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LA RISA DE BILBAO. PRIMERA SEMANA INTENACIONAL DE LITERATURA DE HUMOR Y HUMOR GRÁFICO
Entre el 22 y el 26 de septiembre de 2010 tendrá lugar La Risa de Bilbao, Primera Semana Internacional de Literatura de Humor y Humor Gráfico. Este festival, que será anual desde ahora, es decir, desde su nacimiento, en adelante, contará este año con escritores de la talla de Fernando Marías, Tom Sharpe, Kirmen Uribe, por nombrar unos cuantos, y siempre sin olvidarnos de su organizador, el escritor Juan Bas. Entre las actividades: firmas de libros, mesas redondas, presentaciones de libros, exposiciones, etc. Toda la información que preciséis de tan interesante evento (también sobre el concurso de micorrelato de humor en el que podéis participar desde ya) la encontraréis en www.larisadebilbao.com
FANTÀSTICS 10. PRIMERAS JORNADAS DE FANTASÍA, CIENVIA FICCIÓN Y TERROR DE CASTELLÓN.
El 31 octubre a las 23.30 tendrá lugar Fantastic 10 en la Librería Argot (San Vicent 16, baix- Castellón), unas jornadas de Ciencia Ficción en las que la figura principal será la literatura Fantástica, el Terror y la Ciencia Ficción en todos sus ámbitos. Desde Argot Cultural y en formato Club, se celebrarán unas jornadas intensas en las que se debatirá sobre el futuro de la CFI y las nuevas tendencias entorno al género. Además durante todo el mes de noviembre habrá exposición de libros, rutas gastronómicas, presentaciones de libros, talleres, cursos, seminarios, charlas, proyecciones de cine, etc.
Organiza este evento: Argot Cultural (Libería Argot). Lo coordinan: Guillem López, Carmen Rosa Signes, Ricardo Acevedo, Rosario Raro, Verónica Segoviano y Juan Vicente Centelles. Colaboran: Fundación San Isidro de Caja Rural de Castellón y Universitat Jaume I.
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Título: Historia abreviada de la literatura portátil
Autor: Enrique Vila-Matas
Editorial: Anagrama
Págs: 126
Precio: 7,26 € / 6 € en edición compacta
1985. La editorial Anagrama publica una pequeña obra (no podía ser de otra forma) que presenta la forma de un ensayo pero, muy al estilo de Borges, nos hace desconfiar de su género y tiende hacia la novela. Porque además, plantea un enigma: ¿cuánto de verdad hay en lo que afirma la voz narrativa?
Con esta «Historia abreviada de la literatura portátil», Vila-Matas sienta las bases sobre las que se establecerá gran parte de su novelística posterior: la fusión entre ensayo y novela (que también sería explorada por Bolaño, entre otros), las extensas referencias artísticas (normalmente son escritores, pintores, músicos los personajes que aparecen y desaparecen en sus obras), la creación de un universo literario propio.
Términos como “shandy” o “máquina soltera”, autores como Robert Walter o Witold Gombrowicz, ciudades centroeuropeas… se convertirán en constantes que de forma más o menos explícita podremos encontrar en la producción de Vila-Matas.
Invito al lector a que se sumerja en esta conspiración producida en plena época de vanguardias artísticas, a que se introduzca en las provocaciones y excentricidades de una serie de mentes que decidieron dar pasos en el vacío, piruetas en el abismo y experimentar, inyectando a las distintas artes un aire nuevo, fresco y envenenado que perdura, en mayor o menor medida hasta nuestros días: si aún seguimos siendo herederos del Romanticismo, también somos hijos bastardos de las vanguardias.
Y que supone además la esencia de la obra de Vila-Matas, que sigue estos rasgos y se convierte, a su vez, en una perfecta producción portátil de un shandy, revitalizando la narrativa de nuestro país y la literatura en general, pues:
"La literatura vivirá mientras alguien que se disponga a escribir una simple carta dude unos instantes acerca de la manera de hacer verosímil lo que se propone decir en ella. Y en el peor de los casos, aun suponiendo que la gente deje de escribir cartas, la literatura no morirá mientras los poetas, además de escribir, sepan leer” (p.106).
Raúl Rubio Millares

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Título: Cuerpos divinos
Autor: Guillermo Cabrera Infante
Editorial: Círculo de Lectores/Galaxia Gutenberg
Págs: 555
Precio: 23,50 €
“Fit as a fiddle que es todo lo opuesto a listo para la fiesta. Fit as fiddle que es vivo como un violín y no violento como una viola. Fit as a fiddle and ready for love, riddle for love que es vole, volé (ve olé)...” De esta forma tan sorprendente y sonora comienza esta autobiografía tan poco ortodoxa pero tan… ¿natural? No sé, después de todo ¿cómo no?, fit as a fiddle. Nada de comienzos tipo “mi infancia son recuerdos” o “llega un momento en la vida de un hombre”. Dentro del género de la autobiografía novelada no he encontrado nada como “Cuerpos divinos” y harto me consta a mí mismo, que he leído bastante de este género. A destacar la rica e impagable “La novela de un literato” de Rafael Cansinos Assens y “Mi medio siglo se confiesa a medias” de César González-Ruano donde él nos confiesa, entre otras cosas, que la vida ha dejado de ser una novela para convertirse en un reportaje. Cruda declaración aunque no lo parezca.
