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Título: Lausana
Autor: Antonio Soler
Editorial: Mondadori
Págs: 280
Precio: 17,90 €
A mi no me gustan los avales pero cuando alguien los tiene y encima son buenos y bonitos no puedo más que aceptarlos y quitarme el sombrero, como en este caso ante la nueva obra de Antonio Soler, publicada en Mondadori, “ Lausana”.
Según el diccionario de la RAE, la palabra memoria procede del término latino “memorîa” y es la facultad psíquica por medio de la cual se retiene y recuerda el pasado.
Particularmente me gusta más la segunda acepción de la palabra, en la filosofía escolástica, una de las potencias del alma.
El alma es la parte inmaterial del hombre con la que tiene conciencia de lo que le rodea y de sí mismo. Y es que en este libro lo que nos vamos a encontrar es un alma errante, buscando el lugar que un día tuvo y ahora ha olvidado.
El olvido, otra parte de la memoria, no queda condenado al ostracismo. Aquí la protagonista no sufre un cese de los afectos que tenía, o ha descuidado algo que debía tener presente, sino que ha sido su subconsciente el que ha tomado la decisión de encerrar los recuerdos en una caja acorazada en lo más profundo de su ser, para mantenerlos con vida.
¿Dónde van los recuerdos que ya no tenemos en la mente? ¿Por qué estamos mucho tiempo sin recordar algo para recuperarlo después? ¿ Cuál es el proceso que ejecuta nuestra mente para que, después de mucho tiempo en el olvido, un olor, una imagen, una palabra nos devuelva a la vida?
Eso es lo que la protagonista del viaje de Antonio Soler no deja de plantearse en todo el libro con su gran ejercicio introspectivo.
La memoria y el olvido deben ser cualidades del alma, de misma intensidad, de misma calidad, de misma importancia en el proceso de reconstrucción de la persona.
Queridos, no he tenido suficiente con una hora de viaje que dura el trayecto, que a mi me ha parecido toda una vida, para comprender bien cuándo empieza la pérdida de alguien, si cuando se va o cuando nosotros le dejamos marchar.
Soy Margarita, estoy como ella, indefensa ante mis ausencias que a veces me duelen más que mis presentes.
A veces, también cuando viajo y me cruzo con personas ajenas a mí, enseguida las meto en mi novela, en mi vida, me identifico con ellas, las hago participes de mi vida llena de ausencias, que a veces, como a Margarita me impiden disfrutar de los que cada día me dan un beso de buenos días.
La pérdida de la memoria debe ser algo inexorable con aquellos que se alimentan de sus recuerdos cada día para seguir viviendo. Porque, cuando intentando recordar el pasado no se consigue, no sé qué harán aquellos cuya memoria es su único presente.
“Chapeau” por Antonio, por sorprenderme con su sensibilidad para describir sentimientos y emociones de intensidad, porque ha conseguido que no me interese, en algunos momentos en absoluto, la historia de la protagonista, sino que estuviera muy atenta a su forma de explicarme la desolación, la traición, la esperanza, la vergüenza, y la verdad.
Una verdad que, además de verdad, es una cruda verdad. Porque Antonio se atreve a poner nombre propio a algunos sentimientos frecuentes que no nos atrevemos a mencionar, a situaciones que no queremos reconocer que hemos vivido, a emociones que alguna vez, nos han vencido en la batalla.
Lausana no es solo un viaje en un tren-tiempo de alguien que echa mucho de menos el amor en todas sus caras, es un viaje a la memoria de Margarita , a la de cada uno de nosotros.
Antonio nos da con este libro una lección de reconocimiento de miedos, de búsqueda de recursos para la supervivencia, una lección de que no importa sufrir una pérdida y regodearnos en ella un tiempo prudencial.
Lo delicado es perdernos nosotros en ella, recrearnos en los momentos vividos que nunca serán los verdaderos, puesto que nuestra mente los habrá reconstruido, reinventado, se habrán ido regenerando de tal manera que seremos incapaces de encontrar el verdadero origen de los mismos.
Con este viaje a Lausana he recordado mis ausencias. Las que he despedido en la estación con lágrimas en los ojos, pero con una sonrisa en los labios. No sabía de que forma explicarles que había llegado el momento de la partida. Que mi viaje empieza ahora cuando me han dejado marchar, cuando se lo he permitido yo.
Elvira Ramos

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Título: Una palabra tuya
Autora: Elvira Lindo
Editorial: Seix Barral
Págs: 256
Precio: 19,50 € / 6,95 € en edición de bolsillo
Cuando Elvira Lindo acabó los diez folios del guión para la película coral del director Miguel Albadalejo Ataque verbal (2000) sabía que de ahí podía surgir una buena novela por lo que en los títulos de crédito, la historia de las dos barrenderas aparece como basada en una novela de la autora, novela que tardaría varios años en escribir. Por aquella época, bajo la casa de Lindo, se había instalado una central de barrenderos y habían empezado a contratar a muchas mujeres que sirven de inspiración para crear los dos personajes protagonistas de la novela Una palabra tuya (2005).
En dicha novela, Rosario, a la que no le gusta ni su cara ni su nombre, nos va explicando su vida. A lo largo de la novela hay deícticos hacia un receptor plural que puede ser el público; el Morsa y Milagros en el capítulo 11 o quizás a un supuesto investigador del caso del bebé muerto y el posterior suicidio de Milagros. De esta forma nos va relatando, de forma discontinua y en ese tono coloquial que tan bien domina Lindo, su vida, una vida agria, dura, con poco cariño y repleta de experiencias traumáticas.
