Viajero impenitente nos presenta esta vez la novela La frontera sur que mereció el IV Premio Internacional de Novela Negra Ciudad de Carmona. Pero La frontera sur no es una novela negra al uso. Es más bien una novela de frontera. Una de esas novelas que recorre con maestría las diferencias que separan el norte y el sur. Cuesta calificarla como novela negra porque la etiqueta se queda corta, porque La frontera sur no es una novela de buenos y malos, de policías y criminales. Es más bien un drama en el que dos mundos separados por una línea imaginaria luchan por la pura supervivencia. Es casi un drama darwiniano si tomamos el sentido más estricto. Norte contra sur, supervivencia, violencia, dinero, prostitución, drogas, policía, sobornos, ricos y pobres, asesinatos y muertes, insatisfacción, sobre todo. Mucha insatisfacción a uno y otro lado. Sobre un argumento relativamente sencillo que el autor trenza con facilidad, nos encontramos con dos mundos. Por un lado el mundo rico de Mike Demon, residente en Los Ángeles, vendedor de seguros, hombre acomodado de mediana edad, esposa e hijo, coche y vivienda, vida en constante competencia y afán creciente por ganar dinero y, al mismo tiempo, de vivir otra vida. Al otro lado de la frontera, en Tijuana, México, Fred Vargas, policía corrupto cuyas manos están manchadas de sangre y dinero. Ambas vidas se van uniendo irremediablemente a uno y otro lado de la frontera en una serie de coincidencias cada vez más buscadas y menos coincidentes. La historia la puede rellenar cada uno a su gusto, pero José Luis Muñoz lo hace con verdadero oficio dando la impresión de que escribir esas trescientas setenta y tres páginas es poco menos que un juego de niños. Pero no es así. Uno capta el trabajo realizado para recopilar información del español de México, también del habla fronteriza, de sus dejes y un trabajo de investigación a uno y otro lado de esa línea imaginaria en los modos y costumbres de vida. Las preocupaciones del vecino del norte por la competencia profesional, por acumular más y más dinero vendiendo y las del vecino del sur por conseguir estafar y engañar cada vez más. Claro que ambas visiones contienen una crítica porque viendo una y otra, y viendo sus diferencias, uno llega a captar más sus semejanzas. Ambas visiones están condenadas al fracaso y a la autodestrucción. Son dos sociedades enfrentadas y enfermas. Una por el drama de la falta de futuro, la otra por esa idea tan destructiva de ganar dinero a toda costa. Uno no deja de reflexionar cómo dos sociedades tan aparentemente opuestas pueden generar dinámicas con resultados tan semejantes. Y a todo ello hay que añadir una historia de un amor imposible, el choque de dos mundos en el ínfimo espacio que dejan dos cuerpos al hacer el amor. Pero no vamos a narrar toda la novela. En fin, que se agradece el esfuerzo del autor por mostrar dos niveles. Quien desee leer simplemente una historia la encontrará. Quien busque en el trasfondo hallará ecos de otros mundos, de otras historias y realidades que son comunes en los telediarios. Mujeres asesinadas después de ser violadas y enterradas en la arena, cadáveres que jalonan el desierto al otro lado de la frontera, abatidos por la Border o detenidos por la migra, por la sed, el cansancio, el engaño o el propio clima. No se pierdan esta historia fronteriza que no les dejará respirar de la mano de José Luis Muñoz, creo que repetirán.
Luis Vea García

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Título: A Diez Mil Años Luz
Autor: James Tiptree Jr.
Traducción: María Pilar San Román y Fernando March
Editorial: Grupo AJEC
Págs: 254
Precio: 16,95 €
Si tuviéramos que poner banda sonora a “A diez mil años luz”, de James Tiptree Jr., cogeríamos a Jean Michael Jarre, el animoso de los campos magnéticos que muchas veces me coloco en el lector de CDs cuando limpio la casa; a Constance Denby, la de la grandiosidad celestial y la completa ubicuidad espacial, que también me pongo para meditar mientras limpio la casa; y al Jeff Barry del chispeante tema del año 60 “The face from outer space”, donde mi mala comprensión del inglés hablado no me permite diferenciar claramente ni las preguntas ni las respuestas del pobre marciano cuya voz parece salida de un pedal gua-gua, y que parece no estar pasándolo muy bien por estos lares.
Es seguro que no sabré trasladar fielmente algunas de las virtudes técnicas de este libro, si tenemos en cuenta que he leído poca sci-fi. Pero no hace falta ser un lumbreras para decir esto: es un libro de calidad literaria más que suficiente, que puede llenar de satisfacción lectora a un segmento amplio de público, desde el que nunca ha mirado un renglón de ciencia ficción hasta al entendido más purista. Porque parece que todo quepa en este volumen. En determinados relatos uno se tropieza con el guiño ácido-festivo de una Dorothy Parker que un buen día, metida en camisa de once varas (James Tiptree Jr. no es un hombre, sino el seudónimo de una escritora Alice B. Sheldon), se sentara a escribir ciencia ficción: “Socorro”.
Luego está la deformación patafísica, la convivencia surrealista-real-absurda del Boris Vian de “La espuma de los días” en “Las puertas del hombre dicen hola”.
Y también el lado más filosófico, el más oscuro, el más arcano para los lectores ocasionales de sci-fi que se oferta en “Sabio en el dolor”, o en “El hombre que volvió” (con razón se armó tanto revuelo hace poco con el acelerador de partículas del CERN y el agujero negro), que no dudo harán las delicias de los entendidos.