En “Cuerpos divinos” de Guillermo Cabrera Infante, esta novela que acabó siendo una biografía velada, la vida del escritor se va desgranando poco a poco. Por supuesto que no son unas memorias completas; sólo abarca una época determinada: los estertores de los años 50, es decir: los postreros años de la dictadura militar y la inminencia de la Revolución cubana que finalmente se hace realidad el fin de año de 1958 y toma cuerpo al año siguiente. Las cosas de este tipo siempre vienen rápidas. Se va desgranando, decía, y volviendo para atrás al más puro estilo Infante que hace mil y un flashback y nos sale con algo pasado cuando nos resuelve en su obra un acontecimiento ya pasado. Es una forma resuelta, naturalísima, simpática y desordenada de narrar una vida. Porque la vida de un escritor no es lo que nos han hecho creer ellos mismos en sus diarios. Nadie tiene una memoria tan prodigiosa como para poner en orden sus vivencias, y menos cronológicamente o siguiendo cualquier otro sistema. Sin embargo, Cabrera Infante sabe lo que se hace en este libro. Escrito tiempo después y poco a poco, es todo un trabajo de ingeniería, teniendo en cuenta las enfermedades que le aquejaron en su tardía madurez. La vida del autor cubano, decía, se va desgranando poco a poco y echando mano de elementos biográficos muy precisos: sus amigos de entonces, su trabajo de periodista y crítico cinematográfico en la publicación periódica “Carteles” (la dorada época de “Carteles” siempre a la sombra de “Bohemia”), lo que le movía a ir al cine con frecuencia y no a disgusto, los bailes, los clubs, el Hemingway cubano con quien salió a pescar el gran pez de “El viejo y el mar”, el jazz grabado a fuego, las noticias de la “Sierra” donde Fidel Castro y Ché Guevara van ganando puntos poco a poco, y… por supuesto, por supuestísimo, las mujeres. El mito de seducción que arrastra Cuba no va en balde. El escritor, ahora por infortunio para nosotros desaparecido, nos detalla al pelo las relaciones (el amor, todos los tipos de amores) con las mujeres que conoció en la época. Podríamos pensar que hay presunción en ello de no ser porque en su entorno cultural-periodístico (luego más tarde revolucionario) nadie perdía el tiempo con mojigaterías. De hecho, y eso me hizo sonreír –es un libro que realmente te hace sonreír (e incluso reír) más de una vez, merecedor de los afortunados de unas Makáron Nésoi como lo es el caribe- nos acusa a los españoles de ser unos puritanos. Quizás ya entonces éramos más europeos de lo que creíamos. Lo cierto es que el primer amor de este libro también tenía un nombre griego: Elena. “Fue entonces que la vi sin haberla mirado, sin realmente haberla mirado, sin mirarla apenas y vi que era rubia, rubia de veras aunque parecía pequeña, pero aún sin medirla sabía que estaba hecha a mi medida.” Poesía coloquial, podría decirse.
Cabrera Infante se implicó en la Revolución cubana más de lo que la gente cree, aunque finalmente fue la mismísima Revolución lo que le alejó de su amada tierra. Porque “el patriotismo es el refugio del pícaro”. Se implicó, decía, hasta el grado en que aparcando alguna vez sus reseñas cinematográficas, que firmaba con el sencillo seudónimo de CGI, llegó a publicar en “Carteles” algún texto subversivo anti-batistiano. Desengáñese ese ibérico rojillo, ingenuo e idealista, que todavía pulula por ahí y que en su ignorancia llega a acusar a este autor de fascista. El fascismo tiene sus bases, sus porqués sin porqués, sus lemas y sus imperativos. No se puede decir de alguien que es fascista porque condene el Castrismo. Las ideas, también las políticas, hay que crisolizarlas más, si me permitís acuñar el término. Este espécimen de rojillo, que no rojo, del que hablaba, este atormentado y comprometido que diría Antonio Muñoz Molina, es quizás el culpable de que hoy en día, habitantes que somos de la democracia más calvinista que existe, nos llevemos las manos a la cabeza por cualquier cosa. Incomprensible asimismo es, al menos para éste que suscribe, ese padrinazgo político-sentimental que muchos tienen con Cuba. Les resulta fácil hablar del tema y solidarizarse con la caribeña patria y su comunismo rampante, ya que no les ha tocado vivir allá, donde eso sí, a pesar de que es difícil levantar cabeza, no falta la alegría y el calorcito humano. Pero precisemos en toda regla la verdadera posición del intelectual que era GCI: en la época en que el escritor firmaba de este modo había varios aparatos revolucionarios; principalmente el llamado Directorio y el 26 de Julio, al que más de una vez algunos intelectuales o agitadores sociales le rogaron desde la clandestinidad que se adscribiera. Sin embargo, él se negaba continuamente porque había apostado desde siempre por los comunistas. Esto, como podemos ver, no huele a fascismo por ninguna parte. Fidel Castro sin embargo era revolucionario pero no comunista; las cosas se torcieron finalmente y tuvo que abrazar esta forma de gobierno. Pero precisemos más: CGI estuvo a punto de dejar su familia para unirse a la guerrilla en la Sierra. La caída (la fuga más bien) de Batista hizo innecesario este paso que, de seguro, hubiera destrozado su vida. El Hombre, el tirano, se había quitado de en medio. Esta circunstancia dejó boquiabierto al más pintado. Después de tanto derramamiento de sangre, nadie esperaba este sorprendente final del que fue informado CGI por fuentes “fidelinas”, no fidedignas. No faltan los juegos de palabras, hasta en los momentos más álgidos; momentos de gloria y libertad que, como él mismo nos cuenta, le hicieron llorar de alegría. Después de la llegada de Fidel Castro, estuvo trabajando para éste como reportero-heraldo (y también como siervo feudal) y le acompañó a sus mítines y a sus viajes de una punta a otra del continente americano, llegando con sus conferencias hasta Nueva York y Montreal. Lo conocía de mucho antes, a Castro, de sus tiempos de estudiante. De él nos cuenta que mientras se acercaban a Buenos Aires, solicitó a su segundo de a bordo del barco de la revolución que le cantara tangos argentinos. Sin dudarlo un momento, su fiel le tarareó algunos junto a su oído.
