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Ya sabéis que La Biblioteca Imaginaria no se para nunca, haga frío o tanto calor como este verano del 2010, menos aún cuando tenemos el placer de comenzar esta actualización extraordinaria con la entrevista que vía email nos ha concedido Sonia Ruiz, autora de las aventuras de Daniela, la más atolondrada y divertida de las granadinas literarias de este siglo. Hablamos con ella, entre otros temas, de su nuevo libro Daniela en cuarto menguante, segundo volumen de las aventuras de Daniela Torres (como siempre, la reseña tras este artículo).
No os doy más ya la lata, aquí os dejo con la entrevista. Espero que os guste tanto como a mí:
¿Cuándo comenzaste a escribir?
Pues mis primeros recuerdos son sobre los seis años, aunque a los diez todavía seguía cometiendo algunas faltas de ortografía. Bueno, en serio, siempre me ha encantado relatar historias a los demás para hacerles reír con las más sencillas anécdotas. También he escrito cosas desde pequeña, que ahora guardo escritas en hojas de libreta. Por supuesto, además, me apasiona la lectura. Todo esto se fundió en la escritura a partir de una larga temporada que estuve viviendo en Suiza. Desde entonces hasta ahora apenas he parado de escribir, y mucho más ahora que tengo el ilusionante proyecto de mantener un blog en el periódico digital de Granada ideal.es con pequeños relatos de mis personajes (http://granadablogs.com/atrapandoadaniela)
¿Dejarías tu actual trabajo por la escritura, si llegara el caso?
Me encanta escribir y la farmacia es una fuente de inspiración. Allí tengo contacto con un montón de personas diferentes. Para mí ni escribir ni la farmacia puedo considerarlos como trabajos. Son actividades que me entusiasman.

¿Cómo surge la idea de escribir las aventuras de Daniela?
Me apetecía crear un personaje que retratase la cara más divertida de la vida pero con un humor inocente y elegante. En mis novelas quiero plasmar las burbujas de la vida. La vida hay que afrontarla como una gran aventura y tomar las vicisitudes del viaje con optimismo. Como he dicho, mis historias siempre han sido divertidas. No me veo, de momento, escribiendo otra cosa.
¿Pensaste en una segunda parte después de terminar el primer volumen de los avatares de Daniela?
Sí, desde el principio quería que Daniela fuese una saga. El primer libro, en realidad, es un conjunto de relatos con poca, aunque alguna, relación entre ellos. Se aprovecha así para presentar a varios personajes que irán apareciendo en las siguientes entregas. La segunda novela, “Daniela en cuarto menguante”, ya si toma la forma de novela con una trama continuada, metiéndonos de lleno en la vida de la protagonista y presentando nuevos personajes.
Las aventuras de Daniela, por lo general, podrían encuadrarse en el género chick-lick, aunque muy a la española. ¿Has pensado que, ya que no se escribe mucho de este género en España, podrías convertirte en un claro referente?
Desde el comienzo han encuadrado mis novelas como chick-lit, género que me gusta bastante, aunque yo las veo más bien como pura comedia. Es cierto que la protagonista es una mujer joven y muy de hoy, y no precisamente una heroína en el sentido clásico. Una chica que sobrevive en los tiempos que le han tocado vivir con todo el glamour que la realidad le permite. Así definido, Jane Austen también escribió chick-lit en su época.

Como es propio también del género, Daniela es una obra escrita con un gran sentido del humor. ¿Es éste también un elemento importante en tu vida? Y, por otra parte, ¿no crees que la risa es algo subestimado tanto en la literatura como en nuestra sociedad?
España ha sido la cuna de grandes cómicos, desde Quevedo hasta Buenafuente. Somos un país alegre y a los que nos encanta reírnos. Como decía Valle-Inclán, no hay que perder nunca ese espíritu. Nos hace ser más felices, y afrontar la vida con más energía.
¿Qué tiene Daniela de ti?
Daniela tiene mucho de mí, claramente. Además de ser ambas farmacéuticas y granadinas, y entusiastas de las compras, ambas tenemos en común muchos aspectos, como si de dos buenas amigas se tratase. Nos entusiasmamos con facilidad, y cuando estamos alegres somos las más felices, y cuando estamos tristes somos las más desdichadas.
¿Te has basado en personas reales a la hora de crear los personajes de esta saga? Y más concretamente, ¿puede existir en la vida real alguien como Cándido, el filósofo que lo entiende todo como le da la gana?
Te garantizo que Cándido es real como la vida misma. Es posible que el personaje real en el que está basado sea algo más filosófico, pero hablar con él resulta dificilísimo, porque está a tres niveles por encima de todos nosotros. Las historias de Daniela están repletas de personas que conocemos todos, como las Calasparra, esas hermanas insoportables de puro maravillosas que son.
¿Espabilará alguna vez Daniela?
Espero que no. Daniela mantendrá su inocencia, porque ahí reside su magia. Pasea por la vida sacándole el mayor jugo posible. Mi intención es que, cuando los años empiecen a pasar por ella, y aunque la veremos madurar en muchos aspectos, mantenga intacta su visión optimista sobre la vida y el mundo.
¿Qué esperas que encuentren los lectores en Daniela en Cuarto Menguante?
Espero que pasen un muy buen rato, que les haga ver lo mejor de la vida. Que se den un buen baño de energía positiva a través de la risa, y que, cuando cierren sus páginas, les quede un dulce sabor cada vez que la recuerden.
¿Tienes ya nuevos proyectos literarios?
Ahora he participado en un libro de relatos escritos por varios autores, todo coordinado por el profesor de la Universidad y poeta D. Rafael Delgado. Además, estoy trabajando en la tercera parte de Daniela, en la que veremos como se enfrasca en un largo y exótico viaje repleto de aventuras.
Muchas gracias, Sonia, por tu tiempo, tus palabras y tus fotos. Esperamos que las aventuras de Daniela te traigan muchas alegrías, y que ese tercer volumen de la colección no tarde en salir para alegría de todos los seguidores de esta granadina sin igual (entre los que me encuentro).
A vosotros, amigos lectores, gracias por estar una vez más al otro lado, más aún con este verano tan caluroso.
