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Título: Corazones cicatrizados
Autor: Max Blecher
Traducción: Joaquín Garrigós
Editorial: Pre-Textos
Págs: 196
Precio: 20 €
Una cicatriz es una señal que queda después de que se cure una herida o, en sentido figurado, una impresión en el ánimo por algún sentimiento pasado. Estas dos acepciones indican una huella, un estigma que se graba para siempre en nuestra carne o en nuestro espíritu y que nos hará recordar algo. Además, la cicatriz se vuelve insensible. Casi todos tenemos una, así que creo que no debo detenerme más en el concepto.
Los personajes de esta novela nos presentan sus corazones cicatrizados, porque más allá de la enfermedad que padecen, son espíritus que han avanzado en la comprensión de ésta y deciden seguir adelante, cicatrizan su dolor físico y anímico y luchan con todas sus fuerzas (que no suelen ser muchas) para aprovechar lo que les quede de vida de la mejor manera.
El protagonista de la novela es Emanuel, alter ego de Max Blecher, que sabía perfectamente de qué estaba hablando: una tisis ósea que padecía desde los 19 años no le dejó llegar a los treinta.
Emanuel viaja al sanatorio de Berck, al noreste de Francia, y allí se despliega la trama, pues lo que nos cuenta Blecher es la estancia de Emanuel en el sanatorio. Entramos en un ambiente asfixiante, sucio, angustioso, donde domina la tristeza, el tedio. Somos testigos del proceso de asimilación de la nueva situación vital de Emmanuel, enfermo entre enfermos. Con extrema lucidez, Blecher nos hace ver que no somos más que un cigarrillo “que, olvidado en el cenicero, se transforma lentamente en ceniza en toda su extensión” (p.35).
Y a pesar de esto, como ya he mencionado, estos corazones cicatrizados luchan por la vida, por sus vidas, por sentirse vivos entre ese clima putrefacto y decadente.
Pero «Corazones cicatrizados» no destaca únicamente por lo que cuenta, sino por cómo Blecher lo cuenta. Adjetivaciones precisas, descripciones minuciosas y efectivas, períodos oracionales que logran que el lector se sumerja en el ambiente asfixiante de Berck; y sobre todo, comparaciones muy visuales y originales. Por ejemplo:
“La línea azulada y brillante del océano acostada sobre la arena, como una espada ardiente” (p.33); “se le ha pegado la rutina… como se pega el musgo a un muro” (p.62); “daba la impresión de que en aquel lugar hubiesen despellejado la tierra para que se viese su circulación íntima, las arterias ardientes y terribles por las que discurrían el oro y la púrpura incendiados” (p.99); “la claridad del agua se volvía una gelatinosa aureola y enturbiaba los ojos” (p.141).
Si de vez en cuando es necesario que nos recuerden lo frágil y caprichosa que resulta nuestra existencia, «Corazones cicatrizados» es una buena y cruel forma de enfrentarnos ante esta realidad, aunque después de la lectura, inevitablemente, quedaremos marcados por Blecher.
Raúl Rubio Millares

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Título: Blaze
Autor: Richard Bachman (Stephen King)
Traducción: Javier Martos Angulo
Editorial: Plaza & Janés / Debolsillo
Págs: 336
Precio: 19,90 € / 8,95 € en edición de bolsillo
Blaze es un bobo, Blaze mide más de dos metros, Blaze quiere secuestrar a un bebé.
Con esta premisa nos adentramos en el argumento de la novela “Blaze”, del rey del terror, Stephen King (aunque bajo su pseudónimo). Una novela que se sale de sus últimos registros en terror para adentrarse en el campo del drama, la novela policiaca y el suspense, y por eso es comprensible que la haya publicado bajo su alter ego ya que King es sinónimo de terror y en esta historia no es eso lo que se busca, ni lo que se encuentra.
Antes de comenzar la reseña, permítanme decirles que aquí no nos encontraremos ante uno de sus ya típicos tochos que superan las quinientas páginas, es una novela más bien cortita para lo que nos tiene acostumbrado (en edición de bolsillo tiene unas 330 Pág.).
Aunque no hace mucho que se puso a la venta, esta novela tiene ya sus años, se dice que King la entregó al editor junto con El misterio de Salem´s Lot, novela que corrió mucha más suerte y fue publicada mientras que Blaze acabó en ese cajón tan hondo que debe tener este hombre.
Hasta que un día, muchos años después y por causas benéficas, decidió rescatarla, reescribirla y ponerla en circulación.
