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Título: Venidos del miedo
Autor: Julián Sánchez Camarazana
Editorial: Páginas de Espuma
Págs.: 112
Precio: 15 €*
Acabo de despertar en medio de un sudor frio. El palpitante movimiento pectoral, refleja el profundo estado de ansiedad en el que me ha sumido una pesadilla al borde de la realidad. A nadie le está permitido dormir sin soñar. El libro aún pesa en mi mano. Creo que me dormí apenas caía la contraportada, y con el espeso sobresalto de haber pasado la última página del miedo.
Venidos del miedo es un libro de cuentos al límite de la oscuridad humana, igual que el mundo onírico al que nos inducen sus relatos. Julián Sánchez sabe tocar un sentimiento tan flexible como perenne. Lamentablemente no voy a saber reflejar mi lado más objetivo; tal es el sobresalto que me ha producido esta lectura. Sus páginas te golpean una tras otra hasta noquear las defensas de crítico-lector y consiguen estremecer la piel.
Se trata de un libro fácil de leer, pero muy difícil de olvidar. Hay que tomárselo de golpe, sin pausas; así, como el miedo. Julián traba literatura con ilusionismo, creando ambientes tenebrosos en la morosidad de la palabra. Su voz hipnotiza la imaginación y, apenas has leído los primeros relatos, ya te sientes llevado de la mano del autor fantasía adentro.
Se me hace difícil describir los tres estadios en los que viene dividido el texto sin descubrir su esencia, pero puedo anunciaros que la muerte pasea como por una gran avenida; el diablo compra regalos por Navidad; y los asesinos se funden con la sombra para intrigar a nuestra espalda.
Sin esta lectura en las neuronas, no se puede decir que uno ha pasado miedo alguna vez en la vida después de leer a Poe.
Un último consejo: léelo con luz amarillenta; al frio del exterior y en la calidez de la noche; en una butaca cómoda y de alta espalda, porque vas a necesitar sentirte protegido; o entre la ropa de cama, donde puedas sujetarte acechado por una pesadilla; y sobre todo, no desfallezcas antes de llegar al final, resulta definitivo para comprender el alcance total y absoluto de la obra.
Eduard Pascual

*En tu librería habitual o directamente del autor a jsperiodista@telefonica.net solicitándole que te lo dedique
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Título: Sanitarios centenarios.
Autor: Fernando Sorrentino.
Editorial: Carena
Págs: 125
Precio: 16 €
Los que entienden del tema y hablan de neutrinos y antimateria y descomponen y recomponen el universo en modelos matemáticos, dicen que en sus orígenes, justo antes del Big Bang, el universo tenía tal densidad que toda su materia se concentraba en una cuchara del tamaño de las de café. Sanitarios centenarios es un libro denso, un universo, pues es muchos libros a la vez. Lo primero: no es una novela, y por tanto no se le debe hincar el diente con ánimo acomodaticio, sino con la postura activa que un relato requiere del lector, téngalo claro desde el principio y no se arrellane en el sillón de la narrativa “larga”, o transitará por un territorio difícil hasta que se dé cuenta de ese detalle que le cuento. Segundo: es un libro marxista, porque gustaría mucho a los hermanos Marx y porque la historia que cuenta está trufada de escenas de ópera bufa, es una progresión hacia el disparate que se salpica de diálogos delirantes, un crescendo de aposturas y falsedades, una astracanada con toques de enredo sabia y elegantemente resuelta, que culmina en un clímax en el que una orquesta toca para una jauría de famosos. Los músicos comparten escenario en Guau-Guau con un cadáver al que se vela: precisamente el destinatario centenario de dicha celebración con el que se esperaba contar vivo y no de cuerpo presente, y al que han depositado en una bañera/ataúd.
No desvelo más detalles, pero sigo diciendo que es un cuento marxista. Marxista de Carlos Marx: se cita a melenudos izquierdistas que tienen los pies puestos en la cómoda alfombra de un padre adinerado; tenemos a Lucas, uno de los seis Spettanza, uno de los dueños de “Sanitarios Spettanza, artefactos de confianza”, personaje transversal a toda la historia, escritor, autor de aforismos, poeta inédito (sólo en las dos primera partes del libro, pero grandilocuente y ripioso hasta el final), que considera Selecciones del Reader’s Digest como el summun de la intelectualidad; un energúmeno resentido al que solo le interesa hablar de sí mismo, roñoso, que con los bolsillos colmados halaga permanentemente la fe en el futuro y el trabajo duro, siempre el trabajo duro, y al que se le llena la boca al hablar de valores morales. Sí, mucho Lucas, pero ¿A qué venía citar a Carlos Marx?, se estará preguntando. Lucas Spettanza dixit: “Me hubieran visto a mi cuando muchacho… -entrecerró los ojos con aire evocativo-. Por las noches recorría las calles pegando carteles del partido Socialista; a la mañana siguiente, bien temprano, ya estaba firme en el escritorio de mi padre, vigilando que el personal trabajase como es debido”. Sobran las palabras, mis palabras.