Y bien, creo que esta síntesis sitúa al difunto Guillermo en un plano político bastante fidedigno, sólido y, para algunos, quizás inesperado. Pero ay, como él dice: “Las revoluciones son el final de un proceso de ideas, no el principio, y es siempre un proceso cultural, nunca político. Cuando interviene la política –o mejor los políticos- no se produce una revolución sino un golpe de estado y el proceso cultural se detiene para dar lugar a un programa político. La cultura entonces se convierte en una rama de la propaganda.” Se puede decir más alto pero no más claro. Pero quizás le estoy dando a la cosa un enfoque demasiado partidista. No olvidemos tampoco, como biografía colectiva que es de una época en que, a pesar de la crónica de la represión batistiana tiñendo de negro los habaneros dulces años 50, destacan las noches cubanas, los amigos, los compañeros de periódico, la bohemia cubana (esta con minúscula), los personajes más variopintos con un pasado que llenarían más libros de por sí, los compatriotas con que se topaba fuera de Cuba. En fin no olvidemos tampoco el erotismo más floreciente, el placer en todas sus dimensiones, los libros, la vida… La política tal vez acabó con todo esto. “La política terminó por engolfar la vida”. Los amigos y compañeros fueron alejándose, el gentío (antes aclamador de Batista) buscaba a quien linchar, el peligro había pasado, el dictador había caído y todos de pronto salían a la luz dándoselas de muy revolucionarios (¿nos suena esto?), una especie de “castidad revolucionaria” alejaba a CGI de sus recurrentes ninfas, ahora con ametralladoras en las manos. ¿Es CGI un reaccionario? ¿Lo es un servidor? No lo sé bien pues no sé con qué rasero debe medirse eso. Sólo sé que aquella otra vida, si damos fe a sus palabras, fue su mejor vida. La política hizo mucho más que engolfar la vida; se cobró la esquela más dramática. La podemos leer en el colofón. Todos sus compañeros, hasta los más comprometidos con la revolución, se suicidaron o acabaron alcoholizados. Parece que sólo él, después de conseguir el amor de la verdadera “Ella”, se salvó. Pero la tragedia se consuma al final, y desde luego hay mucho más que un final en éste y en todo libro. Huyamos de la visual escatológica de este libro, pues además de estos trágicos datos que no apetecen -lo comprendo- a todo el mundo, este es un libro que merece ser leído. Su estilo tan poco ecléctico, tan claro, lo hace apetecible. Infante tiene el don de recoger datos ingentes relativos a una época que no fue lo que se dice un siglo o, cuando menos, toda la vida de un escritor, exponiéndolos de una forma dinámica, amena, con la habilidad de mezclarlos con anécdotas curiosas y juegos de palabras muy sabrosos. La trama está llena de encuentros y desencuentros, de encantos y desencantos.
No diré más. Este libro se lee como si estuviéramos leyendo nuestra propia vida.
José Leandro Ayllón

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Título: Cuaderno de notas
Autor: Antón Chéjov
Traducción: Leopoldo Brizuela
Editorial: Páginas de Espuma-La Compañía
Págs: 187
Precio: 9,90 €
¿Qué escritor no desearía conseguir el éxito leyendo un sencillo manuscrito? Encontrar las dosis justas que necesite cada una de las narraciones. Saber de qué modo se cuecen las obras maestras, el modo de operar del cerebro de los grandes genios, la forma de trabajar, los detalles a incluir, el material a desechar… Este conjunto de cosas son las que uno puede encontrar, nada más y nada menos, en este pequeño Cuaderno de notas de Anton Chéjov. Un pequeño libro que en poco más de ciento ochenta páginas da cuenta de algunas de las genialidades de este maestro del cuento y excelente autor teatral.