Como decía al principio, Blaze es bobo (palabras de King). Este gigantesco hombre ha tenido una infancia traumática con un padre maltratador y un amplio bagaje por orfanatos de mala muerte, su historia es casi tan triste como la de Oliver Twist, y como el niño londinense, Blaze acaba conociendo el turbio mundo de la delincuencia de la mano de personas que le manejan a su antojo.
Y es que Blaze no está solo en la vida. Siempre le acompaña George, un avispado timador al que sirve de gorila y por el que Blaze siente especial cariño. Pero solo hay un problema: George está muerto.
¿Fantasma? ¿Locura? Es algo que no se aclara en la novela y creo que es mejor así. Las conversaciones con George llevan (y llenan) casi la trama de su presente.
La novela se divide entre recuerdos de su infancia (flashbacks) y la historia actual que es en la que secuestra al niño. Decir que nunca unos flashbacks habían tenido tanto peso y habían hecho una historia tan interesante como en esta novela, y ahí puede radicar el problema más importante que puede tener Blaze: Sus recuerdos son más interesantes que la historia del secuestro del bebé en sí, que transcurre con unas cuantas pinceladas, mientras que de la infancia de Blaze conocemos mucho más y es más rica en matices.
Aún así, la novela es totalmente recomendable, tanto para los fans de King como para los de Bachman.
Al finalizar nos encontramos también con unas páginas que son el inicio de la que fue su siguiente novela, la más que recomendable Duma Key.
Resumiendo, Blaze es una novela que quizá no entrará en el Olimpo de las mejores escritas por el de Maine pero que sin duda no pasará indiferente ante nadie.
Juande Garduño

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Título: Rapsodia Gourmet
Autora: Muriel Barbery
Traducción: Isabel González-Gallarza
Editorial: Seix Barral
Págs: 188
Precio: 15 €
El mundo de la alta cocina es sumamente complicado, con toda esa competencia entre chefs internacionales por conseguir que sus platos sean siempre los mejores, y todos esos clientes importantes a los que impresionar. Pero, ¿quién decide cuáles son las mejores recetas y quiénes los mejores cocineros? La última palabra, sin duda, siempre la tienen los críticos gastronómicos, quienes con la agilidad de su pluma pueden encumbrar o hundir la carrera de un genio creador de la cocina. Pero, ¿son estos seres tan crueles en realidad o es tan sólo su trabajo? Descúbrelo a lo largo de las páginas de Rapsodia Gourmet, la novela de Muriel Barbery de la que hoy hablaremos.
Pierre Arthens, el mejor crítico gastronómico del mundo, está literalmente acabado, y no por que nadie le haya robado el puesto sino porque, simplemente, morirá irremediablemente en pocas horas. Muchas son las cosas que podrían pasar por la cabeza de un hombre con una vida tan intensa como la suya durante los últimos momentos de vida. Pero, ¿qué podría desear realmente alguien como Pierre más que nada en el mundo antes de dejar este mundo? En su caso, encontrar un sabor casi olvidado, el mejor del mundo, aquél por el que aguantará un poco más.
Los que ya conozcáis la literatura de Muriel Barbery ya sabréis que su forma de hacer las cosas puede ser calificada de muchas formas, pero nunca de simple. En esta ocasión, por ejemplo, nos ofrece una historia contada por una buena cantidad de narradores, un sinfín de voces con mucho que aportar a la trama. Así, como si de un puzzle se tratara, tendremos que conocer todas y cada una de las piezas en forma de soliloquios para llegar a evaluar en conjunto la obra, que no es otra que la vida de Pierre Arthens, este crítico gastronómico que debe hacer un exhaustivo repaso a toda su trayectoria personal por el maravilloso mundo de los sabores, desde la más tierna infancia, para llegar a encontrar ése que rememorar gustativamente antes de dejar este mundo.
Muchos dirán de este libro que es un homenaje al placer de comer, un lugar al que acudir cuando queramos recordar los sabores que tanto disfrutábamos en la infancia y que ahora puede que, por culpa de la vida moderna, de estas prisas nuestras, apenas deleitemos: ese trozo de pan con mantequilla que comías lentamente para que nunca acabara, el descubrimiento de la mayonesa, las ensaladas frescas en la terraza, las sabrosas carnes en las barbacoas playeras...
Sí, esa parte es cierta, es la que conoceremos gracias a este crítico literario apunto de morir (el único narrador constante, por cierto, desde el comienzo hasta el fin de esta obra). Pero a mí, amigos, me ha llamado mucho más la atención la otra, es decir, el efecto que producen las opiniones de todos aquellos que le rodearon, el contraste entre el amor y el odio, ese despertar de sentimientos encontrados ante la noticia de la próxima muerte de un hombre de difícil trato, un tirano para muchos (sobre todo, sus familiares, y más concretamente, sus menospreciados hijos), un genio para los demás. Es curioso ver como los puntos de vista se cruzan a veces, son tan dispares otras y, en definitiva, nos hacen entender que la vida es efímera y, queramos o no, vamos dejando un rastro positivo o negativo en las personas que quedan tras nuestra muerte.