Una campaña publicitaria gestionada por la agencia Convección Suasoria es la excusa, y Hernando Genovese, es el narrador y uno de los artífices de ese gran cúmulo de efectos ópticos que es la publicidad (todo depende del cristal con que se mire), un prestidigitador de esa mentira que se retroalimenta y lleva al pueblo argentino a desear con todo su ser el privilegio tener en su casa los Sanitarios Spettanza, artefactos de confianza. El propio Hernando Genovese, como si de un Frankenstein de los inodoros, lavatorios, bañaderas (me permito conservar los argentinismos) y bidets se tratara, no puede escapar a la vorágine. Pero por ser quién es se libra de esperar tres años a que le sirvan y tiene un 5% de ahorro sobre P.V.P.
Toda la miseria, la mentira, la podredumbre, el ambiente enrarecido que transpira la obra, todo eso quiero decir, hubiera necesitado miles de páginas si el formato elegido para retratarlo hubiera sido una novela social. Porque Sanitarios Centenarios es un universo. Sí, ya lo he dicho. Pero no sé si le ha quedado claro que es también un laboratorio en el que Fernando Sorrentino realiza su experimentos, exitosas experiencias (vaya esta especie de cacofonía dedicada a Hernando Genovese) que si bien nunca van a tener un hueco en revistas de prestigio como Science o Nature, no sería yo el que mandara al consejo de redacción de Antropoides, publicación que sí abre sus hojas a los Spettanza a quienes cuece un reportaje sobre Carmelo Spettanza (el patriarca, 103 años del ala), que no se saltan los presentadores del Tomate con zapatillas nuevas.
La fórmula de todo esto: prosa ligera, ingeniosa, y chispeante, unos cortes transversales de metaliteratura, un relleno de neurosis que sacuden a todo escritor, se centrifuga con todo lo demás y ya tenemos un relato que desde luego no por gracioso es menos incómodo y explosivo. ¿No hablaba Poe del efecto? Desde luego se puede hablar más y más y mucho más de este relato. Se puede hablar más y más y mucho más (me permito otro guiño a Genovese) de esa gente “descomunal y soberbia”, que con egos semejantes a un gas llenan toda la tercera parte. Pero desde luego no se puede hacer mejor. Lo segundo, digo.
José Cruz Cabrerizo

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Título: El proceso
Autor: Franz Kafka (edición de Isabel Hernández)
Editorial: Cátedra
Págs: 308
Precio: 9,40 €
Ocurre con ciertos libros, con aquellos que entendemos como clásicos, que durante años oímos hablar de ellos, oímos lugares comunes, tópicos, que hacen referencia al contenido de su historia, a algunas partes del texto, y que de tan familiarizados que creemos estar con ellos, llegamos a pensar que no necesitamos leerlos; o quizá no tanto, pero sí que son una eterna lectura pospuesta. Sin embargo, el encuentro con estas obras sigue siendo indispensable, el contacto personal, lejos de teorías críticas, de estudios fundamentales, de tesis doctorales, etc. Apelo a nuestro simple juicio como lectores.
“Alguien debía de haber hablado mal de Josef K., puesto que, sin que hubiera hecho nada malo, una mañana lo arrestaron”.
Así comienza una de estas obras que he mencionado: El proceso de Franz Kakfa. Pretendí enfrentarme al texto de la forma más “inocente” posible, evitando artículos, estudios preliminares, etc. Pretendí enfrentarme al texto para intentar llegar a la esencia que lo ha convertido en un clásico, en una obra maestra.
La novela se estructura en diez capítulos que transcurren en menos de un año. La mañana en que cumple treinta años, Josef K. despierta arrestado en su propia casa. Uno de los agentes le dice a K.:
“El proceso acaba de iniciarse y se enterará de todo a su debido tiempo”.
Es una promesa que se arrastra a lo largo de la narración.
Durante ese tiempo, K. se empeña en luchar contra ese sistema que lo ha juzgado culpable sin más, lucha por defender su inocencia, pero se topa contra un entramado burocrático que nos hace recordar nuestro presente, cada vez que nos vemos en la problemática de tener que realizar algún trámite.
Este proceso lleva a K. por lugares asfixiantes; Kafka es un maestro en la construcción de atmósferas cargadas, en laberintos, en escenas que sobrecogen al propio lector y lo mantienen en un estado de permanente agitación. Tres ejemplos:
“Jamás hubiera concebido por sí mismo la idea de que pudiera llamarse estudio a esa pequeña habitación. Apenas podían darse aquí a lo largo y a lo ancho más de dos pasos largos […] El aire de la habitación se le había ido haciendo poco a poco más opresivo […] el bochorno de la habitación era inexplicable” (páginas 198-201).
“K. se dirigió hacia la escalera para ir hacia la sala de interrogatorios, pero entonces se detuvo de nuevo, porque además de esa escalera vio en el patio otras tres escaleras diferentes y, además, un pequeño pasillo al final del patio parecía conducir a un segundo patio” (página 97).