Unas veces nos encontramos con escenas a medio hacer, en otras ocasiones son variaciones sobre el mismo tema, juegos sobre las posibilidades que puede tener una escena teatral o un fragmento de cuento. Uno se apercibe de la minuciosidad de orfebre con la que Chéjov trabajaba. Lo anotaba todo: precios, rasgos de los rostros, fragmentos de una esquina, detalles de un callejón, de una luz o de una casa. Todo se encuentra ahí. Y si uno sabe leer bien, entre líneas se apercibe de que para este autor la ocurrencia no debía constituir lo único. Había grandes dosis de trabajo, de dudas, de variaciones, de documentación y muchísimos detalles.
Otras de las cosas que a uno se le quedan grabadas al leerlas son esas frases lapidarias, esos golpes de humor, o de genialidad, de reflexión y de lucidez.
Algunas muestras de lucidez:
“… la igualdad de los hombres jamás será posible. La desigualdad debe considerarse, por tanto, como una ley inmodificable de la naturaleza. Pero nosotros somos capaces de volver inocua esta desigualdad (…) A este respecto, la educación y la cultura harán grandes conquistas.” (p.22)
“Lo nacional no tiene nada que ver con lo científico” (p. 67)
“El hombre no abre los ojos hasta que no es infeliz” (p.160)
Otras tantas de humor:
“Envidia tanto que bizquea” (p.24)
“No tener caballo se dice aquí poner a cuatro patas a la paisana” (p.29)
“Son formidables los alemanes, hablan del precio de la lana… mientras que nosotros, los rusos, nos enzarzamos a discutir sobre la liberación de la mujer (…)”( p. 38)
Y la sátira con crítica:
“Los curas y los actores tienen muchas cosas en común”(p.45)
Y consejos:
“La buena educación no consiste en no manchar el mantel con salsa, sino en aparentar que uno no ha visto nada cuando otro hace algo así”(p. 57)
Quizá lo único criticable es lo deslavazado del texto. La falta de unión entre unos fragmentos y otros, como seguramente corresponde a un cuaderno. Pero este pequeño libro es una de aquellas joyitas para leer con calma, para aprender, para llenarse de sabiduría… Un libro imprescindible para cualquier escritor y para los interesados en la obra del maestro ruso. Un libro al que acudirán muchos autores cuando no encuentren frases lapidarias con las que adornar su discurso. Ya saben, Cuaderno de notas de Anton Chéjov.
Luis Vea García

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Títulos: Campanilla y el juego del escondite / Campanilla y la guerra de pasteles
Autor: Daisy Alberto
Traducción: Mar Sanz Prevosti
Ilustraciones: Disney Storybook Artists
Editorial: Beascoa
Págs: 64
Precio: 7,95 € / título
Somos muchos los que disfrutamos ante una película de dibujos animados de Disney. Cientos son ya sus personajes que nos han hecho soñar, reír o llorar hasta la fecha. Y aunque generalmente solemos acordarnos más de los protagonistas, una vez pasado el tiempo, también hay personajes secundarios tan interesantes que se merecen contarnos sus propias historias. Éste podría bien ser el caso de Campanilla, la alegre compañera de aventuras de Peter Pan. Hoy hablaremos de dos libros donde las niñas de tres a seis años podrán conocer mejor a esta hada, su mundo y sus amigos: “Campanilla y el juego del escondite” y “Campanilla y la guerra de pasteles”.
En Campanilla y el juego del escondite Campanilla tiene que encontrar a todas sus amigas de la Hondonada de las Hadas. Gracias a este volumen, conoceréis no sólo a todas las hadas y sus habilidades, sino también todos los increíbles rincones donde se pueden esconder cuando juegan a este divertido juego. Pero, ¿será campanilla capaz de encontrarlas a todas?
En Campanilla y la guerra de pasteles, aprenderemos que las hadas están siempre muy ocupadas y necesitan descansar de vez en cuando y reponer fuerzas comiendo dulces en el salón de té. Dulcie y Ginger son dos de las grandes pasteleras encargadas de la cocina en el salón de té, pero, ¿qué ocurre cuando comienzan a competir por ver cuál de las dos es la mejor de todas?
Como veis, ambos libros resultan interesantes en conjunto o por separado. Ambos libros, eso sí, están ilustrados con gracia y acierto y vienen acompañados al final con divertidas actividades para jugar y comprobar que el texto se ha entendido a la perfección.
En definitiva, amigos, las aventuras de Campanilla son una buena idea para este verano, especialmente para niñas de tres a seis años que empiezan a desarrollar interés por la literatura y los personajes de la factoría Disney. Gracias a Campanilla, sus amigas y sus actividades, aprenderán que leer puede ser divertido. Así que si tienes niñas a tu alrededor de estas edades y tienes pensado regalarles algo, pero aún no sabes qué, ten esto que te digo en cuenta.
Cristina Monteoliva

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Comenzamos esta actualización extraordinaria de La Biblioteca Imaginaria, la última de este mes de julio que ya nos deja, con la entrevista que la escritora Carmen Santos fue tan amable de concedernos vía email recientemente.