Rapsodia Gourmet, por tanto, es una novela corta pero de sabor tremendamente intenso, una obra de múltiples lecturas que, sin embargo, nos hará pasar un buen rato a la vez que reflexionamos sobre la vida, la muerte, lo que importa y lo que no debería darnos ningún quebradero de cabeza.
Los críticos de pluma despiadada, todos aquellos que parecen querer hundir la carrera de los demás, ¿no son al fin y al cabo también personas con sus virtudes, defectos y, sobre todo, sus debilidades? La vida no está compuesta solo del blanco y el negro, de igual manera que tampoco en la cocina encontramos un par de sabores, sino miles de los que disfrutar. Descúbrelo a través de Rapsodia Gourmet, un libro que sin duda te sabrá la mar de bien.
Cristina Monteoliva

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Título: Control de plagas
Autor: Bill Fitzhugh
Traducción: Daniel Meléndez Delgado
Editorial: ViaMagna
Págs: 416
Precio: 16,95 €
Creo que a veces nos complicamos la vida innecesariamente; aunque en un mundo lleno de mensajes subliminales, afirmaciones ocultas y dobles sentidos, ¿a qué es cada vez más difícil entender que las cosas también pueden ser simples? La respuesta más sencilla suele ser la que resuelve cuestiones en apariencia complejas, por mucho que nos sorprenda. Así es como arranca Control de plagas, la novela de Bill Fitzhugh de la que hoy os voy a hablar.
Bob Dillon es un biólogo y padre de familia que trabaja exterminando plagas en la peligrosa ciudad de Nueva York. El día en el que le despiden de su empleo por negarse a usar más veneno de la cuenta, Bob ve la oportunidad de montar su propio negocio de exterminio de plagas por métodos puramente biológicos. Nuestro amigo decide celebrarlo con un amigo y, en medio de la borrachera, contesta a una sospechosa oferta de trabajo aparecida en el periódico, sin saber que por culpa de tan inocente acción acabarán confundiéndole con un peligroso criminal. El divertido embrollo no ha hecho más que empezar.
Nos decidimos a leer un libro por su portada, por su título, incluso puede que por el primer párrafo que de inicio a la historia que sus páginas entrañan. En este caso, creo que los tres elementos os resultaran del todo atrayentes: la portada es llamativa, el título da bastante que pensar (el ser humano, como decíamos, siempre buscando dobles sentidos en este mundo moderno) y el primer párrafo, con ese inocente Bob Dillon convertido en bicho a través de una ingeniosa metáfora elaborada por el no menos chispeante autor de esta novela, no podrá dejar a ningún lector indiferente.
Ésta es una historia narrada en tercera persona por un ser omnisciente que sabe tantas curiosidades del mundo de los insectos y demás bichos que, por lo general, nos dan tanto repelús, como el protagonista de la misma. De vez en cuando pensaremos que habla por hablar, que nos ofrece información irrelevante simplemente porque es él el que lleva los hilos y puede hacerlo. Nada más alejado de la realidad, amigos, pues, como comprobaréis si os decidís por esta obra, todos los datos, por superfluos que parezcan, acaban siendo piezas fundamentales a la hora de completar este interesantísimo puzzle en forma de comedia de enredo con tintes negros.
El protagonista de esta historia no es otro que Bob Dillon, hombre que desde la más tierna infancia, al tener un nombre tan similar al del cantante, sabe lo que es vivir en un mundo de dobles sentidos. ¿O no? La verdad es que este entomólogo idealista, capaz de dejar en la indigencia a su adorada esposa y su inteligente hija por cumplir su sueño de crear un insecto híbrido capaz de acabar con las cucarachas, no tiene ni idea de lo que se avecina. ¿Se dará cuenta a tiempo?