“Estaba muy claro y no había escapatoria; gritó: «¡Josef K.! »
K. se detuvo y miró al suelo. De momento seguía siendo libre, aún podía seguir adelante y salir de allí por una de las tres puertas de madera, pequeñas y oscuras, que no estaban muy lejos de él” (página 258).
En este reflejo de la indefensión del frente al sistema (con la que, insisto, podemos llegar a identificarnos), al final… No, no voy a mencionar el final. Invito a aquellos que no lo hayan hecho aún a adentrarse en la inquietante historia de Josef K. Quién sabe si alguna vez, a lo largo de nuestra vida, debamos enfrentarnos a un proceso parecido…
Y para el resto del aparato teórico respecto a la obra, de las teorías e interpretaciones, de las notas biográficas, recomiendo la edición de Isabel Hernández, acertado trabajo tanto en la documentación como en la traducción.
Raúl Rubio Millares

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Título: Marcas de Nacimiento
Autora: Nancy Huston
Editorial: Salamandra
Págs: 320
Precio: 18€
La Genética nos enseña que, básicamente, heredamos todos nuestros caracteres físicos de nuestros progenitores y de los progenitores de nuestros progenitores: los ojos de papá, la boca de mamá, el pelo del color de la abuela, la nariz del abuelo… Y es cierto también que, a menudo, encontramos en nuestra anatomía algún que otro rasgo distintivo, una marca de nacimiento familiar que sin duda nos hace diferentes. Pero, ¿y si no sólo heredamos los caracteres físicos de nuestros antepasados? ¿Qué más nos pueden transmitir nuestros familiares?
La famosa cantante Erra descubrió algo horrible durante su infancia, un secreto que cambió por completo su forma de ver el mundo y su manera de vivir la vida a partir de entonces. Las consecuencias se transmitirán, al igual que las marcas de nacimiento que todos comparten, a través de las tres siguientes generaciones familiares. Ésta es la premisa de partida de Marcas de Nacimiento, la novela de Nancy Huston ganadora del Premio Femina 2006, y que tantos éxitos ha cosechado hasta ahora.
Lo cierto es que no es de extrañar el éxito de la novela de Huston, al menos una vez que se tiene la oportunidad de leerla y analizarla. Destaca, en primer lugar, el esquema narrativo que la autora elige para construir una trama tan compleja. Así, Huston divide su novela en cuatro partes bien diferenciadas, con cuatro protagonistas distintos, todos niños de alrededor de 6 años, miembros de la misma familia, pero de distintas generaciones.
Parece lógico pensar que la narración debería ir de atrás hacia delante, siguiendo el transcurso natural de la línea del tiempo. Sin embargo, y como segundo punto a destacar, diremos que es éste de un viaje hacia atrás en el tiempo, desde el 2004 hasta el pasado, un camino que empieza con Sol, el bisnieto de la famosa cantante, para acabar en el periodo que va de 1944 a 1945 con la niñez de Kristina (Erra). Se trata, sin duda, de ir desenmarañando la historia familiar poco a poco, con toda su complejidad, entendiendo como el efecto de los acontecimientos remotos, o no tanto, pueden o no repercutir en las siguientes generaciones.
Encontrará el lector que todos estos niños narran con estilos muy similares, siempre en primera persona, en presente, introduciendo en su discurso tanto lo que sucede fuera como dentro de sus cabezas, y siempre pasando de un tema a otro con una gran naturalidad. A veces, el infante de turno parece dirigirse a alguien, al lector; otras veces, su discurso se convierte en un monólogo interior, lleno de angustia o regocijo. Abundan también los sueños, los recuerdos felices y otros que no son tanto. Y es que olvidan los adultos que los niños son pequeños, pero no tontos, que comprenden a la perfección lo que entre los mayores se habla. Es así como llegan a conocer estos niños lo que pasa en su entorno, dándose de bruces, normalmente, con la realidad.
Otro punto común que encontrará el que se adentre en estas páginas es lo que podríamos denominar “ruido de fondo”. Y es que los años en los que viven estos niños son distintos y distantes en el tiempo, tampoco coinciden los lugares donde viven; sin embargo, siempre encontramos alusión a una guerra, a un conflicto bélico que tiene lugar en algún punto del mundo, y en el que los Estados Unidos están implicados de una manera u otra. Imposible creer que estos acontecimientos históricos, al igual que los familiares, no influyan en la futura personalidad de estos seres que están comenzando a andar por la Tierra.
Llama la atención la evolución, a lo largo de menos de un siglo, de la relación entre padres e hijos así como la progresiva pérdida, en general, de la inocencia de los niños. Y es que poco tienen que ver esa Kristina (Erra) de la segunda guerra mundial, llena de ternura, teniéndose que conformar con un regalo navideño que en nada le agrada, con ese Sol del siglo XXI, un niño con graves problemas alimenticios, mimado a más no poder, con una pasmosa precocidad y una indolencia hiriente.