Rosario crece con la conciencia de ser una niña rara, poco agraciada físicamente y con escasa popularidad en su reducido ambiente. Por otra parte, la relación con su madre es de incomprensión durante su infancia y su adolescencia ya que ésta es una mujer destrozada por la infidelidad de su esposo primero y el posterior abandono después y que se recrea en su posición de víctima. Rosario no le perdona el no haber sido capaz de retener a su padre a su lado y la culpa por ello. Además, en los últimos años de su vida sufre una enfermedad terrible –aunque no se nombra parece ser Alzheimer- y Rosario se ve obligada a cuidarla, ya que su hermana vive en Barcelona. Rosario es incapaz de gestionar los sentimientos que le provoca la enfermedad de su progenitora y vive comida por los remordimientos de atarla para que no ensucie con sus excrementos las paredes o de encerrarla en el armario para que no espíe sus relaciones sexuales con el Morsa. No es hasta dos años después de su muerte que logra encajar todas las piezas del puzle a través del reconocimiento, por ejemplo, de la infidelidad de su padre y de, alguna manera, llega a reconciliarse con ella. Mientras Rosario va (re)construyendo su historia, plagada de apariciones ultraterrenales de la madre, parece incapaz de reconocer la parte de responsabilidad que le corresponde por sus fracasos vitales por lo que culpa a su madre, a Milagros, a su hermana, al psiquiatra y al cura ya que, según ella, no están a la altura que les corresponde.
Al final, sin embargo, parece querer salir de esa espiral de pesimismo, quizás por la limpieza interior que supone haber dado palabras a su historia, esa palabra curativa del evangelio según San Mateo - “Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme”- a la que alude el título, e iniciar una nueva vida en la que pueda redimirse a partir de su relación con el Morsa.
Peor suerte le espera a Milagros, la otra protagonista de la historia. Si bien aparece como un personaje enérgico y vital, un tanto peculiar pero con un importante punto de simpatía, a lo largo de la novela vamos sabiendo, de boca de Rosario, que en realidad ese personaje un tanto cómico tiene una trágica vida a sus espaldas. Nunca ha tenido la menstruación, lo que la mantiene en una especie de infantilismo constante. Por otra parte, su padre murió cuando ella era muy pequeña y su madre fue víctima de una sobredosis en su propia casa de un pequeño pueblo de Teruel cuando Milagros contaba con tan sólo 8 años. Ésta, a su corta edad, continúa un tiempo con un simulacro de vida normal mientras su madre yace muerta. Hacia el final de la novela, repetirá esta misma escena con el bebé abandonado, ese hijo que ella nunca podrá tener y que considera tan suyo. Finalmente, la locuaz y dicharachera Milagros, opta -¿al igual que su madre?- por el suicidio y Rosario, con esa creencia religiosa que afirma tener a lo largo de toda la obra, endulza tan triste final pensando que será feliz en un mundo mejor junto a su madre y a el bebé.
Esta novela, sin duda la mejor de Elvira Lindo hasta el momento, fue ganadora del premio Biblioteca breve 2005 y su lectura o relectura puede servir para entretener la espera hasta la publicación de su esperada Lo que me queda por vivir.
Sonia Sierra Infante

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Título: Daniela en cuarto menguante
Autora: Sonia Ruiz
Editorial: Arcopress
Págs: 165
Precio: 14,95 €
¿Quién dijo eso de que “segundas partes nunca fueron buenas”? Está bien, está bien: muchas veces es verdad que los autores por tal de seguir explotando el filón, crean segundas partes poco interesantes. Pero siempre hay excepciones que confirman la regla, más en lo literario que en el mundo del cine. ¿Qué en qué libro estoy pensando para decir esto? Pues en “Daniela en cuarto menguante”, la nueva novela de Sonia Ruiz, segunda parte de las aventuras de la más divertida de las granadinas literarias.
Daniela Torres está en un momento crucial de su vida: ha roto con el caradura de Arturo y por fin ha terminado sus estudios universitarios. Pero en vez de comenzar su vida laboral como farmacéutica, Daniela decide seguir estudiando y obtener el doctorado, y para ello acepta una beca en el departamento de Edafología de la facultad. Pero, ¿acaso sabe siquiera Daniela de qué va eso de la Edafología? ¿Se darán cuenta en el departamento de que no tiene ni idea del tema? ¿Qué nuevas aventuras le pueden deparar a la granadina literaria más divertida de comienzos del siglo XXI?
Daniela ha vuelto. Los que leímos la primera parte de sus aventuras (ese primer volumen que podría calificarse como introductorio a su mundo, pues en él no encontramos un hilo argumental único sino un conjunto de desternillantes capítulos con una trama casi independiente cada uno de ellos donde, aparte de pasárnoslo de maravilla, sacábamos en claro que tanto Daniela como su familia son un caso digno de estudio) ya sabíamos que así sería. Y es que Daniela es de esas personas (la cercanía de su forma de narrar y ese desparpajo que la caracteriza me hace pensar en ella como en un ser real más que ficticio) que siempre tienen algo que contar, mucho más si se mete, como ha hecho ahora, en un departamento de la Universidad de Granada cuyo tema central de estudio es tan desconocido para ella. Pero, ¿acaso no será ella, una mujer tan bien conjuntada, tan perspicaz y, en definitiva, tan preparada para la vida moderna capaz de adaptarse al día a día y los entresijos de un departamento donde todo es tan sospechoso? Ya lo veréis si os decidís por esta novela.
Para los que no la conozcáis aún, os contaré que Daniela Torres es una chica sin igual. Su visión del universo podría decirse que es un poco diferente al que tú, amigo lector, podrías tener. Es por ello que cosas que a nosotros nos parecen extraordinarias, para ella pueden ser de lo más normal, o viceversa. El caso es que Daniela no deja de meterse en un embrollo tras otro sin ver su parte de culpa, y así es como nos lo cuenta, con todo lujo de detalles y resaltando siempre lo más interesante, como si más que una novela se tratara de un diario personal, o una carta muy larga a un amigo. Lo dicho: una chica sin igual con un desparpajo único.
Acompañan a Daniela en esta aventura Lope Carballo, su tutor en el departamento de Edafología, un hombre dedicado en cuerpo y alma al estudio de los suelos; Cándido, el filósofo al que poco se le entiende pero tanto cariño se le coge; las odiosas Calasparra, siempre tan oportunas; Arturo, el caradura más grande de Granada; el Loro Don Francisco y sus maldades, entre otros muchos personajes tan distintos entre ellos y a la vez tan singulares que tan buenos ratos te harán pasar.