Los personajes secundarios no os resultaran ni menos interesantes ni entrañables que el amigo Bob. Destacaremos (sólo por ser breves, pues todos los actores secundarios de esta obra se me hacen imprescindibles) a Mary, la sufrida mujer de Bob que se debate entre la seguridad que da la economía o el amor; Katy, la hija siempre pegada al televisor para ver programas violentos, la única que tan bien comprende a su soñador padre; y Klaus, el asesino a sueldo con valores éticos que se gasta todo el dinero en juegos de azar
Control de plagas, en definitiva, es una divertidísima novela en forma de comedia de enredo con tintes de novela negra en la que el lector quedará tan atrapado como una cucaracha en la tela de una araña. Gracias a unos personajes con los que es más que fácil conectar, un argumento ágil y ocurrente lleno de situaciones y datos tan interesantes, todo ello escrito con una prosa atractiva, eficaz e impecable, Control de plagas se convertirá en uno de tus libros favoritos si te decides por él.
La vida está llena de dobles sentidos y de malentendidos absurdos. Imagino que, por lo mismo, tan sólo entenderás que Control de plagas es un libro genial si alguna vez te decides leerlo. Así que, ¿tengo que decírtelo dos veces? Anímate y ya verás como me das las razón en todo lo que hoy te he dicho de este libro.
Cristina Monteoliva

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Título: Lo que perdimos
Autor: Catherine O´Flynn
Editorial: Seix Barral / Booket
Págs: 320
Precio: 17,50 € / 7,95 € (en edición de bolsillo)
Catherine O´Flynn muestra de una forma magnífica una historia de orden inédito a la hora de narrar los hechos. Lo que perdimos ha sido una sorpresa para mí. En lo más profundo de mi ser buscaba una historia de Terror, o al menos de Misterio, desarrollada en un centro comercial. Porque he trabajado en un centro comercial. Porque he sido Vigilante. Además, no hay más que leer la contraportada para entusiasmarse con ese argumento.
Sin embargo, comencé a leer constantes capítulos apesadumbrados, párrafos llenos de tristeza y frases inmersas en el dolor y la pérdida de personas queridas. Se puede decir que estamos ante un maravilloso titulo para un libro. Porque Lo que perdimos, son tres palabras que definen demasiado bien el contenido de la novela que tenemos delante.
Pese a no ser lo que buscaba, me encantó porque los hechos penetran en tu sensibilidad. ¿Otro tipo de Terror?
La historia comienza en 1984. Lo que acontece a una niña de ocho años, la cual desea con todo su corazón fundar una agencia de detectives. De hecho, la va creando poco a poco; toma notas, detalles de lo que no debe faltar en su próspero negocio, lugares de encuentro a los que acudir para observar sospechosos… En definitiva, la primera parte cuenta la vida de Kate Meaney al completo; lo que le gusta, lo que no, quien le falta en la vida y como el destino la aprisiona para que ejerza en su soledad. Después, la historia avanza en el tiempo hasta 2003 y Kate Meaney ha desaparecido. Su mejor amigo se considera sospechoso y a partir de aquí, una serie de personajes, relacionados de una forma extraña entre sí; comienzan a desenmarañar la desaparición de la niña, a partir de unas apariciones fantasmales que se han dado en Green Oaks (el centro comercial).
Aunque quizás sea un misterio que tenga que desvelarse sólo. Porque el paso del tiempo, ayuda, así lo cree Catherine O´Flynn, así lo creo yo. También ayuda en este caso, que el mejor amigo de la niña… Bueno, esto es lo mejor, así que no destripo más. Me encantó.
Un argumento de los que angustian, de los que ensombrecen el alma. De los que te hacen cavilar sobre el paso de los años y activa tu subconsciente para alarmarte. Tal vez, no sea tarde, lleva como simbolismo. Nunca lo es, dicen otros. Para algunas cosas, sí, contestaría yo.
El destino está escrito, insistiría Kate Meaney, la niña de Lo que perdimos.
Juan José Castillo

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Título: Un día más
Autor: Mitch Albom
Traducción: Montse Batista
Editorial: Maeva
Págs: 240
Precio: 19,50 € /9,50 € en edición de bolsillo
Cada uno de nosotros ha perdido algún ser querido por el camino. Y muchas veces, cuanto más pasa el tiempo, más crecen los resentimientos por lo que hicimos o no debimos hacer, dijimos o no debimos decir.
En la vida a veces se está en la cima, otras veces se come el polvo, pero siempre hay otra posibilidad. Sin embargo cuando alguien se va, ya no hay vuelta atrás: solo queda el deseo de otra conversación, otro momento por compartir con ese alguien querido. Puede pasar el tiempo, pero ya no habrá otra oportunidad.
Para Chick, habrá otra ocasión, por increíble que parezca. La vida de Chick no pasa precisamente por un buen momento. Al revés, ha decidido que ya nada merece la pena: su hija ni siquiera le invitó a su boda. La foto donde él no está lo dice todo.