Carmen, valenciana de nacimiento que pasó parte de su infancia en Alemania, nos presenta en “Días de menta y canela”, la obra que más tarde veréis reseñada y sobre la que principalmente hemos querido hablar con ella, una interesante historia llena de nostalgia, pasión e intriga.
Pero no quiero seguir adelantando acontecimientos, será mejor que leáis la entrevista y más tarde la reseña, amigos:
¿Cuándo comenzaste a escribir?
Escribo desde que tengo uso de razón. De pequeña escribía cuentos en alemán (eso fue cuando viví en Alemania), a partir de la adolescencia llevé un diario y recuerdo que siempre estaba con la nariz hundida en un libro o redactando cuentecillos con los que pretendía crear algo parecido a las historias impresas con las que disfrutaba.
Sin embargo, no fue hasta bastante después de haber dejado mi trabajo en una multinacional cuando empecé a escribir en serio, es decir, dedicándole a la escritura muchas horas, corrigiendo mis textos con severidad y poniéndome metas.
He leído en tu biografía que dejaste un trabajo de oficina para dedicarte de pleno a la Literatura, ¿te fue difícil tomar esa decisión?
Sí y no. Por una parte fue fácil, porque no me gustaba nada el trabajo que hacía y estaba ansiosa por dar un rumbo diferente a mi vida. Lo que me apetecía era dedicarme a algo relacionado con los idiomas y la literatura. Por la otra, me costó tomar esa decisión porque abandonar un trabajo seguro siempre supone un riesgo. Y eso que cuando lo hice yo, no estaban las cosas tan mal como ahora. Pero me planteé que estaba a punto de cumplir treinta años y si no daba el salto en ese momento, no lo haría nunca. Lo hablé con mi marido y al final decidimos entre los dos que merecía la pena intentarlo.

¿Cómo surgió la idea de escribir “Días de canela y menta”?
Yo viví en Alemania con mis padres, que emigraron allí a principios de los años sesenta, y la idea de escribir sobre aquello la llevaba dentro desde siempre. Hacia mitad de la treintena ya empecé a redactar un “proyecto” de novela que empezaba con una niña que viajaba con su madre a Alemania para reunirse con el padre, que ya llevaba algunos meses trabajando allí. Pero cuando andaba por la página setenta (de ordenador), me di cuenta de que me faltaban oficio y todo tipo de recursos técnicos para sacar a flote una historia que me importaba mucho, y decidí dejarla a un lado y empezar a adquirir experiencia con otras cosas. Escribí muchos relatos y tres novelas antes de animarme a retomar el tema.
Por lo que he leído también sobre tu biografía, creo ver un gran paralelismo entre el pasado de Clara Rosell y el tuyo. ¿Hasta qué punto es autobiográfica esta novela?
Precisamente cuando retomé esta novela, lo primero que decidí fue desechar el enfoque autobiográfico, del tipo libro de memorias, porque pensé que quedaría demasiado personal y no interesaría a nadie. Por eso mezclé los recuerdos de Clara con la intriga que arranca la novela y con la pasión que nace entre Héctor y ella, aderezándolo todo con golpes de humor.
Es cierto que para redactar la parte de los recuerdos de Alemania me basé en algunas vivencias propias y también recurrí a historias que oí contar a los adultos de niña. Pero todo eso no lo metí en la novela tal cual, sino añadiéndole mucha imaginación y cambiando esas anécdotas a mi antojo, porque lo que más detesto es contar mi propia vida en una novela. Aun así, creo que a los autores siempre se nos cuelan en los libros rasgos nuestros que acaban formando parte de algún personaje, pero procuro evitarlo en la medida de lo posible.
¿Te sientes identificada con el personaje de Clara, más allá de las coincidencias biográficas?
En algunas cosas sí, como por ejemplo en las dificultades que tiene Clara para conciliar la vida laboral y la familiar (algo por lo que pasamos todas o casi todas las madres hoy en día), o sus reflexiones relacionadas con la madurez. Pero también me identifico con rasgos de Héctor o incluso de otros personajes.

¿Y el caso de Héctor Laborda? ¿Es verídico?
No. En esta novela, aparte de las anécdotas de mi propia vida que incluí pasándolas por la imaginación (no diré cuales son; es mejor mantener el misterio), lo demás es todo inventado. No suelo escribir sobre personas reales ni hechos verídicos, porque de hacerlo, tendría la sensación de estar robando vidas ajenas. Además, es mucho más bonito inventarse personajes y hacerles pasar por todo tipo de situaciones.
¿Crees que Clara volverá a ser feliz, a pesar de su difícil decisión?
La verdad es que es difícil responder a esta pregunta sin chafar la novela a los que aún no la hayan leído, pero espero que sí vuelva a ser feliz, vaya…
Añadiré que antes de escribir este final, me lo estuve pensando muchísimo tiempo, porque el corazón me pedía dar una oportunidad a los personajes. Pero después de haberle dado muchas vueltas al tema, decidí que dadas las circunstancias personales de Clara, lo más lógico era que su historia con Héctor terminara como termina, aunque me dio mucha pena hacerles eso.