Daniela en cuarto menguante, esta historia escrita con un estilo tan fresco y resuelto que nos hará creer que su protagonista es una persona real más que un personaje, por tanto, es una desternillante novela en la que cualquier cosa podría pasar. Adéntrate en el universo de Daniela, conoce a sus amigos, a sus enemigos, todas esas cosas raras que le suceden, y queda atrapad@ para siempre en las redes de la granadina más simpática y atolondrada de todos los tiempos. Si, además, aún no has leído la primera parte de sus aventuras, aún estás a tiempo, pues estoy segura de que después de devorar este volumen (no te quedará otra que leerlo casi del tirón, te lo aseguro) tendrás ganas de saber más de Daniela. Yo ya estoy esperando la tercera parte, con eso lo digo todo.
Algunas segundas partes son tan buenas o más como la primera. Es más: te dejan con ganas de una segunda y hasta una tercera. Esto es lo que me pasa con las aventuras de la díscola Daniela. Y estoy segura de que a ti te pasará lo mismo. Prueba a leer “Daniela en cuarto menguante” y ya me contarás.
Cristina Monteoliva

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Título: Benjamín
Autor: Federico Axat
Editorial: Suma
Págs: 400
Precio: 20 €
Con la pregunta de la portada “¿Qué hacen tus seres queridos cuando están solos?, es más que suficiente para desear tener esta magnífica novela en las manos.
Ben está enfadado, muy enfadado, con su egoísta madre y como cualquier niño de su edad piensa en desaparecer, en escaparse de casa. Tras pensarlo, decide subir y esconderse en el desván.
Al principio, la familia conserva la esperanza de que el niño siga vivo, pero tras buscarlo incesantemente sin conseguir nada, comienzan a aceptar lo que posiblemente haya sucedido: Ben habrá muerto.
Nada más lejos de la realidad, pues el niño sigue allí, observándolos desde el desván, descubriendo sus secretos, y decidiendo incorporarse poco a poco en sus vidas de un modo inusual y terrorífico…
Tengo que decir —y ésta es mi humilde opinión, pero creo que muchos la compartirán— que Federico Axat ha conseguido con esta novela que pase verdadero terror. Y ustedes se preguntarán el porqué, tras haber leído el argumento. Aquí podría extenderme mucho, y esto es una reseña, no un análisis filológico o literario, pero aún así quisiera hablar un poco sobre lo que estuve meditando mientras leía la novela.
El año anterior y también éste estuve estudiando en términos literarios “Lo siniestro” de Freud. Digamos que Freud lo que nos señala (por resumir) es que aquello que antes nos resultaba familiar, ahora vuelve a nosotros como algo siniestro o peligroso, y a su vez, nos hace pensar que ese algo siniestro ha estado siempre escondido y oculto, que es como siempre debería estar. Como dice Schelling: “Todo lo que debería permanecer secreto, pero se manifiesta”.
En Benjamín lo familiar pasa a mostrar su verdadera cara, y es que ya nos lo dice la frase que encontramos en la contraportada “El miedo se transforma en terror cuando se esconde en las entrañas de tu casa”. Verdaderamente, los fantasmas del pasado son implacables, al igual que lo es nuestro otro “yo”, ese que llevamos en el interior y que puede acabar convirtiéndose en un despiadado monstruo.
Federico Axat realiza un gran trabajo con Benjamín. A través del protagonista, Ben, conoceremos mejor a los personajes, los cuales están perfectamente definidos, y en ocasiones los amamos, en otras los odiamos, e incluso acabamos sintiendo temor por ellos. Así pues, es interesante descubrir las reacciones de la familia de Ben: su madre Danna, su padre Robert y su hermana, Andrea; pero también la del amigo de la familia, Michael, y de otros personajes que desempeñan a su vez otras funciones en la trama, como Rosalía, la criada. Es verdaderamente excepcional la forma en que Axat traza el perfil de estos personajes, tan cercanos a nosotros a veces.
No obstante, parece ser Ben una especie de “dios” que maneja a su antojo a los personajes, los lleva por caminos que él desea e incluso los utiliza para lograr lo que quiere.
Por otra parte, la narración es fluida, y en ningún momento encontramos elementos que pudiesen llegar a ser innecesarios; aunque en algunos momentos el desarrollo de ésta pase a ser más lento continuaremos deseando saber qué va a suceder a continuación, envolviéndonos en una espiral de temor, de duda, de terror, llenos de preguntas. El lenguaje empleado por Axat es magnífico, y sé que hace unos días hablé de otro escritor al que denominé un “nuevo rey” pero ahora aquí tenemos a otro, y tampoco me arrepiento de decirlo, si bien cada uno en sus formas y con su propio estilo.
En algunos momentos emplea la cursiva para desvelarnos los auténticos pensamientos de los personajes, y dichos pensamientos resultan turbadores e incluso obscenos, hacen que nos replanteemos muchas cosas que ya hemos leído, porque en realidad algunas actitudes y acciones de los personajes son increíbles. A través de esos recuerdos y de flashbacks también nos transportaremos al pasado de los personajes: son tan de carne y hueso que esconden secretos que deberían permanecer ocultos.
Así, la trama irá evolucionando, envuelta por todos estos elementos, retrocediendo y volviendo al presente, sumergiéndonos en un incontrolable torbellino de sensaciones, acercándonos al momento cumbre en el que descubriremos la verdad, una verdad que nos dejará completamente sorprendidos y echará abajo todas nuestras suposiciones.
LO MEJOR: Para mí, el personaje de Ben. Está perfectamente elaborado y es un gran acierto utilizar en gran parte de la novela la perspectiva de un niño.
LO PEOR: En algunos momentos la narración se hace demasiado cruda y dura, y para algunos lectores esto es algo muy bueno, pero tal vez para otros lectores no.
