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Título: El cuerpo de la casa
Autor: Orson Scott Card
Traducción: Rafael Marín
Editorial: Alamut
Págs: 272
Precio: 18,95 €
¿Pueden llegar a tener alma los objetos? ¿Serán capaces de adquirir los utensilios que usamos parte de nuestra esencia vital? ¿Y qué me decís de las casas? ¿Tendrán las mansiones, los viejos caserones o los pequeños apartamentos algo de las personas que en ellas vivieron? Indudablemente, ninguna obra te hace pensar en estos temas tanto y tan en profundidad como “El cuerpo de la casa”, la novela de Orson Scott Card de la que hoy te hablaré.
Tras la trágica pérdida de su hija, el constructor Don Lark se dedica a comprar casas en ruinas, restaurarlas y volverlas a vender. En esta ocasión, se ha fijado en la vieja mansión Bellamy, un caserón con mucha historia que lleva demasiado tiempo abandonado. Aunque Don es un tipo solitario, alguien de pocos amigos, pronto comienza a trabar amistad con las ancianas Miss Judea y Miss Evelyn, la agente inmobiliaria Cindy Clayborne, e incluso con esa ocupa que tiene por inquilina, Sylvie Delany. Todo podría ir bien, por tanto, con el arreglo de la casa, si acaso ésta no escondiera tantos secretos. ¿Será capaz Don de lidiar con ella hasta el final y venderla después?
Hay gente que tras perderlo todo tiene que encontrar la manera de seguir adelante con una vida sin esperanzas y pesadillas que no dejan de sucederse en su cabeza. Así es como nos presenta el narrador omnisciente de esta novela a su protagonista, Don Lark, un buen hombre que tras perder todo su dinero intentando recuperar la custodia de su única hija, y luego ver como ésta muere por la imprudencia de su madre, comienza a restaurar casas para luego venderlas a buen precio. Comprar, restaurar, vender y volver a empezar: así de sencillo es siempre; aunque no esta vez. Y es que la mansión Bellamy tiene algo especial, también las personas que la rodean. Tal vez sea hora de cambiar por fin los planes, de salir del infierno o de meterse de lleno en él.
Acompañan a Don en esta emocionante aventura (aunque el ritmo sea lento al principio, precisamente para hacernos entrar de lleno en el ambiente, todos los que conocemos la literatura de Orson Scott Card podríamos intuir que la acción llegaría poco a poco para atraparnos completamente entre sus páginas) las ya mencionadas Cindy Clayborne, una agente inmobiliaria puede que tan solitaria como Don (y puede que con más problemas que él mismo); las siempre entrañables Miss Judea y Miss Evelyn, las ancianas generosas que viven al otro lado de la calle cocinando sin parar para una tercera que no se deja ver, Miss Gladys; y Sylvie Delaney, la exasperante universitaria que decidió dejar toda su vida un buen día para vivir como una ocupa vagabunda entre las paredes de una casa con tanta historia como misterio.
El cuerpo de la casa, en definitiva, es una historia de fenómenos un tanto paranormales protagonizada por personajes con problemas muy reales perfectamente perfilados por el autor de esta obra. La mansión Bellamy guarda infinidad de historias entre sus muros, algunas alegres, otras trágicas. De igual manera, Don Lark, Cindy, Sylvie, etc, tienen un pasado lleno de situaciones desagradables, de miedos que podrían afectarnos a todos alguna vez, y que ellos (como tampoco nosotros si estuviéramos en su lugar) no pueden dejar atrás por más que lo intentan. O tal vez sí. La clave, sin duda, la hallarás si te decides a leer esta novela que satisfará tanto a los amantes del género como a aquellos que deciden que el verano es una buena época para acercarse al mismo, pues cuando el terror tradicional se mezcla con el psicológico, en una trama tan bien trazada, el buen rato está asegurado.
Nos cuesta deshacernos de algunos objetos, le cogemos cariño a los sitios por los que pasamos casi hasta el punto de no poder dejarlos. Tal vez los objetos y los lugares adquieran nuestra personalidad, tal vez en realidad tengan una personalidad propia. Y si lo que quieres es pensar en este tema y en otros muchos, nada mejor que sumergirte entre las páginas de El cuerpo de la casa. Pero, ¡cuidado!: puedes quedar atrapado en sus páginas para siempre…
Cristina Monteoliva

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