Se hace inevitable, después de leer esta novela, el mirar atrás, a nuestra infancia, y pensar en los secretos que, al desvelarse, nos fueron robando la inocencia. Marcas que quedan grabadas a fuego en nuestra memoria. Así, grabada para siempre en nuestras almas, quedará esta novela, y todo lo que nos hizo pensar mientras la leíamos.
Cristina Monteoliva

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Título: El Tiempo de las cabras
Autor: Luan Starova
Editorial: Libros del Asteroide.
Págs: 232
Precio: 17,95 €
A la mayoría de nosotros, cuando pensamos en nuestra infancia, se nos dibuja una sonrisa tan inocente y pura como esta época de la vida ya pasada. Desde luego, no todas las infancias son felices, algunos niños no tienen mucha suerte que digamos. Aún así, siempre hay, al menos, un periodo, por corto que sea, que se recuerda con especial cariño, un oasis en medio de la oscuridad. Para Luan Starova ese periodo feliz, ese “paraíso perdido de la infancia”, tiene un nombre: El Tiempo de las Cabras.
Después de la segunda guerra mundial, la familia de Luan se ve obligada a emigrar a los Balcanes, a la República de Macedonia. La vida en la ciudad en la que esta familia se instala es bastante dura para los más humildes, sobretodo por la escasez de alimentos. Todo cambiará, sin duda, el día en el que los cabreros, llamados por las autoridades para convertirse en la nueva clase obrera, hacen su aparición en la plaza mayor junto con sus preciadas cabras. Comenzará entonces el que todos denominarán tiempo de las cabras, una etapa esperanzadora para el pueblo llano, pero a la vez llena de incertidumbre.
Se publican miles de biografías y/o memorias al cabo del año, de personajes conocidos o no tanto, con tonos más o menos serios. No todas, sin embargo, pueden presumir de ser tan originales e interesantes como la de Starova. Y es que Luan Starova no rige su obra por los esquemas habituales del género, válidos para otras vidas, pero no para la suya. Muy acertadamente, este autor decide narrar sus vivencias a manera de memorias novelizadas, de forma que el que no lo sepa previamente pueda pensar que lo que aquí está escrito es pura ficción.
El narrador de esta historia es el propio Luan, un niño de edad indeterminada que empieza a darse cuenta de que la existencia está muy lejos de ser de color de rosa, al menos en los Balcanes de postguerra, pero que tampoco está dispuesto a dejar escapar el dulce periodo de la niñez sin vivirlo plenamente.
Luan, no obstante, no es el protagonista de la trama, ni siquiera lo son sus hermanos, a los que se refiere de forma vaga (de manera que el lector, si no presta la suficiente atención, no sabría decir cuantos niños hay en la familia ni cuales son sus nombres). Starova deja esta posición aventajada a su querido padre, un hombre extremadamente culto, de fuertes principios morales, que busca una solución al problema del sostenimiento de la familia dentro de sus numerosos libros, como un Don Quijote de los Balcanes, casi sin darse cuenta de que si no pasa pronto a la acción, ya no quedará familia a la que mantener.
En segundo plano, aunque muy cerca del padre de Luan, está Çanga, el valiente jefe de los pastores de cabras que bajara de las montañas con su majestuoso rebaño para traer la luz a las gentes de ciudad. Se trata éste de un personaje singular por su sabiduría popular, sus ganas de aprender, su honestidad y generosidad, que no tarda en hacerse amigo del intelectual padre de familia.
La obra de Starova no es sólo magnífica por el esquema narrativo ya mencionado, su amena prosa llena de ternura y poesía, adornada con sabios pasajes filosóficos, la manera de crear tensión o su perfecta creación de los retratos de unos personajes que un día fueron de carne y hueso; sino también por su forma de explicar al mundo un episodio de postguerra tras el telón de acero que a muchos puede resultar nuevo; pues si bien es habitual oír hablar del comunismo en la Unión Soviética, no tantas obras nos narran cómo se instauró tal régimen político en una zona tan inestable, por su historia de conquistas y su heterogeneidad cultural, como los Balcanes, ni de las consecuencias tan nefastas que sobre la población tuvo la actuación del aparato ideológico del sistema comunista.
Se disparan los recuerdos tras leer “El Tiempo de las Cabras”. Apenas quedan ya cabras en los pueblos de España. Ya no pasan los pastores con su rebaño por las calles, camino del monte. Quedan por siempre en los recuerdos de la niñez, al menos de la mía. Que cada uno rememore la suya a su manera tras leer esta gran obra.
Cristina Monteoliva

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Con el fin de dar difusión a las obras de los autores que así nos lo solicitan, LA BIBLIOTECA IMAGINARIA pone a disposición de todos los escritores que así lo deseen esta sección de promoción literaria. Si tú que nos lees también tienes una obra en el mercado y quieres darla a conocer, escribe a crismonteoliva@hotmail.com o labibliotecaimaginaria@gmail.com.