Elena Montagud

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Título: Días de menta y canela
Autora: Carmen Santos
Editorial: Plaza & Janés / Debolsillo
Págs: 221
Precio: 17, 50 € / 8,95 € la edición de bolsillo
Llega el verano y con él las pateras a las costas andaluzas y canarias. Cientos de africanos cargan sus ilusiones a la espalda y emprenden viajes inciertos a una Europa quizá no tan idílica. Lo vemos impasibles en las noticias. Porque a veces parece que se nos olvida que hubo un tiempo no tan lejano en el que también muchos españoles tuvieron que salir para ganarse la vida en otras partes de Europa. Algunos volvieron tras años de ahorros, otros decidieron quedarse en Francia, Alemania, Suiza o Bélgica. ¿Porqué volver? ¿Y porqué quedarse? Tal vez si te adentras en “Días de menta y canela”, la novela de Carmen Santos de la que hoy te hablaré, llegues a entenderlo.
Clara Rosell tiene un marido abogado, dos hijos pequeños y un nuevo trabajo en un periódico que la trae de cabeza. Aunque todo el mundo quiere que vuelva a casa para cuidar de los niños, esta mujer madura un tanto desanimada quiere llegar a ser periodista con todas sus fuerzas. La oportunidad de demostrar su valía viene en su busca durante las Navidades, cuando Clara descubre en un diario alemán la misteriosa muerte en Düsselforf de Héctor Laborda, un emigrante español que nunca volvió a su país. Para llegar hasta el final del enigma, Clara deberá viajar a la ciudad alemana en compañía del hijo de Héctor Laborda. Pero, ¿está nuestra aspirante a periodista preparada para lo que le espera en este viaje?
Una simple palabra, un gesto, un hecho ajeno a nosotros: cualquier cosa puede llegar, en un momento dado, a despertar recuerdos en los que ya apenas pensábamos. Así, para Clara Rosell, esta mujer profundamente sumergida en su propia crisis de los cuarenta, el descubrimiento de la noticia de la solitaria muerte de Héctor Laborda no sólo la llevará a emprender una aventura que dejará profunda huella en su persona, sino también a abrir un cajón de su memoria, el mismo en el que se hallan sus recuerdos de infancia en Alemania. Y es que al igual que este Héctor Laborda apático que no tuvo contacto siquiera con su hijo, los padres de Clara tuvieron que dejarlo todo y viajar a Alemania en busca de un futuro mejor. Tan sólo después de años de sacrificios y anécdotas que esta mujer madura ahora recuerdo, pudieron todos volver a Valencia, cuando Clara ya era adolescente.
Tres son las líneas argumentales, por tanto, que nos presenta la Clara narradora: la de sus recuerdos, tan nostálgicos como entrañables; la de la investigación periodística, cargada de intriga; y, finalmente, y no por ello menos importante, la pasional, junto con Héctor Laborda hijo.
La protagonista absoluta, como ya supondréis, es Clara Rossel, una mujer de edad media con un gran sentido del humor, a pesar de la desesperanza que la llena en los últimos tiempos. Casada con Emilio, ex novio de su difícil hermana Anita, y madre un tanto tardía (parece que su entorno no quiere dejar de recordárselo) de dos criaturas que no se están quietas ni un momento, Clara ve una válvula de escape a su vida justamente cuando se le presenta la oportunidad de viajar a Alemania junto a Héctor Laborda hijo, un hombre del que no podrá otra cosa que enamorarse perdidamente.
Días de menta y canela, por tanto, es una novela que atrapa desde el principio por varios motivos. Primeramente, por la frescura de su narradora, una mujer que a pesar de su desasosiego parece tomárselo todo con gran sentido del humor; después, por sus personajes, tan reales, tan perfectamente perfilados; y en tercer lugar, por lo interesante de sus distintas tramas entrelazadas, y por lo mucho que podrán hacernos sentir a nosotros mismos (o recordar). En definitiva, amigos, como los trenes que viajaban a Alemania en los sesenta para llevar a los trabajadores, esta es una novela que no deberías perder. ¿Te atreves a adentrarte en sus páginas?
Olvidamos demasiado pronto. Enterramos en la memoria hechos que deberíamos tener muy presente. También a nivel colectivo. Por eso, vemos impasibles las pateras llegar a las costas sin pensar que nuestros tíos, padres o abuelos también tuvieron que salir de España en busca de un futuro mejor no hace tantos años. Recordemos y aprendamos, a la vez que saboreamos una novela tan emocionante como Días de canela y menta. Estoy segura de que no te arrepentirás de esta elección.
Cristina Monteoliva

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Título: Algo más inesperado que la muerte
Autora: Elvira Lindo
Editorial: Alfaguara
Págs: 272
Precio: 19 €
Algo más inesperado que la muerte, segunda novela para adultos de la prolífica Elvira Lindo, cobra -aunque fue publicada en 2002- un nuevo interés al ponerse esta temporada en escena su adaptación teatral.
En ella se parte de una pareja arquetípica, la del anciano con cierta fama y poder económico y la mujer joven que, a ojos de todo el mundo, se casa con él por interés, pero la autora trasciende los tópicos y, al hilo de la relación de la joven periodista y el anciano y reputado escritor, se hace un retrato de las debilidades de unas personas expuestas constantemente a la mirada de los otros. A lo largo de la novela conocemos las miserias de los personajes y, por este mismo motivo podemos entender que, ante todo, son personas que luchan por sobrevivir en un mundo que, de una manera u otra, les es hostil. Eulalia es una mujer que ha tenido que vivir siempre con la vergüenza que le producía una madre diferente, aficionada al juego y a la vida nocturna y poco afectuosa con ella. Cuando empieza la novela vemos a una mujer que soporta bastante mal los síntomas de la menopausia, el peso de la mirada de los otros y una vida que, pese a lo mucho que le ha costado conseguirla, ahora se le antoja vacía, lo que la lleva a la consulta de un psiquiatra. Leonor, la madre de Eulalia, es una mujer egoísta e impertinente pero a lo largo de la obra podemos verla también con los ojos de Gaspar: una persona alegre, vitalista y libre, muy libre y, en el ejercicio de esta libertad se ahorra el juzgar a los demás. Gaspar, que puede parecer al principio un pobre hombre, resulta ser también una persona con muchas ganas de vivir la vida al que los acontecimientos históricos y políticos, igual que a España, le juegan una mala pasada que trunca sus deseos de amor y de una vida mejor. Samuel, el anciano escritor, siente hasta el final de sus días el deseo de vivir el amor y la sensualidad y, por encima de todo, es un hombre lúcido al que lo peor que se le puede achacar es su vanidad y el provecho que saca de su privilegiada situación. Tere, por su parte, es también una persona con una gran energía para salir adelante aunque su traumática infancia la lleva a repetir una misma escena en la que el sexo, de alguna manera, siempre está relacionado con algún beneficio. Quizás los que peor parados salen en esta novela son los dos amantes de Eulalia, Jesús, el fiel lacayo de Samuel y Jorge, un eterno Peter Pan que no parece asumir que el tiempo de la dialéctica ya pasó. Así, partir de la vida de los diferentes personajes se hace un breve retrato de la historia española desde la segunda República hasta los nuevos barrios que crecen a las afueras de Madrid, haciendo un especial hincapié en la época de la transición. Para finalizar, las palabras de la hija de la vecina de Tere que, con sabiduría infantil es capaz de sintetizar lo que está sucediendo cuando Eulalia acusa a Tere de mantener relaciones con Samuel para conseguir un beneficio a cambio: “Sonia Pancorbo Sánchez dice que la que insulta y dice pu es porque es pu”. Quién esté libre de culpa, que tire la primera piedra, parece querer decir Elvira Lindo.