Cristina Monteoliva
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Título: Daniela en cuarto menguante
Autora: Sonia Ruiz
Editorial: Arcopress
Págs: 165
Precio: 14,95 €
¿Quién dijo eso de que “segundas partes nunca fueron buenas”? Está bien, está bien: muchas veces es verdad que los autores por tal de seguir explotando el filón, crean segundas partes poco interesantes. Pero siempre hay excepciones que confirman la regla, más en lo literario que en el mundo del cine. ¿Qué en qué libro estoy pensando para decir esto? Pues en “Daniela en cuarto menguante”, la nueva novela de Sonia Ruiz, segunda parte de las aventuras de la más divertida de las granadinas literarias.
Daniela Torres está en un momento crucial de su vida: ha roto con el caradura de Arturo y por fin ha terminado sus estudios universitarios. Pero en vez de comenzar su vida laboral como farmacéutica, Daniela decide seguir estudiando y obtener el doctorado, y para ello acepta una beca en el departamento de Edafología de la facultad. Pero, ¿acaso sabe siquiera Daniela de qué va eso de la Edafología? ¿Se darán cuenta en el departamento de que no tiene ni idea del tema? ¿Qué nuevas aventuras le pueden deparar a la granadina literaria más divertida de comienzos del siglo XXI?
Daniela ha vuelto. Los que leímos la primera parte de sus aventuras (ese primer volumen que podría calificarse como introductorio a su mundo, pues en él no encontramos un hilo argumental único sino un conjunto de desternillantes capítulos con una trama casi independiente cada uno de ellos donde, aparte de pasárnoslo de maravilla, sacábamos en claro que tanto Daniela como su familia son un caso digno de estudio) ya sabíamos que así sería. Y es que Daniela es de esas personas (la cercanía de su forma de narrar y ese desparpajo que la caracteriza me hace pensar en ella como en un ser real más que ficticio) que siempre tienen algo que contar, mucho más si se mete, como ha hecho ahora, en un departamento de la Universidad de Granada cuyo tema central de estudio es tan desconocido para ella. Pero, ¿acaso no será ella, una mujer tan bien conjuntada, tan perspicaz y, en definitiva, tan preparada para la vida moderna capaz de adaptarse al día a día y los entresijos de un departamento donde todo es tan sospechoso? Ya lo veréis si os decidís por esta novela.
Para los que no la conozcáis aún, os contaré que Daniela Torres es una chica sin igual. Su visión del universo podría decirse que es un poco diferente al que tú, amigo lector, podrías tener. Es por ello que cosas que a nosotros nos parecen extraordinarias, para ella pueden ser de lo más normal, o viceversa. El caso es que Daniela no deja de meterse en un embrollo tras otro sin ver su parte de culpa, y así es como nos lo cuenta, con todo lujo de detalles y resaltando siempre lo más interesante, como si más que una novela se tratara de un diario personal, o una carta muy larga a un amigo. Lo dicho: una chica sin igual con un desparpajo único.
Acompañan a Daniela en esta aventura Lope Carballo, su tutor en el departamento de Edafología, un hombre dedicado en cuerpo y alma al estudio de los suelos; Cándido, el filósofo al que poco se le entiende pero tanto cariño se le coge; las odiosas Calasparra, siempre tan oportunas; Arturo, el caradura más grande de Granada; el Loro Don Francisco y sus maldades, entre otros muchos personajes tan distintos entre ellos y a la vez tan singulares que tan buenos ratos te harán pasar.
Daniela en cuarto menguante, esta historia escrita con un estilo tan fresco y resuelto que nos hará creer que su protagonista es una persona real más que un personaje, por tanto, es una desternillante novela en la que cualquier cosa podría pasar. Adéntrate en el universo de Daniela, conoce a sus amigos, a sus enemigos, todas esas cosas raras que le suceden, y queda atrapad@ para siempre en las redes de la granadina más simpática y atolondrada de todos los tiempos. Si, además, aún no has leído la primera parte de sus aventuras, aún estás a tiempo, pues estoy segura de que después de devorar este volumen (no te quedará otra que leerlo casi del tirón, te lo aseguro) tendrás ganas de saber más de Daniela. Yo ya estoy esperando la tercera parte, con eso lo digo todo.
Algunas segundas partes son tan buenas o más como la primera. Es más: te dejan con ganas de una segunda y hasta una tercera. Esto es lo que me pasa con las aventuras de la díscola Daniela. Y estoy segura de que a ti te pasará lo mismo. Prueba a leer “Daniela en cuarto menguante” y ya me contarás.
Cristina Monteoliva

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Título: Cuentos históricos del pueblo africano
Autor: Johari Gautier Carmona
Editorial: Almuzara
Págs: 144
Precio: 15 €
Algunos libros llegan a sus lectores de la forma la más insólita. El caso de “Cuentos históricos del pueblo africano” de Johari Gautier Carmona (Ed. Almuzara, 2010) es uno de esos casos que me place contar en esta reseña porque ilustra la sorpresa que he sentido al abrirlo y leerlo. Lo hallé en la librería a la que suelo ir habitualmente junto con muchos otros libros que hablan de África, la retratan y le dan vida en nuestro imaginario empleando todo lujo de imágenes de safari, animales exóticos, fusiles, extensiones infinitas de tierra desértica y las típicas historias de amor en tiempos de colones despiadados con sentimientos nostálgicos. Me pareció interesante el título: Cuentos históricos del pueblo africano. Era evidente que aquí no se hablaba del continente negro como fin lúdico o morboso sino de una aproximación a su gente, así por lo menos lo entendí yo, y eso me fue confirmado al leer las citas que aparecen en su interior. Una de ellas me marcó especialmente: “La educación es el arma más poderosa que puedes usar para cambiar el mundo” de Nelson Mandela. Claramente, esta obra no es un simple divertimiento literario o una ficción previsible y aburrida de un autor que desea seguir los pasos de innumerables escritores exploradores de lugares ya mil veces descubiertos por los africanos. Todo lo contrario.