La Comisaría del Norte.
Soy Sebastián Orozco, subcomisario de la Policia Metropolitana de Barcelona y me acaban de destinar a la comisaría del norte, la comisaría más cutre y más al norte de la ciudad. Además de curiosos fenómenos extraños, por allí pululan otros fenómenos: los policias de reacciones más disparatadas e inoportunas de todo el norte. No sabeis la que me espera... Y a vosotros también, queridos lectores, si habéis decido acompañarme. De todas formas os aviso: deberemos tener paciencia, ir poco a poco y resolver los problemas con inteligencia e imaginación, pues los cambios bruscos estresan y no quiero llenar la enfermería y quedarme sin agentes. LA COMISARIA DEL NORTE es una novela policíaca en el que un jefe de policía extremadamente humano, es destinado a una comisaría donde le aguarda un variopinto ejército de inadaptados y donde ha sucedido un fenómeno extrañísimo rayano en lo sobrenatural. La resolución de este misterio le conducirá a averiguar los detalles de un hecho histórico que creó un conflicto con la potencia más grande del mundo. Pero LA COMISARÍA DEL NORTE no es solamente otra novela policíaca más donde hay que resolver un misterio, sino que a través de la mano del protagonista indagaremos en la naturaleza de los policías como personas y como profesionales; hombres y mujeres normales y corrientes, con sus preocupaciones, sus vicios y sus virtudes. Y asistiremos atónitos a los métodos que emplea Sebastián Orozco para resolver los entresijos que mueven los motores en una comisaría. Si quieres saber más, no dejes de visitar: http://www.lacomisariadelnorte.blogspot.com/
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Título: El novelista perplejo
Autor: Rafael Chirbes
Editorial: Anagrama
Págs: 200
Precio: 13€
Hace relativamente poco tiempo que supe de este autor. Fue a través de un programa de televisión donde habló con los lectores sobre su última novela, Crematorio. Me cautivó la forma tan poco políticamente correcta (que no incorrecta) que tuvo de expresarse, esa honestidad y contundencia cruda con que decía lo que pensaba, algo tan poco habitual en estos tiempos y estas tiempas.
Esa intervención hizo que lo buscara en sus libros, y encontré La buena letra. Leí la novela en una tarde y quedé para siempre atrapado. En ese juego de búsquedas topé con otra novela excepcional, Los buenos amigos, y con este magnífico libro, El novelista perplejo, definido por el propio autor como “media docena de charlas pronunciadas a lo largo de los últimos años y unos cuantos escritos sobre autores y libros” (p. 7). ¿Qué autores y qué libros? Responde Chirbes:
“En todos los casos, se trata de colaboraciones que he aceptado en la medida en que me permitían poner por escrito preocupaciones sobre mi propia relación con la literatura y el arte […] Creo que puedo decir sin equivocarme demasiado que todos los textos de este libro están marcados por la voluntad de encontrar cuál pueda ser el sentido de la escritura y que podrían resumirse en dos preguntas fundamentales: por qué se escribe y para qué se escribe” (página 8).
Me enfrento ahora con un problema: ¿cómo sintetizar en este breve espacio aquello que ofrece Chirbes en sus páginas? Es para mí un problema porque cada frase, cada párrafo de El novelista perplejo, no sólo debe ser leído con extrema atención, sino que exige ser releído, pues entre sus signos se encierra una reflexión poderosa que se clava como un cuchillo en el espacio que media entre el intelecto y las entrañas, una herida lúcida para aquellos que disfrutamos de la literatura desde la posición de lector, de autor, o de ambas.
Ante esta situación, me limitaré a centrarme en el que considero el tema principal que refleja y a citar textualmente las contundentes palabras de Chirbes, simples esbozos que tendrán como propósito explícito incitar a la lectura de este espléndido libro.
Este tema, este núcleo central de los textos, es la literatura. Chirbes reconoce que “el peso de la literatura en la formación de la sensibilidad colectiva haya decrecido actualmente”, pero también destaca cómo en los libros de historia se nos ha hecho ver de forma desproporcionada el papel del arte en la sociedad:
“Se limitara al escaso grupo de consumidores de las distintas artes, que apenas rebasaba el ámbito de la élite encargada de mantener los códigos del gusto” (página 14).
¿Y hoy? ¿Qué papel desempeña en nuestra sociedad? De forma valiente señala:
“Se diría que la sociedad contemporánea carece de fisuras, o que se ha vacunado contra el virus del arte, devorando inmune incluso aquello que, en apariencia, podría minar sus cimientos” (página 15).
“Hoy , la literatura, y en concreto la novela, se ha convertido en una esclava del promiscuo harén de los que se conocen como grandes grupos mediáticos […] los propios novelistas acaban convirtiéndose en trabajadores, en felices obreros asalariados de esos grupos, escribiendo como columnistas en sus periódicos, asesorando sus editoriales, animando sus programas de radio y televisión” (páginas 18-19).