Sonia Sierra Infante

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Título: Te compraré unas babuchas morunas
Autora: Pepa Cantarero
Editorial: Ediciones Carena
Págs: 367
Precio: 22 €
No recuerdo si era Unamuno aquel que nombraba la intrahistoria, esto es, el hecho de que la historia debiera ser contada a partir de la vida diaria de los ciudadanos de una nación, en lugar de a partir de las grandes gestas de sus gobernantes. Perdón si me equivoco en la cita. Pero en una cosa sí que no me apeo del burro porque no ando muy descaminado, y es en mi afirmación de que el compendio titulado “Te compraré unas babuchas morunas” es un ejemplo de intrahistoria. Le llamo compendio porque esta verdadera “Enciclopedia Álvarez” no solo se nutre de intrahistoria. Es además de una novela con trazas (huellas) de autoficción, un severo ajuste de cuentas con el pasado personal de la autora. Más aún: un documento catártico en el que ha invertido la friolera de 30 (en letra treinta) años de su vida, que se dice pronto.
Vamos a lo de la intrahistoria: la novela despliega el microcosmos de vivencias y vicisitudes de tres generaciones de la familia del personaje que se oculta tras el nombre de “Arsenio el ranchero”, o Arsenio Camacho, abuelo de la escritora, dueño y señor de las vidas de su familia, reputado como un sabio, poderoso como un cacique, temido como un diablo. “Arsenio el ranchero” es un paradigma universal en sí mismo: lo comedido y lo desproporcionado, el que no se mira en apariencias pero vive sometido a ellas, aquel cuya sombra es tan alargada que se extiende por toda Sierra Morena y tapa el sol en el territorio cerrado y asfixiante, pero mágico, de la inexistente “Jara de la Sierra” en la provincia de Jaén. No hay aventuras, pero nos llegarán los ecos del paseo de este personaje desde Orán hasta Brasil; no es una novela social, pero se narran las condiciones en las minas en los países de allí y de aquí; los personajes no quieren romper su corteza, pero al final los sentimientos le afloran como volcanes; no es una novela histórica, pero vivimos la hecatombe de la Guerra Civil a través de sus piojos, su tisis, su hambre, sus pérdidas irreparables (ahora mismo recuerdo una definición de estadística: “Cuando un hombre muere es una tragedia, cuando cien hombres mueren es una estadística”). Y es que un solo hombre marca la vida de Ariadna, la hija de Arsenio, madre de la protagonista, y por ende la de todos sus hijos (p. 218 “Con ella, mi madre nunca jugué. Siempre estaba pensando en algo. ¿Se podía pensar tanto? ¿Nunca tenían fin sus pensamientos? Y las pocas veces que sonreía, era peor el remedio que la enfermedad, me rompía los esquemas, se me antojaba otra”). El balance final sobre la madre, en el capítulo “Cosas de vivos La nieta reflexiona sobre su madre”, p. 362.
Así es todo en estas páginas: tangencial. No hay un afán por hacer una radiografía social, aunque sí una resonancia nuclear magnética, una imagen de alta resolución de los sentimientos. Pero el caso es que sentimientos y entorno social se entrelazan de tal forma que, como sin querer, todo pasa ante nuestros ojos: el retrato de una España que arranca en el bandolerismo y que derivando en la pérdida de nivel de vida en el campo arroja a sus habitantes a la emigración; el amor reverencial y primitivo por la tierra que demuestran estas gentes, y que a un lector joven podría sonarle a realismo mágico y no a una realidad que se remonta a no hace tantos años; apenas unas líneas entreveradas para darnos una idea de la Barcelona del desarrollismo industrial; el costumbrismo secular andaluz reflejado en los ritos mortuorios; la deshumanizada frialdad del estado del bienestar catalán de los 80. Pero en realidad, lo que la autora persigue es ajustar cuentas con sus antepasados y con sus coetáneos, y para eso llama a los muertos y a los vivos a declarar para diseccionar sus interioridades a partir de sus propias confesiones o de un narrador mutante que adopta diversas formas: testigo, cámara, omnisciente… Y si hay que relativizar la condición divina del narrador, pues también (p. 84 “Me llamo Fausto. ¿Mi cometido en esta historia? Me temo que soy un comodín de última hora. Un recurso de la escritora. Necesita contar ciertos pasajes de la vida del principal protagonista, Arsenio. Cosas, anécdotas y vivencias que sólo yo, en mi condición privilegiada de amigo –entiéndase, lo que se entiende por amigo de verdad-, puedo saber.”)