La compra del libro se antepuso a los muchos otros que batallaban por un espacio vital en la estantería de por sí saturada y, ya sentado con la calma que impone el interior de mi casa, reposado sobre mi sofá aterciopelado, descubrí que la obra del autor franco-español albergaba mucho más que cuentos de una calidad incontestable. Representa un viaje al África humana y profunda, al continente que siempre hemos tenido a la vista y que pocos autores han descubierto por falta de sensibilidad e interés. Puede resultar algo sorprendente lo que plasmo en estas líneas pero Johari Gautier es un escritor explorador que ha sabido descubrir y presentar al pueblo africano bajo otra luz, describir su orgullo, sus encantos, su historia, y lo ha hecho porque se siente ligado a él por algo más que la necesidad de observar su riqueza material. Su deseo de sentir esa humanidad es notable. Son pocas las obras que rezuman tanta belleza estética y tanta profundidad humana.
El escritor describe con 18 relatos muy interesantes y entretenidos varios momentos claves de la historia africana, partiendo de la época de los egipcios para llegar al movimiento de los derechos civiles de los afro-americanos en la América del tan querido Barack Obama. Este viaje nos hace pasar por el imperio de Axum en Etiopía, el Imperio de Malí de Sundiata Keita, el pueblo de los Lebous en Senegal, el imperio Songhai, los Ashanti y los fanti, el pueblo zulú y, más adelante, la conmovedora experiencia de los africanos desplazados a la fuerza a consecuencia de la trata negrera. Cada uno de los relatos divulga una imagen nueva y sentimientos encontrados, una sensación de poderío y de dolor, de voluntad y fatalidad. Rápidamente, me di cuenta que iba a dedicar más horas de lo habitual al sofá de terciopelo y eso se debía a que la obra me había seducido por completo.
Más que una lectura fascinante, “Cuentos históricos del pueblo africano” es una obra que uno aconseja a un hijo, una mujer, un amigo, un viajero o, incluso, un desconocido para que sienta algo nuevo y entienda el verdadero poder de un cuento. Con esta obra, he podido comprobar que la literatura de viaje también puede transportar a otros tiempos y a otras humanidades y que todas ellas son maravillosas. Espero leer algo más de este autor que, sin duda, nos hace más cercano del continente africano.
Alberto Campos
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Título: Blaze
Autor: Richard Bachman (Stephen King)
Traducción: Javier Martos Angulo
Editorial: Plaza & Janés / Debolsillo
Págs: 336
Precio: 19,90 € / 8,95 € en edición de bolsillo
Blaze es un bobo, Blaze mide más de dos metros, Blaze quiere secuestrar a un bebé.
Con esta premisa nos adentramos en el argumento de la novela “Blaze”, del rey del terror, Stephen King (aunque bajo su pseudónimo). Una novela que se sale de sus últimos registros en terror para adentrarse en el campo del drama, la novela policiaca y el suspense, y por eso es comprensible que la haya publicado bajo su alter ego ya que King es sinónimo de terror y en esta historia no es eso lo que se busca, ni lo que se encuentra.
Antes de comenzar la reseña, permítanme decirles que aquí no nos encontraremos ante uno de sus ya típicos tochos que superan las quinientas páginas, es una novela más bien cortita para lo que nos tiene acostumbrado (en edición de bolsillo tiene unas 330 Pág.).
Aunque no hace mucho que se puso a la venta, esta novela tiene ya sus años, se dice que King la entregó al editor junto con El misterio de Salem´s Lot, novela que corrió mucha más suerte y fue publicada mientras que Blaze acabó en ese cajón tan hondo que debe tener este hombre.
Hasta que un día, muchos años después y por causas benéficas, decidió rescatarla, reescribirla y ponerla en circulación.
Como decía al principio, Blaze es bobo (palabras de King). Este gigantesco hombre ha tenido una infancia traumática con un padre maltratador y un amplio bagaje por orfanatos de mala muerte, su historia es casi tan triste como la de Oliver Twist, y como el niño londinense, Blaze acaba conociendo el turbio mundo de la delincuencia de la mano de personas que le manejan a su antojo.
Y es que Blaze no está solo en la vida. Siempre le acompaña George, un avispado timador al que sirve de gorila y por el que Blaze siente especial cariño. Pero solo hay un problema: George está muerto.
¿Fantasma? ¿Locura? Es algo que no se aclara en la novela y creo que es mejor así. Las conversaciones con George llevan (y llenan) casi la trama de su presente.
La novela se divide entre recuerdos de su infancia (flashbacks) y la historia actual que es en la que secuestra al niño. Decir que nunca unos flashbacks habían tenido tanto peso y habían hecho una historia tan interesante como en esta novela, y ahí puede radicar el problema más importante que puede tener Blaze: Sus recuerdos son más interesantes que la historia del secuestro del bebé en sí, que transcurre con unas cuantas pinceladas, mientras que de la infancia de Blaze conocemos mucho más y es más rica en matices.
Aún así, la novela es totalmente recomendable, tanto para los fans de King como para los de Bachman.
Al finalizar nos encontramos también con unas páginas que son el inicio de la que fue su siguiente novela, la más que recomendable Duma Key.
Resumiendo, Blaze es una novela que quizá no entrará en el Olimpo de las mejores escritas por el de Maine pero que sin duda no pasará indiferente ante nadie.
Juande Garduño

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Títulos: ¡Ven a la granja!
Autor: Matt Mister
Traducción: MYR Servicios Editoriales
Ilustraciones: SI Artists
Editorial: Beascoa
Págs: 12
Precio: 16,95 €
Salvo contadas excepciones que vemos retratadas en la televisión de vez en cuando, el mundo rural parece estar en claro retroceso. Si bien antes podía ser de lo más común ver pastar las cabras por las calles de los pueblos y ciudades tan tranquilamente, por ejemplo, hoy en día hay que ir a veces lejos para ver una vaca, un caballo o una oveja. Se hace necesario, por tanto, encontrar material, cuando no es posible el traslado físico al campo, para enseñarles a los más pequeños lo que es de verdad una granja. En este sentido, ¡Ven a la granja!, editado por Beascoa dentro de su colección Fisher Price / Little People, es una buena opción.
