UNA HERMOSA DONCELLA

2ef36727459657640ecc9655b1737103Título: Una hermosa doncella
Autor: Joyce Carol Oates
Traducción: María Luisa Rodríguez Tapia
Editorial: Alfaguara
Págs: 213
Precio: 19,50 €

 
“Inocentemente. Así comenzó.” Con estas palabras se inicia la historia que protagonizan Katya Spyvak y el señor Kidder, la que nos cuenta Una hermosa doncella. De manera inocente, es cierto, durante un paseo en el que la joven va acompañada de los dos niños de la familia para la que trabaja en la sofisticada población de Bayhead Harbor. Ella tiene diecisés años y es canguro, una chica de provincias procedente de una familia proletaria y sin apenas formación ni cultura. Él un anciano de sesenta y ocho años, millonario, cultivado y con gran prestigio social. Inocentemente, aunque la verdad es que, desde el principio, abundan los detalles que nos hacen comenzar a sospechar que la cosa no es tan ingenua como parece.
Entre los dos personajes se establece una relación ambigua, que bascula entre algunos indicios que nos hacen pensar en lo más sórdido y otros que podrían formar parte de algún cuento de hadas. El vínculo que se crea entre los dos protagonistas va más allá de la edad o de las diferencias sociales y culturales. El señor Kidder quiere algo de Katya, ¿pero qué es realmente lo que quiere? Y así, con su prosa de aparente sencillez, impecable, sin sentalismos pero con una gran profundidad, Oates nos convierte en observadores, espectadores de lo que está pasando.
Una vez más la autora hace gala de su aguda observación social y nos recuerda por qué es una de las grandes representantes del llamado gótico sureño. Oates es capaz de tratar con elegancia temas como la seducción y la violencia llevadas al extremo. Y a lo largo de su obra nos hace asomarnos a un precipicio desde el que observamos comportamientos como el incesto, la violación o la pederastia, castigados como delitos en nuestra sociedad, sin entrar a juzgarlos ella misma y haciendo que sea el lector el que se enfrente en solitario, y a través de la lectura, a sus propios prejuicios.
Oates nos empuja a la consecución del final, creando una inquietud por saber qué ocurrirá a través de las diferentes señales que nos va proporcionando magistralmente. Crea morbo ante una situación que no acaba de definirse. Hay que señalar que el final no deja de ser sorprendente y un poco alejado de lo que se podría esperar por el planteamiento de la trama. Y es que, por los rumbos que va tomando la historia conforme avanza, lo más lógico sería que concluyera en un desenlace sórdido y truculento. Sin embargo, se produce un giro inesperado que desemboca en una parabola sobre el amor y la muerte, una especie de canto de cisne que entronca con los cuentos de hadas o las leyendas.
La crítica ha hablado de ecos de la Lolita de Navokov o de la mismísima Caperucita Roja presentes en la génesis de esta obra. En cualquier caso, el lector tendrá la última palabra y habrá tantas como lecturas se hagan. De ahí la magia de la literatura.