No es de extrañar que se llegue a un punto en el que te puedes encontrar solo: si está amargado contigo mismo, también lo estarás con los demás. Y si has conseguido que un sueño se convierta en realidad, es posible que no te des cuenta. Y la rendición es solo el primer paso hacía el final. ¿Qué sentido tiene vivir? Es lo que pregunta se Chick.
Por ello da igual que se coja la autovía en sentido contrario, que alguien que no tenga nada a que ver con tu vida se pueda estrellar, por que cuando quieres morir, a veces lo que te toca es vivir. Y es así por que las cosas tienen un sentido, aunque no lo parezca: hasta el punto de volver a reencontrarse con su madre, que murió 8 años atrás.
En el libro podemos encontrar el balance de las veces que nos apoyan y de las que no, los contrastes de los padres, y las distintas maneras de estar con los hijos. Es el reflejo de la vida de una familia normal: las notas que Posey deja a su hijo por que escribir y leer es como hablar, la coherencia de un padre católico que regenta una tienda de licores y cómo Chick se agarra al amor que piensa que puede perder.
El lector se identificará con algunos de estos momentos, muchos de ellos se quedarán para siempre: la muerte que llevará consigo la palabra Mamá, o la felicidad de los padres de Chick mientras bailan.
Pero hay también momentos en los que el lector podrá perderse y no sabrá discernir la realidad del sueño, como sucede en los encuentros con personas que ya no están y que sin embargo siguen allí y que solo se explica por que cuando se quiere a una persona, nunca nos deja para siempre: se queda en nuestro corazón. Y por esto se puede volver e reencontrar.
El tiempo pasa muy rápidamente y con el crece el balance de los acontecimientos, hasta el final cuando se escuchan las palabras que nunca nadie quisiera oír y de las que Chick sentirá alivio cuando, gracias a su madre, comprenderá que debe perdonarse a si mismo.
Match Albóm consigue que nos sintamos como Chick, que vivamos una y otra vez situaciones tan comunes a los ojos de los demás, pero que a los nuestros son un mundo tal vez demasiado grande para ser vivido y comprendido. Por esto no podemos que estar de acuerdo cuando se afirma que hay que ser recordado por estos días y no por los que fueron. Solo así las cosas volverán a su ser como siempre se quiso.
Giuseppe Favale

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Título: La sal de la vida
Autora: Anna Gavalda
Traducción: Isabel González-Gallarza
Editorial: Seix Barral
Págs: 156
Precio: 12 €
La vida es demasiado corta: la infancia se nos pasa volando y pronto llegamos a la edad adulta, una etapa llena de responsabilidades y normas que respetar. Cuando nos queremos dar cuenta, ya hemos pasado la barrera de los treinta. No es de extrañar que a veces miremos atrás con nostalgia, que recordamos con anhelo aquellos días felices de travesuras entre hermanos y amigos que ya nunca volverán. Pero, ¿qué es lo que nos impide realmente tomarnos un respiro al menos durante un día y volver a ser niños? Ésta es probablemente una de las preguntas que te harás después de leer “La sal de la vida”, la nueva novela de la autora francesa Anna Gavalda.
Garance y sus hermanos deben asistir a la boda de uno de sus primos en un pueblecito de Francia. La ausencia de Vincent, el pequeño de los hermanos, por motivos estrictamente laborales, llevarán a Garance, Lola y Simon a tomar una decisión totalmente alocada: dejar la boda y el resto de familiares atrás para vivir todos los hermanos juntos (también con Vincent) un último día de infancia.
Hay historias que deben ser contadas desde dentro, desde el centro mismo de la trama. Así, “La sal de la vida” no sería una novela tan extraordinariamente genuina si no fuera Garance, la hermana más disparatada de los cuatro, la que nos hiciera adentrarnos en ella. Y es que Garance, además de ser una jugadora empedernida de póquer y una mujer capaz de depilarse las piernas en un coche en marcha con un mejunje extraño comprado de urgencias en una tienda de chinos, es también una guía increíblemente cercana y divertida, una narradora que sabe como conectar con el lector para hacerle comprender la necesidad de estos cuatro hermanos, tremendamente unidos entre sí, de volver por una vez en su vida de adultos a revivir los días de infancia, dejando atrás, aunque sea por unas horas, todos los problemas que normalmente les preocupan.