El alegre granjero Jed tiene una granja llena de animales: vacas, cerdos, terneros, ovejas, cabras, burros, etc. Todos ellos necesitan unos cuidados diarios y proporcionan beneficios claros (leche, lana, etc). En este libro, los lectores más pequeños aprenderán gran parte de las tareas a las que Jed se enfrenta cada día, vocabulario propio de la granja, curiosidades y mucho más.
Como decíamos antes, no siempre es posible llevar a los niños de la ciudad a conocer una granja de verdad, pero mientras esperamos la oportunidad, no hay que dejar de enseñarle como se hacían las cosas antes y como se siguen haciendo ahora, siempre de una manera amena y muy divertida. Gracias a Jed el granjero, sus animalitos y amigos, los más pequeños de la casa despertarán su sensibilidad hacia el mundo rural a la par que aprenden vocabulario y datos de lo más útiles. Incluso puede que los adultos aprendan algo leyendo este ejemplar junto a ellos. Así que si quieres regalar algo divertido, educativo y útil, no dudes en echarle un vistazo a ¡Ven a la granja!
Cristina Monteoliva

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Estamos en pleno agosto, pero en La Biblioteca Imaginaria no paramos ni cuando estamos en la playa tomando el sol. En esta ocasión, inauguramos la semana con la entrevista que la autora aragonesa Cristina Grande nos brindó vía email, tan amablemente, hace pocos días. Podría haber sido detective o farmacéutica, aunque finalmente, para deleite de sus lectores, se decantó por la escritura. Hablamos con Cristina de varios temas, pero especialmente de su obra Lo breve (la reseña tras la entrevista, como siempre), un libro original, íntimo y…Bueno, mejor os dejo ya con las palabras de Cristina. Espero que disfrutéis de esta entrevista:
¿Recuerdas en qué momento decidiste que no serías ni detective ni farmacéutica, sino escritora? Quizás a los nueve o diez años, cuando conocí a un escritor local que era amigo de mis padres. Me parecía que siempre que se quedaba a cenar, mis padres se lo pasaban muy bien con él. Había risas y también conversaciones, cosas poco habituales en aquella época. El escritor firmaba como Carjosán.
¿Podrías vivir sin la Literatura? Se puede vivir casi sin nada. Si se puede vivir sin el amor también se puede vivir sin la literatura. Es difícil vivir sin sueños, pero en algunos casos no queda más remedio. De todas formas, no me gusta pensar en negro, las cosas no tienen por qué ir a peor, y aunque dejara de escribir en algún momento, la literatura seguiría siendo una parte de mi vida. Para mí lo más importante de la literatura es que es una forma de mirar, de crear conexiones entre apariencias disímiles a primera vista. En ese sentido sí me siento un poco detective...
¿En qué género te encuentras más cómoda? El cuento corto, de dos o tres folios, es mi medida, la que mejor se ajusta a mi ritmo cardiaco. Me cuesta mucho tensar los cuentos más largos, se me quedan flojos, dispersos, como si en la cuerda del tendedor pusiera demasiadas toallas.
¿Eres una escritora metódica? Más que metódica soy cumplidora. Todas las semanas envío un artículo al Heraldo de Aragón, y no suelo retrasarme cuando me encargan textos para aquí o para allá. Mi método es la necesidad.
¿Cuándo empezaste a escribir los textos de Lo Breve? Empecé en julio de 2002, con mi primer artículo para el Heraldo de Huesca. Lo escribí a mano y contando las palabras una a una.
¿Supiste siempre que acabarías publicando este libro, a pesar de lo íntimo del mismo? La mayoría de los textos ya salieron publicados como columnas, y siempre tuve en mente que estaba escribiendo un libro por capítulos.

¿Podríamos considerar este libro tuyo como un diario o hay algo en él que no haya ocurrido en realidad? Sí, es un diario. Todo es real. También es una especie de autorretrato, donde quiero mostrar mi procedencia y lo que creo que soy. Y son memorias, mías y heredadas. En el libro se entremezclan tres mundos, el rural, el de la casa -con todos sus personajes-, y el urbano, que se refiere sobre todo a Zaragoza y a Huesca.
¿Qué esperas que encuentren los lectores en este libro? No espero que encuentren nada especial. Muchos lectores se reconen en él, sobre todo aquellos que hemos pasado del medio rural al urbano y hemos sido testigos de la progresiva desaparición de un mundo que era demasiado rígido y por tanto frágil y quebradizo al mismo tiempo.
¿Te ha faltado algo por incluir en él? ¿Escribirías una segunda parte? En realidad ya existe otra parte, se titula Agua quieta (Editorial Traspiés, colección Vagamundos) con ilustraciones de Esperanza Campos. No es que me falte incluir nada, más bien al contrario, son libros basados en la repetición, un poco salmódicos, como si hubiera querido escribir un estribillo que permanezca en la memoria.

¿Crees que deberían publicarse más libros de este tipo, que la gente debería abrirse más a los demás en este sentido literario? Soy partidaria de que cada cual escriba como mejor le parece. Hay público para todos y afortunadamente el mercado es lo suficientemente amplio como para que nunca nos falten buenas lecturas.
¿Tienes ya nuevos proyectos literarios? Estoy escribiendo cuentos continuamente, y tengo una novela empezada que va un poco lenta. No tengo prisa. Empecé a publicar a la edad de cuarenta años, un poco tarde para emprender lo que se entiende por una carrera literaria.
Muchas gracias, Cristina, por tu tiempo, tus palabras y tus fotos personajes. Esperamos que todos tus proyectos literarios lleguen a muy buen puerto, pues sin duda tu escritura no podría dejar a nadie indiferente (en el buen sentido de la expresión). A todos vosotros, amigos de La Biblioteca Imaginaria, como siempre, muchas gracias por estar ahí en cualquier estación del año.
Cristina Monteoliva
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Título: Lo breve
Autora: Cristina Grande
Editorial: Tropo Editores
Págs: 103
Precio: 10 €
Nunca he sido capaz de escribir un diario de manera continuada, por más que lo haya intentando. Tampoco se me da bien escribir anotaciones todos los días en la agenda. A veces he pensado que tal vez debería simplemente escribir pensamientos al vuelo, tal vez impresiones inesperadas, pedazos de la realidad que tal vez merezcan ser recordados. Ahora me encuentro que hay alguien que también ha pensado que sería una buena idea, y es más, ha llevado el proyecto a muy buen puerto. Me refiero a Cristina Grande y a su libro, Lo breve, del que pasaré a hablaros de inmediato.