“De ese modo, resulta que un libro y un autor son, en el nuevo escenario, lo que se dice del uno y del otro en sociedad, y ese decir se lleva a cabo a través de la multiplicadora red de los grupos editoriales” (página 24).
Chirbes, que se sabe no mediático, incómodo para esos grandes grupos mediáticos, desde la reflexión realiza su crítica, alzando la voz pero sin llegar al grito, penetrando en los rincones de la mente, no apela a la sangre y al insulto fácil. Una nueva lección.
A pesar de este panorama, señala las razones (o la razón) para escribir en esta sociedad, volviendo la mirada al pasado:
“Cada época produce su propia injusticia y necesita su propia investigación, su propia acta” (página 35).
“La urgencia por contar algo, que casi nunca es más que un malestar conmigo mismo, un desorden interno – que tiene que ver con el desorden que me rodea, y del que siento que formo, de algún modo, parte -, se impone” (página 69).
Además, Chirbes defiende su visión del arte en general y de la literatura en particular a través de la obra de otros: como Borges, se enorgullece de sus lecturas (Pilniak, Ford Madox Ford, Marsé, Juan Eduardo Zúñiga, Aub, sobre todo Aub), pero tiende lazos con otras artes, como refleja el ensayo “La resurrección de la carne”, donde a través de sus impresiones sobre la obra del pintor Francis Bacon refleja su opinión sobre el realismo y contra aquellos que lo critican.
Y dentro de la literatura, centra el foco de su atención en la novela; por ejemplo, en “El punto de vista”, donde de forma sincera y clara medita, y nos hace meditar, sobre qué es la novela, partiendo de la definición del DRAE y de los “árbitros de la convención”:
“Yo leo novelas a las que me cuesta darles ese nombre […] o que me parecen tan malas que no merece la pena discutir […] y, en cambio, otros dicen lo propio de las mías a las que consideran pastiches pasados de moda” (página 75).
“Toda novela tiene la obligación de ser una obra maestra, no en el sentido metafísico y trascendente […] sino en el sentido más puramente artesanal […] cualquier novela contemporánea tiene la obligación de llevar incorporado el saber novelesco y la reflexión en torno a ese saber de cuantas la han precedido” (página 78).
“La originalidad en la escritura sólo puede surgir de la reflexión acerca de cuantos escribieron antes que nosotros. Se escribe desde lo que se ha escrito” (página 80).
“Mal soporte para la tesis de la revolución literaria en el ámbito del lenguaje si, a la hora de la verdad, la calidad de los textos podía depender de la posición de sus autores con respecto a una revolución política” (página 153).
En definitiva, siento El novelista perplejo como un ejercicio recomendable de reflexión, una puesta en común con una persona que no se corta, que habla claro, que no se derrite bajo el calor de los focos mediáticos, una charla lúcida con una persona del que podemos aprender no sólo por lo que dice sino por cómo lo dice, un hombre con una actitud que cuesta encontrar en estos días:
“En la literatura, me comporto como en la vida: tampoco en la vida he buscado hacerme amigo de los individuos que me han parecido más brillantes o más capacitados para el éxito, sino de quines me ha parecido que cumplían ciertos rasgos de afinidad; que encarnaban determinadas virtudes que yo necesitaba más que ese brillo seductor que puede cautivar a mucha gente” (página 11).
Raúl Rubio Millares
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Título: Un tipo encantador
Autora: Marian Keyes
Editorial: Plaza & Janés
Págs: 768
Precio: 19,90 €
Existen a lo largo y ancho del mundo, más allá de límites culturales y/o religiosos. Son hombres de carisma innegable, capaces de conseguir todo lo que quieren con tan sólo una de sus cálidas miradas. El éxito entre las mujeres es arrollador, son prácticamente imparables. Pero, ¿sabemos lo que se esconde tras esos bellos rostros masculinos, tras esas adorables sonrisas? La escritora Marian Keyes está dispuesta a contárnoslo todo de uno de ellos en su último libro, “Un tipo encantador”.
Paddy de Courcy es un joven con suerte: es apuesto, tiene gancho con las mujeres, ha logrado un cargo político importante para su edad y está a punto de casarse con su prometida. La noticia ha causado gran expectación en toda Irlanda, aunque no todo el mundo puede alegrarse. Paddy es un hombre de los que dejan huella a su paso, y las cuatro mujeres que giran a su alrededor en esta historia conocen todos sus secretos.
Muchos se preguntarán, sobretodo los que todavía no han leído nada de esta autora irlandesa, donde reside el éxito de su literatura. En primer lugar, señalaremos que a Keyes le gusta mostrar sus historias desde todos los puntos de vista posibles, mucho más cuando no existe un solo protagonista, sino que, como en este caso, son tres. De este modo, en “Un tipo Encantador” existen cuatro narradores distintos y bien diferenciados: dos en primera persona y dos externos. La primera narradora es Lola, la joven estilista a la que de Courcy abandona para casarse con alguien más apropiado para su campaña electoral. Lola vive en un mundo frenético, de ahí que su forma de narrar se convierta en casi telegráfica por la ausencia de artículos precediendo a los sustantivos. No se puede decir, sin embargo, que no tenga interés por contar lo que le sucede, pues los capítulos que Lola protagoniza están en forma de diario, con fechas y horarios muy exactos, así como una lista bien detallada de todas sus aventuras y desventuras.