Hay mucha gente en España que se queja de la inmigración, gente que no recuerda que muchos españoles tuvieron que salir fuera también para obrarse un porvenir. ¿Qué les dirías a esas personas?
Sólo recordarles que no han pasado tantos años desde que nuestros padres o abuelos tuvieron que abandonar España para poder salir adelante. España siempre fue un país del que la gente emigraba, ya fuera a la Europa rica o a América del Sur, para poder comer de caliente y creo que eso no deberíamos olvidarlo nunca. Además, dadas las circunstancias actuales, es muy posible que los españoles nos veamos obligados a emigrar de nuevo.

¿Te gustaría que tu novela se llevara al cine?
Me encantaría. Soy muy cinéfila y ver este libro convertido en película sería una gozada. Por cierto, muchos lectores me han dicho que es una novela muy cinematográfica.
¿Qué esperas que encuentren los lectores en las páginas de esta obra?
Me gustaría sobre todo que disfruten con su lectura, que se conmuevan con lo que les pasa a los personajes, que se rían (o sonrían) ante las ocurrencias de Clara… y que se hagan una idea de cómo fue la vida de los que emigramos con nuestros padres a los países ricos de Europa en los años sesenta.
¿Tienes ya nuevos proyectos literarios?
Ahora estoy metida de lleno en la escritura de una nueva novela, que llevo muy avanzada y con la que me lo estoy pasando de maravilla. No puedo adelantar nada todavía, sólo que será muy diferente de todo lo que he escrito hasta ahora.
Muchas gracias, Carmen, por tu tiempo, tus respuestas y tus fotos personales (en la segunda podéis ver a la Carmen en su infancia alemana). Te deseamos toda la suerte del mundo tanto con esta obra de la que hoy hemos hablado, Días de menta y canela, como con todas las que vengan.
Y a vosotros, amigos y seguidores, como siempre, gracias por estar ahí.
Cristina Monteoliva
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Título: Días de menta y canela
Autora: Carmen Santos
Editorial: Plaza & Janés / Debolsillo
Págs: 221
Precio: 17, 50 € / 8,95 € la edición de bolsillo
Llega el verano y con él las pateras a las costas andaluzas y canarias. Cientos de africanos cargan sus ilusiones a la espalda y emprenden viajes inciertos a una Europa quizá no tan idílica. Lo vemos impasibles en las noticias. Porque a veces parece que se nos olvida que hubo un tiempo no tan lejano en el que también muchos españoles tuvieron que salir para ganarse la vida en otras partes de Europa. Algunos volvieron tras años de ahorros, otros decidieron quedarse en Francia, Alemania, Suiza o Bélgica. ¿Porqué volver? ¿Y porqué quedarse? Tal vez si te adentras en “Días de menta y canela”, la novela de Carmen Santos de la que hoy te hablaré, llegues a entenderlo.
Clara Rosell tiene un marido abogado, dos hijos pequeños y un nuevo trabajo en un periódico que la trae de cabeza. Aunque todo el mundo quiere que vuelva a casa para cuidar de los niños, esta mujer madura un tanto desanimada quiere llegar a ser periodista con todas sus fuerzas. La oportunidad de demostrar su valía viene en su busca durante las Navidades, cuando Clara descubre en un diario alemán la misteriosa muerte en Düsselforf de Héctor Laborda, un emigrante español que nunca volvió a su país. Para llegar hasta el final del enigma, Clara deberá viajar a la ciudad alemana en compañía del hijo de Héctor Laborda. Pero, ¿está nuestra aspirante a periodista preparada para lo que le espera en este viaje?
Una simple palabra, un gesto, un hecho ajeno a nosotros: cualquier cosa puede llegar, en un momento dado, a despertar recuerdos en los que ya apenas pensábamos. Así, para Clara Rosell, esta mujer profundamente sumergida en su propia crisis de los cuarenta, el descubrimiento de la noticia de la solitaria muerte de Héctor Laborda no sólo la llevará a emprender una aventura que dejará profunda huella en su persona, sino también a abrir un cajón de su memoria, el mismo en el que se hallan sus recuerdos de infancia en Alemania. Y es que al igual que este Héctor Laborda apático que no tuvo contacto siquiera con su hijo, los padres de Clara tuvieron que dejarlo todo y viajar a Alemania en busca de un futuro mejor. Tan sólo después de años de sacrificios y anécdotas que esta mujer madura ahora recuerdo, pudieron todos volver a Valencia, cuando Clara ya era adolescente.
Tres son las líneas argumentales, por tanto, que nos presenta la Clara narradora: la de sus recuerdos, tan nostálgicos como entrañables; la de la investigación periodística, cargada de intriga; y, finalmente, y no por ello menos importante, la pasional, junto con Héctor Laborda hijo.
La protagonista absoluta, como ya supondréis, es Clara Rossel, una mujer de edad media con un gran sentido del humor, a pesar de la desesperanza que la llena en los últimos tiempos. Casada con Emilio, ex novio de su difícil hermana Anita, y madre un tanto tardía (parece que su entorno no quiere dejar de recordárselo) de dos criaturas que no se están quietas ni un momento, Clara ve una válvula de escape a su vida justamente cuando se le presenta la oportunidad de viajar a Alemania junto a Héctor Laborda hijo, un hombre del que no podrá otra cosa que enamorarse perdidamente.