En realidad, lo que ha hecho Cristina Grande es mucho más que anotar pensamientos al vuelo o escribir un diario personal. Pero, ¿cómo podríamos calificar una obra tan singular como ésta de la que hoy pretendo hablaros? Será mejor que empiece intentando explicaros en qué consiste: Lo breve es un volumen compuesto por 53 piezas así enumeradas, sin título, todas con una extensión (breve, como el título del libro indica) similar, lo que hace de este libro un compañero ideal para cualquier situación (viajes en metro o en autobús, esperas en la consulta del médico, tardes en la playa...).
Ahora bien: ¿se podría considerar esta obra un diario al uso? No, no lo creo: lo que aquí sucede, todos los pensamientos, las vivencias propias y ajenas y las impresiones que la autora comparte con todos nosotros, los lectores que decidimos adentrarnos en las páginas de este libro, no tienen un orden temporal.
Por el mismo motivo, y aunque muchos de los datos revelados aquí podrían servir más adelante para escribir una biografía, tampoco podríamos calificarlo como obra biográfica tal y como hoy en día lo entendemos.
Por otra parte, cada una de estas piezas tiene mucho del artículo de opinión (y de hecho, antes de recopilarse en este librito, fueron publicadas en prensa), también del cuento.
No, nada de lo que aquí sucede es ficción. Todo es absolutamente real. Sin embargo, al igual que en el cuento, Cristina Grande sabe darle a estos artículos un comienzo atrayente, un desarrollo ágil y un final sin duda impactante. Es más: Grande sabe exactamente donde poner ese punto y final, donde dejar de narrar antes de que el lector pueda perder el hilo del tema principal para perderse en divagaciones que empobrecerían el conjunto del texto.
Con respecto a la temática, podríamos decir que es de lo más variada: recuerdos propios y familiares, tradiciones aragonesas, noticias de actualidad en el momento de la escritura, sensaciones transmitidas por la naturaleza, el mundo rural y el urbano, anécdotas de las que no se olvidan, etc. Parece como si cualquier momento fuera bueno para Grande a la hora de desnudar por completo su alma, para ofrecernos lo mejor de ella misma sin tapujos en un ejercicio de sinceridad extrema y valentía literaria y humana. ¿Creéis que habrá mucha gente capaz de algo así?
Cuenta Cristina Grande en el prólogo de este libro que, aunque nació en la rebotica de una farmacia, no estudió más tarde farmacia justamente porque no le gustan las historias tristes. Tal vez ella tenga mucho de farmacéutica, aunque aún no se haya dado cuenta. Y es que son sus textos de este libro pequeñas pastillas cargadas de sinceridad y buenas letras, colirios para hacer llorar o para todo lo contrario, cápsulas de felicidad ajena que de pronto nos hace sentirnos mejor... (Y paro de contar, porque no acabaría nunca). El caso es que así pasa siempre con la buena literatura: leerla es como tomar un medicamento que apacigua el alma, que nos relaja el cuerpo, que nos transporta a otro mundo. Lo breve es una medicina para el organismo sin efectos secundarios. No dudes en probarlo, pues enseguida empezarás a sentirte mejor.
Nunca he sido capaz de escribir un diario de forma continuada. Tampoco tengo papel y bolígrafo a mano cuando pasan por mi cabeza pensamientos que tal vez merezcan la pena ser contados. Pero no me importa. Por ahora, prefiero que sean otros los que hagan este tipo de ejercicios literarios, más aún cuando lo hacen tan bien como Cristina Grande en Lo breve. Os invito a que lo comprobéis por vosotros mismos. Estoy segura de que no tardaréis en darme la razón.
Cristina Monteoliva

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Título: Benjamín
Autor: Federico Axat
Editorial: Suma
Págs: 400
Precio: 20 €
Con la pregunta de la portada “¿Qué hacen tus seres queridos cuando están solos?, es más que suficiente para desear tener esta magnífica novela en las manos.
Ben está enfadado, muy enfadado, con su egoísta madre y como cualquier niño de su edad piensa en desaparecer, en escaparse de casa. Tras pensarlo, decide subir y esconderse en el desván.
Al principio, la familia conserva la esperanza de que el niño siga vivo, pero tras buscarlo incesantemente sin conseguir nada, comienzan a aceptar lo que posiblemente haya sucedido: Ben habrá muerto.
Nada más lejos de la realidad, pues el niño sigue allí, observándolos desde el desván, descubriendo sus secretos, y decidiendo incorporarse poco a poco en sus vidas de un modo inusual y terrorífico…
Tengo que decir —y ésta es mi humilde opinión, pero creo que muchos la compartirán— que Federico Axat ha conseguido con esta novela que pase verdadero terror. Y ustedes se preguntarán el porqué, tras haber leído el argumento. Aquí podría extenderme mucho, y esto es una reseña, no un análisis filológico o literario, pero aún así quisiera hablar un poco sobre lo que estuve meditando mientras leía la novela.
El año anterior y también éste estuve estudiando en términos literarios “Lo siniestro” de Freud. Digamos que Freud lo que nos señala (por resumir) es que aquello que antes nos resultaba familiar, ahora vuelve a nosotros como algo siniestro o peligroso, y a su vez, nos hace pensar que ese algo siniestro ha estado siempre escondido y oculto, que es como siempre debería estar. Como dice Schelling: “Todo lo que debería permanecer secreto, pero se manifiesta”.
En Benjamín lo familiar pasa a mostrar su verdadera cara, y es que ya nos lo dice la frase que encontramos en la contraportada “El miedo se transforma en terror cuando se esconde en las entrañas de tu casa”. Verdaderamente, los fantasmas del pasado son implacables, al igual que lo es nuestro otro “yo”, ese que llevamos en el interior y que puede acabar convirtiéndose en un despiadado monstruo.