Acompañan a Garance en esta deliciosa aventur, entre otros muchos curiosos personajes que, definitivamente, tendréis que conocer adentrándoos en las páginas de esta novela; y además de una buena cantidad de canciones de todos los tiempos, a manera de banda sonora, y grandes títulos literarios que, sin duda, dan ganas de leer: Simon, el mayor de los hermanos, el que todos califican como un santo y un héroe capaz de cualquier cosa por los demás; Lola, la hermana elegante aún convaleciente por su reciente divorcio; Vincent, el pequeño de la familia, el músico capaz de hacerse pasar por el dueño del castillo que enseña cada día a los turistas; y Corine, la esposa de Simon, esa cuñada maniática que con tanto recelo ve la estrecha unión de los cuatro hermanos.
En definitiva, queridos amigos, la nueva novela de Anna Gavalda es justo lo que necesitábamos sus seguidores: una historia fresca escrita con un estilo inimitable, tremendamente divertida, entrañable y vital, una novela corta (prácticamente se lee en lo que dura una película, de ahí que al terminar de devorarla el lector tenga casi la sensación de haber estado en el cine, también por lo cinematográfica que puede llegar a ser la trama) y a la vez tan intensa, tan llena de positivismo, amor y aventuras, una obra que nos hace viajar al pasado de los personajes, pero también al nuestro, a través de la música, la literatura y todos esos recuerdos de las hazañas de infancia, de un tiempo en el que todos vivíamos despreocupados, momentos que parecían no tendrían fin y que ahora, ya adultos, tanto echamos de menos.
La vida es demasiado corta y está llena de momentos tristes. La felicidad es un rayo de sol en medio de las nubes de tormenta. No es de extrañar que caigamos a veces en la negatividad y en la desidia. Pero todo tiene remedio, menos la muerte. Así que si estás falto de energías, no dudes en adentrarte en “La sal de la vida” pues, como si de una inyección de alegría se tratara, verás como pronto ves las cosas de otra manera tras su lectura. ¡Anímate a comprobarlo!
Cristina Monteoliva

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Título: Las cinco personas que encontrarás en cielo
Autor: Mitch Albom
Traducción: Mariano Antolín
Editorial: Maeva
Págs: 224
Precio: 19 € / 9 € en edición de bolsillo
Cada día nos levantamos, y en la mayoría de los casos llevamos a cabo la misma rutina durante toda la vida (trabajo, familia, amigos, amores), siguiendo un guión que parece inmutable, escrito por y para nosotros y del que somos simplemente actores. Por eso a veces nos persigue la sensación de desperdiciar nuestra vida, de ser incapaces de salir a cambiar las cosas. Hasta que llega el final. ¿Y si nos diéramos cuenta que todo tiene un por qué, que todo tiene una respuesta y que nuestras existencias no son tan inútiles como parecen? ¿Y si nuestros actos y nuestras vidas responden a un proyecto y que, sobre todo, tienen consecuencias sobre las vidas de lo que nos rodean?
Eddie lleva toda vida trabajando como empleado de mantenimiento en el Piper Park. Su último día en este mundo coincide con su 82º cumpleaños, sin saber que ese día llegará el momento, y sobre todo sin saber cuales serán sus últimas palabras.
Alguien podría preguntarse cuales serán las últimas palabras que pronunciaremos. Que rara puede parecer una cosa así, sobre todo por que este momento podría llegar cuando menos nos lo esperamos….las de Eddie fueron: Atrás.
Eddie tuvo que aceptar su vida, no hubo otra elección, no hubo otra oportunidad. Su último día comenzó de la misma forma, dando una vuelta por el parque. Revisando las instalaciones, para que todo siga su curso. La chapa de su uniforme revela quien es: Eddie Mantenimiento. Así es como lo llaman los niños, y un niña será el ultimo recuerdo de Eddie, un grito y luego...El viaje.
Durante la lectura aprenderemos que el cielo existe para entender la vida en la tierra, que las cosas no cambian en el paraíso, y que, ante todo, las cosas están relacionadas. Eddie en su último viaje encontrará 5 personas que se han cruzado en su vida, algunas sin saberlo, y de cada una aprenderá una lección.
La primera persona es un desconocido para Eddie: el hombre azul. Trabajó como atracción en el parque cuando Eddie era pequeño. Y Eddie ahora sabrá que fue la causa el accidente que lo llevó a la muerte. Y justo así aprenderá la primera lección que seguramente dejará estremecido al lector.
Y mientras en el parque suena una música alegre, nuestro protagonista yace en el suelo sin vida.
La pierna de Eddie ya no duele, el dolor ha desaparecido, y con esta sensación se reencuentra con su antiguo capitán, con el que comienza una dura pelea que nada parece tener a que ver con lugar donde se encuentran: el fue quién le disparó, quien le condenó a sufrir toda la vida. Y sin embargo le perdona: el capitán lo hizo para que siguiera vivo y nos enseñará la 2º lección, que posiblemente deje al lector la sensación de que las decisiones tienen un precio.