James Tiptree Jr. o Alice B. Sheldon, se explaya en el oficio de la escritura, deja de lado los aspectos más “hard” o ininteligibles para un lector poco curtido en los terrenos de la ciencia ficción, y tomando algunos elementos de la space opera (marcianitos a los que caricaturiza), demuestra su pulso literario en relatos como “Os somos fieles, tierra, a nuestra manera”, y rinde un matemático, perfecto, impecable tributo a los clásicos en “Una eternidad en la bahía de Hudson”.
Hay también relatos no exentos de una crítica velada y mordaz quizá a los usos y costumbres “terranas”, como el afán de la competitividad que es la materia principal en el citado “Os somos fieles, tierra, a nuestra manera”, Y a la diplomacia o las prácticas inoperantes de una diplomacia que evita mojarse para aprovechar todos los ríos revueltos, y que sale a colación en “Te estaré esperando cuando la piscina esté vacía”.
“Nacimiento de un viajante” no recuerda desde luego a “Muerte de un viajante”, la obra teatral Arthur Miller. Pero tampoco es un título muy orientativo sobre la naturaleza final del relato. Así que uno no sabe si podría ser un guiño cómplice a aquel que sufrió la caza de brujas o por el contrario la figura de este agente de aduanas espacial es una ironía feminista hacia este dramaturgo que el tiempo que estuvo casado con Marilyn Monroe la hizo sentirse inferior. Una estupidez como otra cualquiera, esta de buscar relaciones, por que lo que importa es el relato, ligero, divertido, y con cierto aire a astracanada.
Esos aspectos duales, ese terreno resbaladizo no permite afirmar que “A diez mil años luz”, sea un solo libro, o un libro cómodo. Y no me refiero a lo incómodo de tener que leer “Mamá vuelve a casa”, incomprensible relato en el que debe haber fallos de imprenta, porque en una colección impecable no se explica una traducción llena de incoherencias que parece hecha con uno de esos traductores automáticos de Internet, tipo Tarzán. Página 52, se habla de Tillie, una lingüista que trabaja en el mismo departamento de inteligencia que el protagonista: “Tillie a los quince había recibido el tratamiento completo de una banda callejera. Lucha de navajas, vivir o morir… la historia de siempre. Ellas la habían acondicionado tan bien como si fuera, excepto por una cuantas interesantes líneas blancas en su bronceado, y una pared de dos metros entre ella y cualquiera que se afeitara. No lo mostraba la mayor parte del tiempo; tenía una bella y sincera, y seguía llevando sus viejos vestidos y jugaba a ser tímida. Pero en su interior estaba permanentemente en una guerra de guerrillas”.
El relato citado y un gazapo en “Súbenos a casa” (en la página 241 Hobie tiene “unos vivaces ojos grises debajo de un pelo rubio…” y ya en la 243-244 “Clavó la mirada en los ojos de color avellana claro de Hobie…”), sólo son manchas. La incomodidad a la que me refería, no viene a ser ni más ni menos que un efecto, el necesario efecto que todo relato/libro debe provocar en el lector. En este caso el lector taxonomista intentará por todos los medios poner una etiqueta al conjunto, pero le va a ser imposible agarrarse a un asidero porque estamos ante un producto rupturista e inclasificable que excede los límites de la ciencia ficción. Y a decir de los entendidos, también ante la mejor obra de la autora.
La naturaleza resbaladiza, lo dual vociferante-subterfugio también reside a partes iguales en “Súbenos a casa”. Página 244: “Habían estado hablando de la situación mundial, que por aquel entonces era bastante próspera y apacible. Es decir, unos setenta millones de personas se morían de hambre, varios países desarrollados se mantenían gracias a tácticas policiales de terror, se luchaba por cuatro o cinco fronteras, la patrulla encargada de mantener la seguridad en el barrio había herido gravemente a la asistenta de la familia de Hobie, y la escuela había instalado una alambrada electrificada y reforzado su patrulla con dos perros. Sin embargo, ninguno [sic.] de las naciones importantes estaba esgrimiendo armas de fisión, y la tregua entre Estados Unidos, URSS y China era una realidad desde hacía veinte años.” Es la narración más “realista” del conjunto, y en ella planea el tema eterno de la identidad, pero de modo subterráneo pareciera criticar la política exterior norteamericana (no debemos perder de vista que la escritora abandona su trabajo en la CIA en 1955, y probablemente sabría lo que se empezaba a fraguar).
En “Historia de la luz”, la más que interesante obra de divulgación del también escritor de ciencia ficción Ben Bova, se nos desvelan los múltiples aspectos de la luz. Entre otras cosas, que no es universal, tiene un efecto diferente en cada persona, al final casi es una cuestión de gustos. Los quince relatos de este “A diez mil años luz”, solo absorben luz, no la emiten. Pero el otro día leí algo de Punset sobre las cosas que no admiten explicación, y de qué manera no nos acostumbramos a esa idea de lo no explicable. Aunque este libro no emita luz, desde luego brilla con luz propia. Algo inexplicable para Punset. Algo grande para la literatura: que como en un mecanismo cuántico, a la vez coexistan diferentes nichos ecológicos de la ciencia ficción a los que los distintos lectores puedan acceder solo con un agujero de gusano que se llama página.
José Cruz Cabrerizo

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