Federico Axat realiza un gran trabajo con Benjamín. A través del protagonista, Ben, conoceremos mejor a los personajes, los cuales están perfectamente definidos, y en ocasiones los amamos, en otras los odiamos, e incluso acabamos sintiendo temor por ellos. Así pues, es interesante descubrir las reacciones de la familia de Ben: su madre Danna, su padre Robert y su hermana, Andrea; pero también la del amigo de la familia, Michael, y de otros personajes que desempeñan a su vez otras funciones en la trama, como Rosalía, la criada. Es verdaderamente excepcional la forma en que Axat traza el perfil de estos personajes, tan cercanos a nosotros a veces.
No obstante, parece ser Ben una especie de “dios” que maneja a su antojo a los personajes, los lleva por caminos que él desea e incluso los utiliza para lograr lo que quiere.
Por otra parte, la narración es fluida, y en ningún momento encontramos elementos que pudiesen llegar a ser innecesarios; aunque en algunos momentos el desarrollo de ésta pase a ser más lento continuaremos deseando saber qué va a suceder a continuación, envolviéndonos en una espiral de temor, de duda, de terror, llenos de preguntas. El lenguaje empleado por Axat es magnífico, y sé que hace unos días hablé de otro escritor al que denominé un “nuevo rey” pero ahora aquí tenemos a otro, y tampoco me arrepiento de decirlo, si bien cada uno en sus formas y con su propio estilo.
En algunos momentos emplea la cursiva para desvelarnos los auténticos pensamientos de los personajes, y dichos pensamientos resultan turbadores e incluso obscenos, hacen que nos replanteemos muchas cosas que ya hemos leído, porque en realidad algunas actitudes y acciones de los personajes son increíbles. A través de esos recuerdos y de flashbacks también nos transportaremos al pasado de los personajes: son tan de carne y hueso que esconden secretos que deberían permanecer ocultos.
Así, la trama irá evolucionando, envuelta por todos estos elementos, retrocediendo y volviendo al presente, sumergiéndonos en un incontrolable torbellino de sensaciones, acercándonos al momento cumbre en el que descubriremos la verdad, una verdad que nos dejará completamente sorprendidos y echará abajo todas nuestras suposiciones.
LO MEJOR: Para mí, el personaje de Ben. Está perfectamente elaborado y es un gran acierto utilizar en gran parte de la novela la perspectiva de un niño.
LO PEOR: En algunos momentos la narración se hace demasiado cruda y dura, y para algunos lectores esto es algo muy bueno, pero tal vez para otros lectores no.
Elena Montagud

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Título: El sentir de la hoguera
Autora: Olga Rivero Jordán
Editorial: Benchomo
Págs: 288
Precio: 11 €
Hay libros que, apenas comenzada la lectura de la primera de sus páginas, despiertan fácilmente ciertos planteamientos teóricos que a mí me parece que no nos llevan más que a eclipsar la voluntad y pretensiones de su autoría. El sentir de la hoguera se nos revela descaradamente como uno de estos porque ¿a qué género pertenece?; o mejor, ¿de parte de qué género está lo que se lee? Hablemos entonces de literaturas, de escrituras, que no sería más que una forma de aceptar la elasticidad de los géneros, incluido el poético, aunque al fin y al cabo sobre un libro de poesía vayamos a hablar.
Anna O., el pequeño Hans, Cäcilie M., el hombre de los lobos, Irma, o el hombre de las ratas, son algunos de los seudónimos de pacientes de Sigmund Freud, cuyos historiales de padecimiento y cura supuestos aireó luego en sus obras. Me da que el padre del psicoanálisis hubiera estado encantado de haber contado entre ellos con un “yo” como el que irradia y da lugar a El sentir de la hoguera. Nadie duda a estas alturas de las vinculaciones entre psicoanálisis y literatura. Sabemos que sus procederes se apoyan insoslayablemente sobre el mismo elemento, la palabra, pese a que generalmente el verdadero discurso no esté en lo que se relata y se cuenta sino en lo que no se dice ni se pronuncia, esto es, en lo que falta porque nunca se verbaliza. Olga Rivero Jordán, la autora de El sentir de la hoguera, encuentra en la concatenación de fraseos un procedimiento ajustado a su necesidad de decir para conseguir que incluso la más impronunciable de las imágenes “se exprese”, como así el psicoanalista para hallar indicios sobre lo más oculto, una noticia de lo que no se conoce ni se sospecha. Su autora no parece atender a razones para permitirle a un “yo” en plena hegemonía delirante explayarse sobre un “tú” que no posee ubicación ni identificación, si desde la capacidad receptora del lector hablamos. Digamos que como múltiples sesiones en el diván la autora dispone el libro en breves discursos, exactamente de 127 enlazados sin apenas argumentación y donde la acción no es la matriz de ninguno de ellos: 127 veces permitiendo el desvelo de un “yo” en pos de una cacería expresiva total de un “tú”, tendiendo continuas trampas de lenguaje a un otro en fuga. Ese “yo” lo intenta casi todo, incluso en ocasiones desdoblándose en un “otro-yo-más”, argucias y estrategias encaminadas a que el “tú” se asome a su escritura: “Sigo la huella a ver dónde tienes la madriguera” -señala la poeta.