Grace, nuestra segunda narradora protagonista, es una periodista dura con un alto sentido de la responsabilidad social. Conoce a Paddy desde la adolescencia y no puede consentir que se salga con la suya, aunque por el camino pierda lo que más quiere. Su forma de contar lo que ocurre en su mundo sigue un esquema mucho más tradicional, lo que no implica que, por ello, deje de ser interesante.
Marnie es la hermana gemela de Grace. Está casada, vive en Londres con su guapo marido y tiene dos hijas. Prácticamente tiene todo lo necesario para ser feliz, pero no lo es en absoluto. Demasiado débil como para contar su historia por sí misma, tendrá que ser una voz externa la que nos narre la angustia que esta mujer sufre, sus inseguridades, su incapacidad para reaccionar y levantar cabeza.
Alicia es, sin lugar a dudas, la menos importante de las cuatro, de ahí que tenga un espacio tan pequeño en la narración. Vengativa y ambiciosa, no sabe lo que se le viene encima cuando decide aceptar la propuesta de matrimonio del encantador de Courcy.
Como segundo argumento, diremos que Keyes no sólo perfila con claridad a sus protagonistas, sino también a los personajes secundarios. En sus obras, y en ésta en especial, encontramos amigos de todo tipo, padres pintorescos, personas realmente admirables…; una galería de lo más variopinta que no hace más que enriquecer la trama con su sola presencia.
Los que conocemos la forma de escribir de Marian Keyes desde hace años sabemos bien que ésta es una autora comprometida con su tiempo. Así, En “Un tipo Encantador”, Keyes vuelve a tomar el problema de las adicciones, como también lo hiciera en “Rachel se va de viaje”; aunque si bien en aquella obra era el tema principal, aquí tendrá que compartir plano con el cáncer, la crítica al sistema político irlandés, los malos tratos y, por ende, la hipocresía de la sociedad en la que los actores se mueven.
No podemos concluir sin resaltar la magistralidad de Keyes a la hora de jugar al despiste, su buen hacer a la hora de combinar la comedia y el drama y, en definitiva, de mostrarnos un mundo que se nos hace muy real, un mundo que conecta perfectamente con sus lectores, y que, por tanto, nos hace reír, llorar, pensar y, en definitiva, disfrutar al máximo de la lectura.
Marian Keyes es irlandesa y no creo que haya muchos ingleses entre los lectores de éste mi discurso. Sin embargo, permítanme que lo diga: ¡Dios salve a la Reina! ¡Larga vida a su obra! Créanme: Marian Keyes y su obra, y en especial “Un tipo encantador” les sorprenderá muy gratamente.
Cristina Monteoliva

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Título: La Séptima Mujer
Autora: Frédérique Molay
Editorial: Maeva
Págs: 304
Precio: 19€
Todos hemos tenido esa pesadilla alguna vez, uno de esos sueños donde por más que lo intentas, no puedes alcanzar un objetivo marcado. El tiempo va en tu contra. Corres, pero tus pies no se mueven. Cuando parece que por fin lo vas a conseguir, aparece un nuevo obstáculo en tu camino. Sería horrible que ese mal sueño se hiciera realidad, peor aún si nos pasara lo mismo que a Nico Sirsky, el protagonista de la novela La Séptima Mujer, obra ganadora del Premio des Orfèvres 2007.
A pesar de no haber llegado a cumplir los cuarenta, Nico Sirsky es el Jefe de la Brigada Criminal de Quai de Orfèvres (la Policía Judicial de París). Divorciado y con un hijo que le adora, Sirsky piensa que su vida sólo puede ir a mejor cuando conoce a la guapa doctora Caroline Dalry, de la que enseguida se enamora. Sin embargo, el destino le depara una no muy grata sorpresa: un asesino en serie anda suelto. Habrá un cruel crimen al día durante una semana completa, y Nico Sirsky, por alguna extraña razón, también parece estar en el punto de mira.
Existe un solo narrador en esta historia, alguien ajeno a la trama que, como suele ocurrir, conoce hasta el más mínimo detalle de esta apasionante historia policíaca de ritmo in crescendo. Esta voz externa nos sitúa la acción en el París actual, bajo un cielo encapotado por nubes de tormenta, en unas calles históricas, más o menos céntricas, y unos edificios que admira y nos muestra con cariño. Sabe a ciencia cierta este ser todo lo referente al sistema policial francés, tanto en lo que respecta a su organigrama como a los métodos empleados, y no dudará en prestar su tiempo al lector para explicarlo con la minuciosidad necesaria. Tampoco es ajeno a las prácticas forenses, ésas que tan reveladoras son en caso de asesinato, y de las que ya nos estamos todos acostumbrando gracias a las series policíacas que emiten por televisión. Sin embargo, a pesar de los datos que nos da con esmero, y aunque se acerca a los personajes para dárnoslos a conocer en profundidad siempre que la situación lo requiere, a veces este ente puede resultar un poco lejano, como si no quisiera implicarse demasiado. Es ciertamente comprensible, pues, ¿no sería demasiado arriesgado comprometerse emocionalmente en un caso tan complicado como lo es éste? ¿No es mejor intentar alejarse un poco para tratar con cierta objetividad los puntos más relevantes de la historia, sin alejarse demasiado de la trama principal?