En el libro podremos encontrar, o reencontrar, a nuestros padres: gestos sin palabras, ausencia de paz, nos harán creer que a veces nos condenan a vivir una vida que no es nuestra, en un lugar del que siempre se intenta escapar y que nos atrapa durante toda la vida.
Su madre le enseñará a Eddie que las cosas no fueron lo que parecieron, y que siempre hay algo que empuja la actuaciones humanas. Y aquí aprende su 3º lección, con la que el lector estará seguramente de acuerdo.
Y el encuentro con mi Margarite, su amor, su vida y de cómo las circunstancias fueron llevando sus vidas, desperdiciando las oportunidades, los sueños que acabaron rotos hasta que llegó el final. Pero la 4º lección hará que Eddie prosiga su particular camino en el cielo hasta encontrar la respuesta: su respuesta.
Y finalmente allí esta, tendiendo sus manos la 5º persona, aportando claridad y paz al corazón de Eddie. El lector quedará sobrecogido por este encuentro, deseando que se hubiera producido desde el principio, un encuentro que ha sido necesario para que el camino llegara a su fin: la 5 lección.
Mitch Albóm consigue que el lector se pare un momento y reflexione: hay muchos libro que intentan ayudar a tomar conciencia de nuestra vidas, pero quizás este sea uno de los pocos que nos da la esperanza de que no todo ha sido inútil y que debemos vivir nuestras vidas pues todo tiene un por qué.
Y aprenderemos que allí en el cielo hay cinco personas que nos esperan para contárnoslas lecciones que quizás nunca aprendimos.
Giuseppe Favale

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Título: Retratos de Will
Autora: Ann Beattie
Traducción: Marta Alcaraz
Editorial: Libros del Asteroide
Págs: 288
Precio: 17,95 €
Quiero ser madre, por lo menos, he querido ser madre durante los diez minutos siguientes a haber terminado de leer este libro.
No es que te remueva por dentro, es que te saca las entrañas, las mete en Thermomix y luego las colocas dentro, si tienes narices, por no decir otra cosa.
Y si encima me dicen que el autor de esta obra maestra, que es la última que he leído, es una mujer que no tiene hijos, lo que quiero es ser ella.
Tener su exquisita sensibilidad y sobre todo su fuerza.
Aunque si os soy sincera, lo que me gustaría es ser cada uno de los personajes de este libro que habla de las relaciones entre padres e hijos, entre hijos e hijos, entre los miembros de la familia, pero sobre todo, habla de nosotros mismos.
Querría ser la protagonista de una de las fotografías de Jody, alguna de las obras de arte de la galería en la que trabaja Mel, una cerveza del chiringuito de Florida donde el padre de Will, que tiene cinco años, le dice que le quiere pero que no se quede mucho tiempo con él…
Porque de un tiempo a esta parte nos hemos olvidado de que la familia se construye con amor y sin dinero; con una caricia en el pelo y no con una tarjeta de crédito.
Que el amor es eso, un cheque en blanco al portador que no tiene fecha de caducidad para su cobro y que por eso cuesta tanto, porque está en blanco.
¿Y cómo sobrevivimos emocionalmente a la vida? Con nuestra lectura lo vamos descubriendo poco a poco. Sintiendo cómo, sin prisa pero sin pausa,vamos superando todas y cada una de las circunstancias que nos encontramos, antes de que nos superen ellas a nosotras.
Ann Beattie me ha ido poniendo pos-its por toda la casa, con las palabras compromiso, miedo, amor, sinceridad, lucha, supervivencia, emoción, dignidad.
Y por eso merece la pena Retratos de Will.
Porque creo que la literatura está en la propia vida y este libro me lo ha demostrado. Todos somos Will en algún momento de nuestra madurez. Miramos expectantes a nuestro alrededor intentando comprender cómo es posible que nuestra vida se desmorone a consecuencia de una maniobra mal hecha en la vida de los demás.
Y entónces Will se levanta de su silla, en esa terraza de Florida y cogiéndole a su padre las manos le dice algo que viene a ser parecido a esto:
“Se que conmigo aquí pierdes intimidad, que no cuentas con que me quede mucho tiempo, que no quieres que te moleste, que no quieres jugar conmigo a la pelota. Pero ¿sabes?, necesito estar contigo, interrumpir tu intimidad, molestarte y oírte decir que me quieres porque soy tu hijo y tu mi padre, y como diría Mafalda, nos graduamos el mismo día”.
Porque todos queremos que nos digan que nos quieren, aunque sea mentira….