La vida, intrahistoria. “Te compraré unas babuchas morunas”, puro nervio. Porque está escrita con las tripas, con el hígado y con el corazón, y quizá por eso se siente real como una bofetada. Todo en esta historia es injusto en sus dos vertientes, la injusticia de los hombres y la injusticia del destino, pero como no hay tapujos, el/la lector/a termina juzgando a los personajes como si fuera su propia familia, como si tuviera vela en este entierro o en este desentierro, sin la corrección política de alguien que en el salón de su casa lee en pantuflas o en babuchas, o en zapatillas de paño a cuadros. Eso queda para las lecturas convencionales, porque estas líneas no entran por los ojos, se mastican como arena. Casi seríamos capaces de oler el arroz con conejo que se comen la nieta y sus primos en una reunión familiar en la que revuelven el pasado y remueven una vez más en la figura de Arsenio, el abuelo/dios. Pero porque nos da la gana olerlo, nos creemos con derecho a estar en esa reunión, no porque la autora pierda el tiempo en describirnos las volutas de humo del carbón de encina, eso sí que no. Las concesiones al estilo, al abrillantado, y a la locuacidad postiza, no sé si las habrá.
Y ya hablo de “compendio” y eso sin afán despectivo sino descriptivo. “Te compraré unas babuchas morunas” es una creación atípica en su contenido (ya dije al principio que es más que una novela). Y por su puesto en su forma: desde la transcripción literal de una entrevista en la que la escritora interroga a un paisano en torno a la figura de su abuelo con la grabadora oculta en el bolso), a la inclusión de algunas fotos que testimonian el espacio físico en que se desarrolla determinado capítulo. O la pieza teatral en la que los intervinientes son Arsenio, su mujer Justina, y un matrimonio entre el que Arsenio como juez que es (hablamos de antes de la Guerra Civil, cuando su republicanismo lo pone en la picota, pero su fama de hombre recto lo libra de la muerte por la mediación de un alcalde que a pesar de ser de derechas da la cara por él), tiene que poner paz… Este capítulo es un ejemplo ilustrativo doble: por una parte de “disparate” formal respecto a su integración en el todo de la novela, de otra, de cuadro antropológico en lo social que nos muestra las inquietudes, las ansias, y el equilibrio de poderes conyugales de aquel tiempo.
Pepa Cantarero dice en una entrevista que no ha pasado por la universidad. Pepa Cantarero no me suena de nada como autora. ¿Tiene esto importancia? Pues para mí, y en relación a la historia, sí. El tremendo “desorden” cronológico y narrativo de este magma en el que uno nunca se pierde por muy liado que esté el ovillo, la febril y visceral pero a la vez inexistente trama… Hay una semejanza con una narrativa más experimental. Uno busca conexiones con “Pedro Páramo” porque pone a hablar a los muertos y revolverse en sus tumbas, y se dice asintiendo con la cabeza “esta tía es una universitaria que se ha tragado unos cuantos manuales y que una mañana, mientras mojaba la magdalena en el café se ha dicho algo así como voy a escribir algo a lo Luis Martín Santos”.
Y porque me alegra saber que es una voz narrativa que no procede de una pequeña burguesía ilustrada, que aporta otra forma de narrar y otro punto de vista, dando voz a los sin voz y eso con conocimiento de causa (¿cuántos libros ha leído sobre la vida de un albañil, o de un aceitunero?). A ver si me explico: Pongamos por caso “Los santos inocentes” de Delibes. En esta obra maestra vemos por los ojos de un narrador correctísimo, que no por muy amante de lo montaraz tuvo que trabajar la tierra para comer. Es además este narrador, como un padre que nos evita los sufrimientos excesivos, que guarda las distancias con la narración, tal como señalan los cánones narratológicos. En “Te compraré unas babuchas morunas”, por el contrario, no nos quedamos en la puerta de la casa de los santos inocentes Paco y Régula, no hay una contenida y subterránea exaltación lírica del campo como Arcadia feliz, sino que entramos y nos sentamos en el chozo, y se nos encoge el estómago con la muerte de la segunda Ana, la segunda hija que se les va de este mundo a Arsenio y Justina, y luego velaremos con Ariadna el asma de su madre, las muñecas rotas de darle aire con un cartón, nos corroe la rabia, nos admira la bien trazada historia de Amatista, que da para otra novela... Sería un sinsentido querer comparar ambas obras, cada una se sitúa y transita en dimensiones y planos diferentes, pero sí que quisiera significar, diferenciar a a esa narradora de bajo nivel (en programación informática un lenguaje de bajo nivel es aquel que más cerca está de los bits, y es el que casi pega al hardware, cerebro y hueso).
La verdad es que a estas alturas de la reseña no sé si todo lo que he dicho observa una mínima coherencia. Pero debe entender que no estamos hablando de un producto manufacturado, de una operación mercadotécnica, de una obra hecha para contarse y venderla muy bien. Sirviéndome otra vez de los símiles y no de las comparaciones: ¿Cómo es posible que un ente tan cercano como una familia de pueblo de la Andalucía profunda se nos transforme en una saga comparable a los Buendía? ¿Qué hay de Comala en Jara de la Sierra? No tengo nada claro. A decir verdad lo único que creo saber es que la escritora no llevaba babuchas cuando se puso a escribirla. No le importó que sus pasos resonaran como los ruidos que siempre acechan en la parte alta de la Casa Grande, y ha transitado con botos camperos por la narración. Yo por mi parte puedo decir que ese taconeo me ha sonado muy bien.
José Cruz Cabrerizo

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Título: Oscuro bosque oscuro
Autor: Jorge Volpi
Editorial: Salto de Página
Págs: 160
Precio: 15 €
Hay algo inquietante en los grandes bosques, en esa majestuosidad de la que los dota la Naturaleza. La calma reina en ellos, demasiada a veces. Puede que nadie te escuche si te pasa algo cuando te sumerjas en sus profundidades, nadie vendrá a salvarte de los peligros que te acechan. Ha sido siempre así, desde el principio de los tiempos, probablemente dentro de miles de años los maleantes seguirán escondidos tras sus árboles, listos para saltar sobre los pobres incautos. ¿Qué no crees que sea posible? No pensarías lo mismo si hubieras ya leído “Oscuro bosque oscuro”, el libro de Jorge Volpi que hoy revisaremos.