El protagonista de esta novela, Nico Sirsky, es un hombre joven con un trabajo sumamente estresante. Su gran atractivo físico se ve complementado por un sexto sentido para empatizar con el sexo femenino, una cualidad que puede que no sea muy común en personajes de empleos como el suyo, y que lo hacen más extraordinario aún.
La chica del héroe se parece a éste en cuanto a los logros alcanzados a pesar de su edad. Se trata de una doctora severa, dedicada en cuerpo y alma a su trabajo, pero que no duda en sucumbir al amor cuando éste tiene la forma de Nico Sirsky.
Completan la galería de personajes los familiares de Sirsky (madre, hermana, cuñado, hijo, mujer), los compañeros de la comisaría (personas muy capaces y que demuestran todos ser fieles a Sirsky), jueces, forenses, etc. Podemos decir que llama la atención la naturaleza de los personajes femeninos cercanos al jefe de brigada. Se trata siempre de mujeres de gran profesionalidad y fortaleza, tanto física como mental, que dejan bastante claro que en este mundo no hay labor que una fémina no pueda realizar tan bien como un hombre, por muy dura que ésta sea.
En definitiva, la novela de Frèdèrique Molay es un thriller trepidante lleno de matices, con pistas falsas, horribles crímenes, pero también ternura, y un final que no dejará indiferente a ninguno de los lectores.
Si lo pensamos, al final nos daremos cuenta de una cosa bien cierta: la vida es una carrera a contrarreloj; sólo que por suerte no sabemos (la mayoría de nosotros) cuando acaba nuestro tiempo. Mucho mejor así, que la angustia la vivan los personajes de ficción, en obras tan interesantes como La Séptima Mujer.
Cristina Monteoliva

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NI UNA LENTEJA MÁS
Como ya anunciábamos anteriormente, El Colegio Patafísico de Granada, portavoz oficial desautorizado del Insitutum Patafhysicum Granatensis, ha estado publicando hasta la semana pasada, y por capítulos, la interesante novela El coleccionista de Lentejas, del escritor Celaberto Horrio de las Heras. Ya podéis verla completa en www.colegiopatafisico.es/blog
SELECCIÓN DE CONCURSOS y/o CERTÁMENES
De entre todos los concursos literarios de los que hemos tenido conocimiento en estos días, destacamos los siguientes:
· I Premio Internacional de Narrativa Breve Ribera del Duero nace con el objetivo de convertirse en un referente para el género por su vocación literaria, cultural e internacional. Es una iniciativa que responde a la labor cultural que viene realizando el Consejo Regulador Ribera del Duero y a la promoción literaria y comercial que ha mantenido en los últimos diez años la Editorial Páginas de Espuma. Podéis leer las bases completas en http://www.riberadelduero.es/web/pdfs/I_PREMIO_INTNAL_NARRATIVA_BREVE_RD.pdf
· III Premio Ateneo de Sevilla de Novela Histórica, convocado por el Ateneo de Sevilla y Algaida Editores (grupo Anaya). Este premio, especialmente dirigido a los amantes de un género que tan popular se ha hecho en los últimos años, está dotado con un premio de 12mil euros que se entregarán en concepto de anticipo de derechos. Bases completas en http://www.ateneosevilla.org/premios/basesIIInovelahistorica.shtml. Más premios Algaida en http://literaria.algaida.es/cgi-bin/index.pl?opcion=premios_algaida
· Antología bilingüe (italiano/español) conmemorativa de los 40 años del Premio Literario “Julia de Gonzaga”. El escritor y artista plástico Luigi Muccitelli, del prestigioso sello italiano Edizioni Lo Spazio, está organizando una antología de poesía contemporánea que se publicará el año próximo para celebrar los cuarenta años de creación de su Premio Literario “Julia de Gonzaga”. Más información en http://www.letralia.com/concursos/c090315.htm
NACE GETAFE NEGRO
Del 22 al 26 de octubre los amantes del género policíaco tienen una cita en Getafe negro, festival de novela policíaca de Madrid. Esta iniciativa, que nace con carácter anual, está dirigida y promovida por el Ayuntamiento de Getafe, y comisariada por el escritor getafeño Lorenzo Silva. Su realización corre a cargo de La Fábrica y tiene al periodista David Barba es el director de programación. Todos los datos los puedes ver en www.getafenegro.com
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