Si a Anna O., a Irma, o al hombre de las ratas Freud se atrevió a diagnosticar el trauma oculto presente en cada uno de ellos, con el “yo” de El sentir de la hoguera no lo hubiera tenido tan fácil, pues parece no encajar con ningún caso clínico, porque antes que nada nos encontramos con la primera singularidad de este libro (la misma singularidad que caracteriza a cada uno de los libros de esta autora): “confesiones” literariamente hipnóticas que permiten la exaltación pública de alguien, tal vez de algo, tal vez de algo-alguien, y que ya no le corresponde al psicoanalista escudriñar sino al lector pasando páginas… Es verdad que he comenzado señalando que esta autora, Olga Rivero Jordán, entrama y construye en base a este modelo psicoanalítico que he escogido como patrón por su similitud de construcción literaria, pero nunca para remitir a una cientificidad pretendida. Nada más lejos de la realidad. La autora se vale en todo caso de este método para expandir la hermosura de cuanta palabra se le viene a la boca: “nadie balbucea sin que el otro ser no escuche”, escribe. Hay un “yo” y un “tú” pero no un mal por determinar, sino un mal-estar entre un “yo” y un “tú”, un mal-estar de amor. Escribió Scheler: “Toda cosa no es sino el límite de la llama a la cual debe su existencia”. No por otra cosa este “yo” de El sentir de la hoguera llega a desnudarse en su totalidad posible de expresión: “Él lleva el secreto de una historia inacabada”. Pero si de onirismo hablamos cedámosle ahora la palabra a Bachelard: “La imaginación, más que la razón, es la fuerza de la unidad del alma humana”. De ahí todo ese provocativo lirismo, fruto de la ensoñación, caracterizando a toda la obra de principio a fin, una sucesión de cuadros oníricos que estimulan de manera extraordinaria y fantasiosa. Una imaginación, claro está, en perpetua relación con lo que solemos denominar “mundo exterior”. De ahí que la fisicalidad adquiera en este libro una importancia abrumadora. Nos lo aclara el profesor Gómez de Liaño: “el yo reposa, no en un sentir-pensar-entender genérico, abstracto, sino en un sentir-pensar-entender desde el cuerpo y en el marco que el mundo proporciona al cuerpo”, que es como así se manifiesta el “yo” protagonista de El sentir de la hoguera: “Amigo mío, no sé si me creerás. Es tiempo de que sonrías o grites, o zarandees a este cuerpo que se desmorona como una estatua hecha de mazapé”. De este deseo y de otros tantos se alimenta y realimenta el vientre de toda la obra, dando lugar a una producción ingente de imágenes que ejemplifican aquel apunte del filósofo francés: “Si no hay cambio de imágenes, unión inesperada de imágenes, no hay imaginación”. Olga Rivero Jordán casi parece dedicarse exclusivamente a demostrar esta máxima de Bachelard.
Tampoco oculta esta escritura su relación causal y causante con el erotismo. Aunque Olga Rivero Jordán no bebe directamente de las tradiciones clásicas, sí lo hace utilizando modos, maneras y expresiones que tienen que ver con ella. Y si hemos tildado la relación del “yo” con el “tú” de conflictiva, nos parece mejor que en todo caso la relación más inmediata con la antigüedad sea a través de Safo, quien precisamente consideraba a Eros como alguien “agridulce” y “cruel” con sus víctimas. De ahí aquel mal-estar, de ahí este desconcierto en la escritura de Olga Rivero Jordán. El “yo” es una víctima de sus sentimientos, una presa de sus resentimientos, pues se le hace difícil soportar que las flechas de oro nunca den en la diana deseada del “tú”. Es lo que lleva a que toda esta escritura se impregne de un erotismo sin miedo al descaro, se redoble, se crezca, y no hay cortapisas que lo frenen: “el desasosiego se va gestando en cada mosaico”. Y así lo cumple su escritura página a página. Pero no hay que olvidar que el erotismo es por esencia inteligencia aplicada al cuerpo y no simple carnalidad desatada; el erotismo sobre todo reside en la imaginación -no perdamos de vista a Bachelard-, los sueños, en la búsqueda de lo nuevo, en la sorpresa más que en el rito. Si ya indicábamos que el “yo” tendía trampas de lenguaje con tal de atrapar a ese “tú” referenciado, ahora decimos que también lo lleva a cabo a través de una imaginería erótica brutal, pese al dolor, pese a soportar ese no querido distanciamiento entre uno y otro: “Escurrida de olores esperaba el maremoto en tu piel aceitunada”. Lo más curioso es que las flechas de oro parecen perforar, no el pecho del amante -que no responde ni se da por aludido- sino el de quien nos somete al desciframiento mismo del “tú”: “Cómo no sentir la ráfaga que azota mi cuerpo hundido tras estos recuerdos”. Es el propio “yo” quien recibe todas las flechas lanzadas de vuelta, quien se erotiza hasta el paroxismo: “Ella no se escurre, va derecha a pastar y luego a plena luz va haciendo el amor delante de la luna rasa con el zumbido de las cigarras atormentadas del estío”. Y por si faltaba alguien, aquí Lacan: “el amor es dar lo que no se tiene a quien no es”.
Psicoanalítica, onírica, erótica… podrían ser algunos de los pilares fundamentales que sostienen la construcción de El sentir de la hoguera, e incluso me atrevería a afirmar que de toda la obra de Olga Rivero Jordán. Características que sostienen una escritura propia, una escritura un tanto híbrida que se balancea entre la poesía y la prosa, es cierto, entre otras cosas porque nada es garantía para alcanzar un “tú”, ningún método, ninguna formulación, ningún género delimitado: “En ese espacio bilateral me encontré gravitando alrededor de las órbitas de unos ojos dispersos que iban de arriba abajo”, manifiesta. Cualquier táctica es poca cosa. Incluso -digámoslo ya- un libro de poemas como éste, por muy paradójico que nos parezca a primera vista: “En los suburbios de la locura algo se mueve inexorablemente”, “Tuve miedo de dejar las notas del silencio cuajadas de tu voz”, “Algo anda suelto como fuegos artificiales donde sucumben las mariposas”, “He puesto la luna boca abajo a ver si detrás de ella elimino la noche”, “Ríes al segar mi secreto que de ríos está lleno”… son retazos de una y otra página.