No parece mala idea alistarse en eso de la “Policia de reserva”, mucho menos cuando se tiene cierta edad y queda tan poco que hacer, precisamente por culpa de la guerra. Al menos ahí serás alguien útil, no podrá decir nadie cuando todo esto acabe que no arrimaste el hombro como los más jóvenes. El adiestramiento, además, no es tan complicado, aunque algún que otro superior piense que somos tan sólo una panda de inútiles. Lo malo…lo malo vendrá después, con las misiones. O puede que no. Al fin y al cabo, todo es cuestión de acostumbrarse. Y, de todas formas, tan sólo son insectos, molestos bichos que merecen ser liquidados, ¿o no?
Las historias sobre la Segunda Guerra Mundial, desde cualquier punto de vista, parecen no tener fin, al menos en cuanto al mundo editorial respecta. Todas y cada una de ellas ofrece algo distinto al lector, aunque admitamos que, precisamente por la gran cantidad de obras publicadas sobre el tema, innovar, crear algo diferente, es cada vez más difícil.
En realidad, no sé hasta que punto habrá resultado difícil para Jorge Volpi escribir una obra tan compleja y singular como “Oscuro bosque oscuro”. El resultado, desde luego, bien ha merecido cualquier esfuerzo por su parte.
¿Qué es lo que tiene de original Oscuro bosque oscuro? En primer lugar diré, pues es lo que antes llama la atención cuando te adentras en las páginas de este libro, Oscuro bosque oscuro es una novela narrada en verso, o tal vez (para otros) sea un poemario que se parece a una novela. Lo cierto es que la forma, en verso o no, en la que esta historia está narrada, o como queramos clasificarla, poco importa, pues, sea como sea, la narración de Volpi rebosa lirismo de principio a fin, es capaz de estremecer en tan reducida extensión (tan sólo 160 páginas), dará que pensar hasta al más frío de los lectores. Como pasó primero con sus personajes.
Los personajes de esta obra no son otros que personas normales y corrientes que se ven involucradas en un juego macabro, en este siniestro adiestramiento para matar a los insectos, que no son otros que personas en realidad. ¿De verdad se puede ver a un semejante como a un ser de otra especie, como algo indigno que hay que destruir por encima de todo? Dímelo después de leer esta obra, pues también en ella estarás inmerso cuando el narrador te obligue a convertirte en un soldado más, en un autómata cualquiera a las órdenes de un sistema enfermo y sanguinario.
Y de fondo, siempre el bosque, ese inquietante y espeso conjunto de árboles agregados hasta formar una masa a veces terrorífica, un lugar que desde antiguo ha inspirado a los escritores de cuentos infantiles. Esos mismos relatos infantiles son los que Volpi nos presenta, entremezclados con la narración principal, transformados sobre todo en su final, ofreciéndonos así una visión más cruel de la historia. Pero, ¿acaso no son más reales de esta manera?
“Oscuro bosque oscuro”, en definitiva, es una breve pero intensa obra que nos ofrece una historia basada en hechos acontecidos en la Segunda Guerra Mundial desde puntos de vista totalmente novedosos. Gracias al narrador, el lector se verá directamente involucrado en una historia plural que sobrecoge hasta lo más profundo. Sinceramente, si una obra así no es capaz de remover las conciencias más superficiales, no sé qué podría conseguirlo.
El bosque, oscuro y profundo, no es temible en sí. Somos nosotros, los seres humanos, los que podemos convertirlo en un lugar tenebroso y feroz. Removamos el bosque de nuestro espíritu, alimentemos sus raíces, troncos y hojas con obras que nos hagan reflexionar para bien, como este Oscuro bosque oscuro que hoy os presento.
Cristina Monteoliva

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Título: Ancestra
Autor: Enrique Ballesteros
Editorial: Éride Ediciones
Págs: 206
Precio: 15 €
Todos tenemos miedos, temores a veces inconfesables que nos atormentan de vez en cuando. No estoy hablando del miedo a los vampiros, los zombis o una invasión extraterrestre, sino de inquietudes mucho más reales. Estos temores pueden a veces estar adormecidos, en estado latente. Pero no nos engañemos, pues es imposible escapar de ellos: tan sólo basta un pequeño estímulo para que salgan a la luz con toda su fuerza. ¿Qué hacer entonces? Tal vez deberíamos preguntarle a Néstor Pérez, el protagonista de Ancestra, la novela de Enrique Ballesteros de la que hoy hablaremos.
A Néstor le acechan las pesadillas con su tía abuela Estrella, ya fallecida, una persona a la que se sentía especialmente unido. Sin darle mayor importancia al asunto, Néstor y unos amigos comienzan el fin de semana en una lúgubre venta de los montes de Málaga, un lugar anticuado que regentan una mujer y su anciano padre, el misterioso Ambrosio Buendía. Poco les hará sospechar a los amigos en un principio la relevancia que tendrá la venta para Néstor. Pero, ¿qué misterios esconden tanto la finca como el pueblo cercano? Para saberlo, nada mejor que adentraros en las páginas de esta novela.
Como decíamos antes, el protagonista de esta intrigante novela no es otro que Néstor, un diseñador gráfico que se dispone a pasar un entretenido fin de semana en compañía de sus amigos sin llegar a pensar que el destino le espera justo en “La Nada”, la venta a la que irán a cenar el viernes por la noche. Lo que Néstor pronto descubre en el desvencijado cortijo le llevará a emplearse en cuerpo y alma en descubrir la verdad sobre la vida de su tía, de la mujer joven que un día fue en aquel lugar, de sus anhelos y esperanzas. Como si le fuera la vida en ello.
Un personaje clave en estas investigaciones que Néstor emprende de manera desesperada será Ambrosio Buendía, un anciano sombrío, muy alejado de la imagen que tenemos de los señores mayores de pueblo, que mucho tuvo que ver en la vida de la joven Estrella. Pero, ¿cuáles son sus verdaderas intenciones? ¿Quiere ayudar a Néstor o, por el contrario, obstaculizarle en su camino?
Tampoco nos podemos olvidar de la propia Estrella, a la que iremos conociendo no sólo por los recuerdos que de ella tiene su sobrino nieto, sino también por lo que de ella cuenta Ambrosio Buendía y, sobre todo, por las interesantes y bien escritas cartas que dejara a manera de diario.