Todos queremos que nos lancen la pelota, para tener que devolverla, aunque hayamos tenido que ir a recogerla lejos.
Así que yo, te paso mi pelota…
Elvira Ramos

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Título: Burlando a la parca
Autor: Josh Bazell
Traducción: Benito Gómez Ibáñez
Editorial: Anagrama
Págs: 320
Precio: 18 €
Imagina que tienes un problema de salud más o menos serio y acudes al hospital más cercano. El médico que te atiende parece un poco cínico, aunque no más que aquellos con los que te has topado otras veces. Nada te hace sospechar que en el pasado de este matasanos que te ausculta con poco interés no sólo hay un montón de horas de clase en la Universidad e interminables noches de botellón. Si quieres saber algo más sobre este tipo, nada mejor que adentrarte en “Burlando a la parca”, la novela de Josh Bazell de la que hoy te hablo.
Peter Brown no siempre quiso ser médico. Hubo un tiempo en el que ni siquiera se llama Peter, sino Pietro. En aquel tiempo, Peter (o Pietro) era un tipo bastante distinto, un despiadado sicario de la mafia neoyorkina a las órdenes del abogado David Locano. El Programa de Protección de Testigos obró el milagro, y ahora Peter es médico en el Manhattan Catholic. Sin embargo, ¿es posible ocultarse por siempre de la mafia? ¿Qué pasa si uno de sus pacientes resulta ser uno de sus antiguos compinches? ¿Podrá eludir Peter a la muerte una vez más?
Las respuestas a las preguntas que planteo en el anterior párrafo las encontraréis entre las páginas de este libro, no os quedará más remedio que leer “Burlando a la parca” para salir de dudas. Lo que sí puedo hacer es daros unas cuantas pistas, principalmente, contándoos un poco más acerca del interesante y mulfifacético personaje que es Peter Brown.
En primer lugar, sabed que Peter Brown, este médico borde al que muchos lectores encontrarán similar al televisivo Doctor House, es, además del protagonista, el narrador de su historia. O, mejor dicho, sus historias, pues, como nos hará entender a lo largo de la narración, existen dos partes bien diferenciadas en su vida: la vida de mafioso y la de médico. Los capítulos escritos en presente se alternan con aquellos otros que narran su pasado para hacernos comprender no sólo las dificultades con las que se enfrentará en el día en el que comienza y acaba la narración en su estado más actual, sino también el porqué de su duro carácter. Se trata de una prosa ágil en la que no faltan ni la acción ni el sentido del humor más negro, tampoco las más curiosas clases prácticas de Medicina.
El Peter protagonista es un joven arrogante, cínico e inteligente que busca la redención a través de la Medicina, una profesión con la que verdaderamente disfruta a pesar de las penosas condiciones de trabajo a las que se enfrenta cada día (todos sabemos ya, gracias a las últimas noticias, que el sistema sanitario americano está muy lejos de ser perfecto). Él es el asesino que se convierte en salvador de vidas, aunque sus enemigos del pasado no se lo vayan a poner nada fácil. Conocer su historia, sin embargo, nos hará preguntarnos muchas cosas, como: ¿cuántas vidas hay que salvar para compensar los asesinatos cometidos? ¿Es justo lo que el Programa de Protección de Testigos ofrece a los delincuentes americanos? ¿Por qué unos merecen salvarse a cambio de la información que dan mientras que sus jefes se enfrentan a la cárcel y la pena de muerte?
Burlando a la parca, en definitiva, es una interesante apuesta que mezcla los elementos propios de la novela negra bastante sangrienta (una lectura no apta para estómagos sensibles, lo advierto) con los de las modernas obras de médicos que se enfrentan a casos difíciles (quizá algo más explotado televisivamente que literariamente) y la comedia de humor negro. Este explosivo cóctel divierte, entretiene, aunque, como decía antes, también haya que estar preparado para enfrentarse a algunos de sus pasajes más crudos. Además, por si fuera poco, y aunque el autor advierta al final de que todo lo que se habla en esta obra es ficticio, más de uno acabará (o acabaremos) planteándonos temas como el antes mencionado “Programa de Protección de Testigos” y el estado de la Sanidad en los Estados Unidos. Aunque, ¿quién sabe si en nuestros hospitales ocurren sucesos tan flagrantes como los que Bazell describe?
Tu médico de cabecera, el cartero, la peluquera…Todos tienen un pasado, quizá más oscuro del que te imaginas. Pero mejor no pensarlo. Si quieres conocer el pasado oscuro de alguien que no pueda “hacerte daño”, nada mejor que adentrarte en las páginas de Burlando a la parca.
Cristina Monteoliva

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