Días de menta y canela, por tanto, es una novela que atrapa desde el principio por varios motivos. Primeramente, por la frescura de su narradora, una mujer que a pesar de su desasosiego parece tomárselo todo con gran sentido del humor; después, por sus personajes, tan reales, tan perfectamente perfilados; y en tercer lugar, por lo interesante de sus distintas tramas entrelazadas, y por lo mucho que podrán hacernos sentir a nosotros mismos (o recordar). En definitiva, amigos, como los trenes que viajaban a Alemania en los sesenta para llevar a los trabajadores, esta es una novela que no deberías perder. ¿Te atreves a adentrarte en sus páginas?
Olvidamos demasiado pronto. Enterramos en la memoria hechos que deberíamos tener muy presente. También a nivel colectivo. Por eso, vemos impasibles las pateras llegar a las costas sin pensar que nuestros tíos, padres o abuelos también tuvieron que salir de España en busca de un futuro mejor no hace tantos años. Recordemos y aprendamos, a la vez que saboreamos una novela tan emocionante como Días de canela y menta. Estoy segura de que no te arrepentirás de esta elección.
Cristina Monteoliva

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Título: Piel de fantasma
Autor: Rafael Marín
Editorial: Grupo AJEC
Págs: 240
Precio: 15,50 €
Que Rafa Marín es uno de los dioses del Olimpo de la literatura de género en nuestro país es algo que a nadie se le pasa. Es por eso que estamos de enhorabuena, porque de nuevo le tenemos aquí y en esta ocasión con una antología de cuentos donde el terror toma forma, principalmente con relatos de fantasmas. Aunque hay de todo, eh, zombis o personajes de Homero vengativos, por poner dos ejemplos, también pasarán por nuestras retinas.
Estoy seguro de que a nadie se le ha pasado por alto esa espléndida portada que le han hecho en AJEC y que al menos a mí me recuerda un poco al niño de la película de “La Maldición”. Hay gente que me ha comentado que la portada le provoca malestar, en estos casos, el ilustrador ha conseguido plasmar lo que quería: felicidades.
Los relatos que componen esta antología ya han sido editados con anterioridad, pero que a día de hoy, muchos de ellos son, cuanto menos, difíciles de encontrar. Entre tanta maravilla podemos disfrutar de relatos ganadores de certámenes de mucho prestigio, como son:
Bibliópolis, Ragnarok en las playas de Itaca, Una canica en la palmera, La piel que te hice en el aire, La sed de las panteras, El último suspiro, Son de piedra, Llena eres de Gracia, Volver a Sitges, A veces corren, Sombras de Candilejas, y That´s all right, mamá.
Debo decir que Marín es todo un experto en terror, pero iría más allá, lo es más en el “Terror emocional o de las emociones”. Esta antología, cargada de espectros, con cuentos, a veces, relacionados unos con otros (Ayyyy, mi Cai, qué buen nexo de unión entre relatos, escoger la tierra que uno ama), me ha hecho sentir escalofríos en algunas ocasiones, pero también melancolía. Sé que es algo que puede parecer contradictorio, pero les insto a leer la antología. Les aseguro que no quedarán inmunes a este sentimiento, y si el relato de “La piel que te hice en el aire” o el del “Badodo” os dejan fríos juro que me dedico a otra cosa, pero no a reseñar.
¿Por qué Marín es tan bueno? Porque sabe que asustar hoy en día con un fantasma en la literatura es cosa de risa, y eso no es lo que él pretende. Él te asusta utilizando un fantasma, no con un fantasma, o con un zombi. Si a este le añadimos que la prosa de Rafa es preciosista, detallista, mimada…, pues señores, una gozada que alguien que escribe tan bien se dedique a este género tan denostado hoy en día.
No me queda más que recomendar esta antología a los que gustan de la buena literatura, saliéndonos de etiquetas, de géneros y prejuicios.
Disfrútenla.
Juande Garduño

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Título: El cuerpo de la casa
Autor: Orson Scott Card
Traducción: Rafael Marín
Editorial: Alamut
Págs: 272
Precio: 18,95 €
¿Pueden llegar a tener alma los objetos? ¿Serán capaces de adquirir los utensilios que usamos parte de nuestra esencia vital? ¿Y qué me decís de las casas? ¿Tendrán las mansiones, los viejos caserones o los pequeños apartamentos algo de las personas que en ellas vivieron? Indudablemente, ninguna obra te hace pensar en estos temas tanto y tan en profundidad como “El cuerpo de la casa”, la novela de Orson Scott Card de la que hoy te hablaré.