Pero antes de terminar me queda pendiente un tema, y que no es otro que el referido a su autora, su consideración, quien lleva a cabo y a quien debemos la propia obra. No sería extraño que desde cierto imaginario moderno este aspecto se soslayase, pues se ha construido no sólo con la ausencia de las mujeres sino legitimando subrepticiamente en dicha ausencia su misma condición de posibilidad, estableciendo así engañosamente una supuesta universalidad sobre la base de un ocultamiento y una discriminación. Olga Rivero Jordán es sujeto femenino que construye y propone a su vez otro sujeto femenino y estratégico que encuentra su fortaleza no en su fundamento metafísico sino en su permanencia situada. En este sentido es de agradecer que una mujer, más si tenemos en cuenta la edad de la autora, tome las riendas de los poderes que hemos expuesto para insertarse en una tendencia donde lo que importe sea trabajar “en la creación de otro imaginario desde el cuerpo de la mujer -en frase de la filósofa española Rodríguez Magda-, avanzando propuestas provocativas sobre el sexo, la carne, los límites del arte; enfrentándose a la vez a la mirada masculina, a la moral pacata y a cierto feminismo de segunda ola que pretendía imponer un modelo de mujer suave, ecológico y poco erotizado”. Esta filósofa, que acuñó en 1989 el término de “transmodernidad” y que ha venido desarrollando desde entonces una teoría al respecto, propone: “Desde la denominación de ‘transmodernidad’ como la situación que retoma los retos pendientes de emancipación de la modernidad, pero asumiendo su crisis, habremos de utilizar la ausencia de la mujer, su carencia de presencia y esencia, como arma efectiva y creativa precisamente en unos momentos en que el adelgazamiento de las grandes teorías nos ofrece el simulacro como escenario”. En esta tesitura, pienso, habría que situar el atrevimiento literario de la autora de El sentir de la hoguera, como un esfuerzo por presentarnos un protagonismo femenino rotundo, un “yo” que se alza desnudo y arrollador ante un “tú”, varón desaparecido en pleno combate. Y es que ya era la hora de la inundación, de pasar de la “hoguera” a la “inundación”. Pero, ay, precisamente ahora cuando la modernidad reivindica la muerte del autor, precisamente ahora que la mujer consigue proponerse como protagonista en manos de otra mujer… “No me gustan los vientos, el vidente lo aclaró todo, Alberoni tenía razón, nunca llegará a ti ese reclinar la cabeza en el pecho porque ya lo sabes: nunca has sabido sentir los senos de una adolescente que nace todas las mañanas y no tengo la lepra, tengo estos sapos metidos aquí en mis latidos. Dudo que alguien haya amado como yo, sin ser sentida ni escuchada”. Así arranca este libro de poemas.
Antonio Jiménez Paz

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Título: Cada noche los lobos
Autora: Lola B. Gallardo
Editorial: Traspiés
Págs: 153
Precio: 12 €
“Menos lobos, Caperucita”, “¡Que viene el lobo, que viene el lobo!”, “Lobo con piel de cordero”, “Como una jauría de lobos hambrientos”, “Cinco lobitos tiene la loba, blancos y negros debajo la cola”, “Verle las orejas al lobo”… En materia de lobos la cosa no difiere mucho respecto de otras cosas de la vida: atracción y repulsa, miedo y admiración.
No todos, pero sí muchos de estos dieciocho relatos sobre soledades lobunas, sobre mujeres que sin ser licántropas se transforman al llegar la noche y ahogan los aullidos de dolor en la barra de algún bar, sobre gentes que en resumidas cuentas sufren en sus carnes aquello de “El hombre es un lobo para el hombre”, producen mas atracción y admiración que repulsa, puesto que todas las narraciones mantienen un buen nivel, contribuyendo a crear un conjunto homogéneo en el que no hay diferencial muy grande. Y de una cifra tan abultada como dieciocho, yo solo señalaría como prescindible “Ana sueña cronopios y laberintos”, y eso más que nada por hartazgo de homenajes y de citas, de referencias y de reenvíos invisibles al argentino.
Digo que tirando por lo bajo y cuanto menos, la variedad está servida Y es que la autora demuestra que lo terrible puede tornearse al menos mediante cuatro procedimientos:
-Relatos de ambiente y refinamiento.
-Relatos trufados de humor negro.
-Relatos balsamizados por una sensibilidad poética.
-Relatos que rinden tributo a los clásicos y a los maestros norteamericanos del género.
“Fino algodón egipcio”, es la cinta de oro que se corta para inaugurar este volumen. Al leerlo (y ya no lo he olvidado, frente a otros compañeros menos afortunados a los que he tenido que revisitar a la hora de realizar esta reseña) recordé aquella película no sé si de Visconti, no sé si titulada “El inocente”, en que la ambientación emocional y los riquísimos y excelentísimos decorados, cuidados al mínimo detalle, construyen una historia sólida, contundente, sin fisuras, y que por su misma naturaleza no desencajaría en esta recopilación, podría pasar por ser un relato de este libro. Un relato monumental, para mi gusto, que solo está un poco por encima del otro preciosista trabajo de orfebrería, “Vasily Gurchenko”, que hay que ubicar en lo que he dado en llamar “balsamizados por una sensibilidad poética”.
“Desde la Patagonia al Canal de Panamá” es el relato señero del grupo integrado por aquellos de humor negro, donde “Todas las lágrimas” es un ejemplo de inventiva de corte “realista”, tangible, calificable. A pesar de estar referido a una cebolla, uno sabe que se refiere a una cebolla. Con otros escritores “tallerísticos” uno tiene el problema de que no puede agarrar al toro por los cuernos ni al relato por el tema, porque realmente no sabe de qué está tratando. Otro tanto cabe decir de “Eso no va a poder ser”.
He de reconocer que a mí el tema de las falsificaciones siempre me ha fascinado, teniendo en cuenta que a veces temo que me van a detener. No por falsificador, sino porque cuando pago con tarjeta, casi siempre mi firma es irreconocible: no consigo que se parezca en nada a la original.
Para el caso de Lola B. Gallardo no podemos hablar de falsificación, pero sí de mimesis perfecta para con la fuente de inspiración. “Like a rolling stone” y sobre todo “Mimí a cielo abierto”podrían haber sido tecleados en la máquina de escribir de cualquier escritor/a norteamericano/a de los 50 (Relatos que rinden tributo a los clásicos y a los maestros norteamericanos del género). Allí donde uno mire, en esos dos relatos encuentra la sencillez constructiva de la literatura de esos comedores de hamburguesas con patatas, historias corrientes y molientes que nunca, aun por parecidas dejan de cautivar.
Remo y Rómulo, los creadores de lo que hoy conocemos como Roma, fueron amamantados por una loba. Un engaño, una invención, literatura al fin y al cabo. El imperio romano fue amplio y duró lo suyo. Los relatos de Lola B. Gallardo son muy cortos, lo justo, y puede que no hagan historia, ni se estudien en la universidad como el derecho romano, pero sí que se percibe en ellos una solidez pétrea, de piedra de acueducto, o de calzada romana.
José Cruz Cabrerizo

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