Para acabar con el tema de los personajes, mencionaremos a las figuras de Julio, sufrido amigo de Néstor y a Catalina, la joven historiadora que tanto ayudará a nuestro protagonista en sus difíciles pesquisas. Pero, ¿será alguno de los dos amigos de este atormentado chico capaz de hacerle dejar una empresa que amenaza con poner en peligro su propia salud mental? ¿Puede el amor luchar contra algunos demonios del hombre?
Ancestra, en definitiva, no es tan sólo una novela de intriga llena de acción en la que veremos lo mal que puede llegar a pasarlo una persona que se deja atrapar por sus temores y sus obsesiones; sino también un buen lugar al que acudir para aprender algo (pues yo hasta ahora nada de este asunto sabía) acerca del anarquismo individualista, un movimiento pacífico y totalmente utópico que luchaba contra el olvido de todos aquellos que alguna vez habían existido con métodos tan inofensivos como constructivos. Y es que “No hay peor muerte que el olvido”, como afirma Ambrosio Buendía en estas páginas, y todo lo que no se recuerda, parece que cae en el agujero negro de “la nada”. ¿O es que acaso no te da miedo desaparecer algún día y que nadie se acuerde de ti?
Los miedos están ahí, no se puede escapar de ellos. Debemos afrontarlos como podamos, intentar que no nos dominen, de encontrar la forma de no caer en las profundas y malignas redes. Las consecuencias para nosotros mismos, de lo contrario, no creo que sean muy buenas. Y si quieres saber de qué estoy hablando, y mucho más, nada mejor adentrarte en el mundo de Ancestra.
Cristina Monteoliva

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Título: El alfabeto sagrado
Autora: Gemma Nieto
Editorial: Temas de Hoy
Págs: 554
Precio: 21 €
La de cazatesoros debe ser una profesión la mar de emocionante. Aunque gran parte de su labor de pocos frutos, tan sólo el saber que aún quedan montones de tesoros por encontrar a lo largo y ancho del mundo debe de estimular bastante a los que se dedican a esto. Pero, ¿dónde irías a buscar tú? ¿Dónde crees que habría más posibilidades de encontrar algo único oculto a la Humanidad desde hace miles de años? Te propongo que me acompañes hasta Israel y Egipto con “El alfabeto Sagrado”, el libro de Gemma Nieto del que hoy hablamos.
Víctor Lavine, el joven investigador que trabaja para una empresa dedicada a buscar tesoros por encargo, no tiene ni idea de hasta donde le llevarán las misteriosas investigaciones en las se ve inmerso desde hace un tiempo. Y es que lo que parecía un encargo aburrido acabará convirtiéndose en una gran aventura en la que llegará a conocer a la modesta secta de los mandeos y sus secretos más ocultos, topándose en el camino con personas que harán las cosas más difíciles aún, investigadores interesados en encontrar los supuestos tesoros que los mandeos ocultan, no siempre con buenas intenciones. ¿No suena emocionante?
Si bien en esta novela de sabio y detallista narrador externo a la trama actúan multitud de personajes y el papel de los secundarios es crucial para el desarrollo de la trama, podríamos decir que el protagonista de la misma es el ya mencionado Victor Lavine, investigador de espíritu inquieto, un hombre cansado del tedioso trabajo de biblioteca que sabe distinguir la oportunidad de su vida en cuanto se le presenta.
Afortunadamente, Víctor no estará solo en esta aventura. Así, le acompañarán a lo largo de las letras grandes amigos como (por citar unos cuantos) el viejo pero entusiasta investigador Isaac Ben Simón; Said, el comerciante que tanto apego siente por sus viejos vehículos y por los pastelitos que cocina su mujer y la orientalista Andrea Jacobs, la bella e inteligente mujer que jugará un papel importantísimo tanto en la vida de Víctor como en la trama en general.
Del bando de “los malos” debemos destacar los papeles que interpretan en esta historia tanto Samuel Sinclair, casi un padre para Andrea Jacobs, el hombre ambicioso que hará todo lo que sea por descubrir los supuestos tesoros de los mandeos, siempre en busca del éxito académico; y Martin Crown, su mano derecha y despiadado jefe de los Cristianos de San Juan, un hombre con el que a nadie le gustaría estar enfrentado.
Muchos son los libros de aventuras que se escriben hoy en día, todos cargados de emoción y acción a raudales: pero no tantos pueden presumir de indagar en temas novedosos y verdaderamente interesantes. Éste de Gemma Nieto, sin embargo, no sólo nos ofrece una historia de aventuras, sucesos extraordinarios (mágicos o paranormales, según se mire) y misterios por resolver donde el lector no sabe hasta el final lo que los investigadores hallarán ni las dificultades con las que se encontrarán por el camino, sino también valiosa información acerca de una secta desconocida para la mayoría de la gente. Me refiero a la ya mencionada secta de los mandeos, un grupo religioso pacífico que sobrevive a la opresión como puede en Irak y cuyo profeta es Juan el Bautista, personaje crucial en la vida de Jesucristo y al que, no obstante, el cristianismo no parece otorgarle tanta relevancia. Gracias a la información que Gemma Nieto nos transmite en este volumen, además, sabremos también que los mandeos dan una gran importancia al alfabeto. ¿No resulta fascinante y a la vez precioso? ¿No es en verdad uno de los mayores tesoros que tenemos los seres humanos? ¿Qué haríamos acaso si nunca se hubiera inventado? Mucho que pensar, mucho que aprender. Aunque será mejor que lo descubras por ti mismo adentrándote en las páginas de este libro.
¿Cuántos tesoros quedarán por descubrir, cuantos permanecerán por siempre sin ser encontrados por los investigadores? No creo que sea fácil dar una respuesta. Lo que si os digo, amigos, es que para encontrar interesantes tesoros con la imaginación no hace falta salir de casa, tan sólo hacerse con un ejemplar de “El alfabeto sagrado” y comenzar la aventura.
Cristina Monteoliva

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