Tras la trágica pérdida de su hija, el constructor Don Lark se dedica a comprar casas en ruinas, restaurarlas y volverlas a vender. En esta ocasión, se ha fijado en la vieja mansión Bellamy, un caserón con mucha historia que lleva demasiado tiempo abandonado. Aunque Don es un tipo solitario, alguien de pocos amigos, pronto comienza a trabar amistad con las ancianas Miss Judea y Miss Evelyn, la agente inmobiliaria Cindy Clayborne, e incluso con esa ocupa que tiene por inquilina, Sylvie Delany. Todo podría ir bien, por tanto, con el arreglo de la casa, si acaso ésta no escondiera tantos secretos. ¿Será capaz Don de lidiar con ella hasta el final y venderla después?
Hay gente que tras perderlo todo tiene que encontrar la manera de seguir adelante con una vida sin esperanzas y pesadillas que no dejan de sucederse en su cabeza. Así es como nos presenta el narrador omnisciente de esta novela a su protagonista, Don Lark, un buen hombre que tras perder todo su dinero intentando recuperar la custodia de su única hija, y luego ver como ésta muere por la imprudencia de su madre, comienza a restaurar casas para luego venderlas a buen precio. Comprar, restaurar, vender y volver a empezar: así de sencillo es siempre; aunque no esta vez. Y es que la mansión Bellamy tiene algo especial, también las personas que la rodean. Tal vez sea hora de cambiar por fin los planes, de salir del infierno o de meterse de lleno en él.
Acompañan a Don en esta emocionante aventura (aunque el ritmo sea lento al principio, precisamente para hacernos entrar de lleno en el ambiente, todos los que conocemos la literatura de Orson Scott Card podríamos intuir que la acción llegaría poco a poco para atraparnos completamente entre sus páginas) las ya mencionadas Cindy Clayborne, una agente inmobiliaria puede que tan solitaria como Don (y puede que con más problemas que él mismo); las siempre entrañables Miss Judea y Miss Evelyn, las ancianas generosas que viven al otro lado de la calle cocinando sin parar para una tercera que no se deja ver, Miss Gladys; y Sylvie Delaney, la exasperante universitaria que decidió dejar toda su vida un buen día para vivir como una ocupa vagabunda entre las paredes de una casa con tanta historia como misterio.
El cuerpo de la casa, en definitiva, es una historia de fenómenos un tanto paranormales protagonizada por personajes con problemas muy reales perfectamente perfilados por el autor de esta obra. La mansión Bellamy guarda infinidad de historias entre sus muros, algunas alegres, otras trágicas. De igual manera, Don Lark, Cindy, Sylvie, etc, tienen un pasado lleno de situaciones desagradables, de miedos que podrían afectarnos a todos alguna vez, y que ellos (como tampoco nosotros si estuviéramos en su lugar) no pueden dejar atrás por más que lo intentan. O tal vez sí. La clave, sin duda, la hallarás si te decides a leer esta novela que satisfará tanto a los amantes del género como a aquellos que deciden que el verano es una buena época para acercarse al mismo, pues cuando el terror tradicional se mezcla con el psicológico, en una trama tan bien trazada, el buen rato está asegurado.
Nos cuesta deshacernos de algunos objetos, le cogemos cariño a los sitios por los que pasamos casi hasta el punto de no poder dejarlos. Tal vez los objetos y los lugares adquieran nuestra personalidad, tal vez en realidad tengan una personalidad propia. Y si lo que quieres es pensar en este tema y en otros muchos, nada mejor que sumergirte entre las páginas de El cuerpo de la casa. Pero, ¡cuidado!: puedes quedar atrapado en sus páginas para siempre…
Cristina Monteoliva

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Título: Tres tortugas / Tres cerditos
Varios autores
Ilustraciones: Ana Martín Larrañaga
Editorial: Beascoa
Págs: 8
Precio: 9,95 € / volumen
Estamos en verano. Es tiempo de llevar a los peques a la piscina o a la playa. Serán varias horas de baños y risas, un rato que puede dar mucho de sí. Tal vez hayas pensado llevarte también algún libro que leerle a tu peque mientras estáis fuera. Pero, ¿y si se moja? Se estropeará, claro, y será un fastidio. ¿No sería genial que hubiera libros precisamente para jugar en el agua? ¡Pues ya los hay! Hoy te presentamos dos buenos ejemplos titulados Tres tortugas y Tres cerditos.
Tres son las pequeñas tortugas, tan alegres y revoltosas. Gracias a ellas podrás enseñarle a tu peque los antónimos (sucio / limpio; despierto/ dormido; etc).
Los tres cerditos, por su parte, están muy sucios y deben bañarse. Gracias a ellos tu peque verá lo bien que hay que frotarse para quedar totalmente limpio.
Los libros para leer dentro y fuera del agua, en definitiva, son una buena opción tanto veraniega (para la playa o la piscina) como para el invierno (cuando los largos baños suponen una agradable diversión). Tu peque, además de aprender cosas útiles y divertidas, podrá jugar mojando los libros y las figuras de goma que traen de regalo estos simpáticos ejemplares.
Un juguete, algo educativo a la vez. Una gran opción para los más pequeños de la casa y los adultos que juegan con ellos. Diviértete junto a las Tres tortugas o los Tres cerditos y tu hij@, primit@ sobrin@ o herman@, o quizá decídete por ambos volúmenes.
Cristina Monteoliva
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